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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Catatonia is not Spain

13 de diciembre de 2023

La generación de políticos de la Transición es un caso único. Se encontraron un Estado y una potencia industrial sin dar un tiro, sin protestar, sin riesgos, sin ganar una guerra, sin más… Heredaron traicionando y el precio que pagaron, pues alguno había que pagar, fue construirse ellos una reputación de antifranquistas pasándole a los españoles la factura.

Esa generación vendió el país con la cantinela del «homologar», y para ello se apoyó en la prensa, que aprovechó también la performance del 23F para darse pisto y leyenda. De ahí, vienen los prestigios desproporcionados y mareantes de una casta atroz que los jóvenes rechazan felizmente como parte del azote boomer. No han enseñado nada a los españoles, nos han idiotizado y para colmo han destrozado el idioma. Como dijo Churchill de un oponente, tienen el talento de comprimir el mayor número de palabras en la menor cantidad de pensamiento.

Entre esos prohombres charlatanescos que se han hecho ricos arruinando periódicos está Pedro Jota, el de los tirantes —cojonudismo cursi, Lord Mis Bemoles—, que ayer pedía excluir a Vox de la «comunidad democrática», nada menos. Hay que ser animal. Comunidad democrática es nación, por eso algunos somos nacionalistas a fuer de demócratas, así que se referiría, imagino, a retirarles a ellos y a sus tres o cuatro millones de votantes los derechos políticos.

Esta salida de Pedro Jota, que retrata la vileza del peripeperismo y el papelón de la prensa madrileña que no es madrileña ni casi española, coincidió ayer con el anuncio por parte de Pachi López de la denuncia a Abascal ante la Fiscalía. Ojo cuidao. Pero estas dos cosas juntas hacían, sin embargo, mirar al PP. Sabemos que no harán nada serio contra el golpe, ¿lo harán si hay intentos de acabar con Vox? El PP es el asunto candente pues mantiene en Catatonia a 8 millones de españoles de la derecha sociológica (en términos de población e irrealidad, Catatonia pepera es otra Catalonia).

Esta ha sido, bien mirado, la lucrativa misión histórica de esta castuza de politicuchos y periodistillas engolados: diluir la derecha sociológica hasta convertirla en una comparsa cipaya, hortera y abortera.

Por eso en la toma de consideración de la Ley de Amnistía en el Congreso había que fijarse un poco más en Feijoo. Y lo que se pudo sacar en claro es que amenaza con una comisión de investigación para enterarse de las negociaciones suizas. Abascal al menos prometió un juicio justo a Sánchez, Feijoo una comisión: un grupo de hombres que individualmente no pueden hacer nada que se reúnen para decidir como grupo que nada puede hacerse.  

Frente al PSOE, que pasa ya de todo —el discurso de Pachi López fue violencia política—, en el PP usan la mitología del parlamentarismo liberal para hacerse mejor los tontos. Así se delata Feijoo, con buenos discursos. Tiene que sonar serio, duro, moderado aunque riguroso. Y lo consigue. Pero nunca va más allá; no es profundo, ni sintetiza. No saca a la gente del engaño, de la modorra, no es audaz. Cubre sus largos minutos con ristras de adjetivos y vueltas alrededor de lo mismo, como un paseo en bus turístico. Exhaustivo solo superficialmente. Eso es el PP. No rasgar nunca el velo del teatro, del mito, de las palabras huecas.

Acabó Feijoo con un ¡Viva la democracia! y un ¡Viva la Constitución!. Y luego lo repitió. Los vivas a la constitución recuerdan a Psicosis. Norman Bates (Anthony Perkins) vive en el caserón con su madre muerta. La tiene allí como si tal cosa y cree que le habla. Incluso sigue sus órdenes… ñiii, ñiiii, ñíiiii, ñiiiiii, ñiiiiiii… ¿hará Feijoo la escena de la ducha a Abascal/Janet Leigh?

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