'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Co-Editor en Jefe del medio estadounidense El American. Periodista y columnista venezolano, con estudios de Historia de Venezuela. Es autor del libro 'Días de sumisión'.

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Co-Editor en Jefe del medio estadounidense El American. Periodista y columnista venezolano, con estudios de Historia de Venezuela. Es autor del libro 'Días de sumisión'.

Colombia está al borde del abismo

22 de enero de 2022

Faltan pocos meses para la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia. Sé que es un lugar común, pero aquí va: estas elecciones son las más importantes de la historia reciente del país. No estoy exagerando. ¿Por qué tan importantes? Porque nunca había estado tan cerca la posibilidad de que Colombia caiga en las manos del comunismo.

Mientras Latinoamérica estaba sumida en el socialismo bolivariano, liderado por Hugo Chávez, Colombia se mantuvo casi a salvo —digo casi, porque la presidencia de Juan Manuel Santos sirvió como preludio-, el resto de la región era gobernada por socialistas fanáticos de Fidel Castro, que dispusieron sus países para las estructuras de agitación y narcotráfico del Foro de Sao Paulo.

Digamos que fueron las élites, mucho mejor portadas que las venezolanas, las que impidieron que a Colombia se la tomara la extrema izquierda. Tradicionalmente la clase empresarial colombiana ha estado más a la altura. Menos parásita que la venezolana. Pero los intereses cambian, la política se desgasta y surge la tormenta perfecta.

A poco tiempo de las elecciones más importantes de la historia moderna de Colombia, parece que nadie se las está tomando en serio. El candidato predilecto de la extrema izquierda es Gustavo Petro, un comunista, antiguo guerrillero, que amenaza con ajustar el país a una agenda de expropiaciones, subidas de impuestos y sanciones a los sectores industriales. Petro anda, campante, engreído, haciendo campaña. Mítines multitudinarios sobre los que sus contrincantes se engañan y dicen que todos lo apoyan por billete. En paralelo, una horda de candidatos se disputa la tarima. A codazos, para ver quién será el que enfrentará a Petro. Se desgastan, limitados a pequeñísimos altercados, irrelevantes, mientras que su competidor marca la agenda y define la campaña.

En total, dos coaliciones y un partido se debaten la candidatura para enfrentar a Gustavo Petro. Está la Coalición Centro Esperanza. Centristas (es decir, izquierdistas acomplejados) e izquierdistas (es decir, izquierdistas sin pudor). Luego, el denominado Equipo por Colombia, conformado por precandidatos conservadores o un poco más liberales que los de la izquierda. Aquí hay buenas opciones. Y, finalmente, Óscar Iván Zuluaga, del partido oficialista Centro Democrático. Zuluaga, un exministro y excandidato presidencial, desgastado e insípido, ganó la candidatura luego de un proceso interno de encuestas del partido en el que la senadora María Fernanda Cabal, quien lucía de anteojitos como la mejor opción, quedó rezagada.

El problema es que a solo cinco meses de las elecciones presidenciales, los miembros de las coaliciones, ensimismados y sofocados por el ego, se niegan a juntar esfuerzos para definir a un único candidato presidencial en cuanto antes y, de esa manera, enfrentar al verdadero enemigo. En cambio, se deterioran en misivas inertes o declaraciones en medios de comunicación sobre quién debería de ceder, qué coalición debería integrar a quién y con quién jamás pactarían.

Un triunfo de Petro llevaría al peor escenario posible. Uno de amena relación con la tiranía chavista, las FARC y el ELN

Hoy no hay un candidato con una propuesta sólida que contraste con la de Gustavo Petro. Probablemente si le preguntas a cualquier colombiano que cuáles son las propuestas de algunos de los precandidatos no sabrá responderte. En síntesis, no hay propuestas. Todos son el antipetrismo y a eso se reducen. Limitados, por ahora marchan al paso de Gustavo Petro. Ninguno parece reconocer la urgencia. Ninguno atiende la gravedad.

El triunfo de Gustavo Petro sería, sin duda alguna, el peor escenario posible, sobre todo por sus vínculos con las organizaciones terroristas FARC, ELN y su amena relación con la tiranía chavista de Nicolás Maduro. Su presidencia ampliaría automáticamente el margen de maniobra de los grupos criminales que operan desde Venezuela. El santuario terrorista que hoy se encuadra en 915 mil kilómetros cuadrados pasaría a tener, con el triunfo de Petro, 2 millones 900 mil kilómetros cuadrados.

Probablemente se desdibujaría la frontera entre Colombia y Venezuela, en un peligroso ejercicio de simbiosis delincuencial. Y eso, por supuesto, en el sentido geopolítico. En cuanto a lo doméstico, estamos hablando de pobreza, aumento de la delincuencia y muchísima corrupción.

Los precandidatos de las diferentes coaliciones merecen un urgente llamado de atención. Colombia está al borde del abismo y nadie está haciendo nada. Pero no solo los precandidatos están defraudando a los colombianos, también los empresarios y la élite que por tantos años sirvió de muro de contención. Si toda la sociedad colombiana, plena, unida, no conspira contra Gustavo Petro, perdemos a Colombia.

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