«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Periodista y guionista. Fue presidente del Club de los Viernes, es colaborador en distintos medios de TV y radio y ha publicado artículos en Vozpópuli, La Nueva España y El Semanal Digital, entre otros.

Cómicos de cámara

26 de abril de 2026

Hizo su aparición El Gran Wyoming disfrazado de obispo en el vigésimo aniversario de El Intermedio. Estilo rompedor, humor desbordante y bromas frescas de alta complejidad, ya saben: curia vaticana, lesbianas, pederastia… Valiente iconoclasta que entiende que hay religiones con las que se puede uno cachondear a gusto, sin que nadie levante la pluma para clamar al cielo, nunca mejor dicho, como en los cánticos de fondo futbolero, que esa sí que es una línea roja. Él es la vanguardia del humor políticamente correcto.

Y, además, para asistir a este ejercicio de novedosa irreverencia, estaba entre el público la flor y nata del progresismo dominante. Lo más moderno del muro de contención contra el fascismo. Ada Colau, Gabriel Rufián, el exjuez Garzón, Dolores Delgado, Óscar Puente, Elma Saiz. Como colofón, el jefe de todos (de Wyoming también), Pedro Sánchez, entró con un vídeo grabado, unos tirantes icónicos del presentador y unas bromas de humor cuestionable, para felicitar al programa, que tan buena labor hace ahora como mascarón de proa en el buque insignia de la propaganda socialista. 20 años en el lado correcto del humor.

Wyoming puede que sea el más veterano (y el más rico), pero desde luego no está solo en la milicia de la payasada conveniente. Hay una porrada de cómicos abriéndose paso en todos los programas bajo control del humor oficial. Algunos más consolidados, otros tratando de buscar su lugar bajo el sol que más calienta. Son los cómicos de cámara, los bromistas en nómina, los bufones de la corte del puto amo.

Son tan valientes, tan folloneros, que jamás utilizan su supuesto afilado ingenio para crear nada que pueda molestar mínimamente al poder establecido, el que les permite estar y medrar. Nada en sus monólogos descacharrantes incluye crítica alguna a la banda que dirige los designios de su España plurinacional desde hace ocho años.

El humor, concebido a la manera del periodismo (el oficio para fiscalizar al poder, los otros para ridiculizarlo) ya no se hace «de abajo arriba» sino que es humor contra la oposición, algo bastante insólito. ¡No se metan con mi PSOE!

La mayoría de los graciosos oficiales del oficialismo son bendecidos por un puesto en la Televisión Española que como tal sólo conserva el nombre. Es la televisión del régimen, de un sectarismo tan contundente y grosero que sonrojaría a los responsables de Cubavisión.

Uno observa divertido el falso desacato al sistema del que son parte indisoluble, y su rebeldía de postín, pues viven atados a una corriente dominante que les obliga a permanecer resignados, o complacientes, en la sumisión servil a las consignas ideológicas del Gobierno que les proporciona el sustento.

Un gregarismo desinhibido, que conviene para mantener una fachada de buena reputación en el sector, mientras sean capaces de seguir las directrices marcadas, o las que su olfato les hace intuir, siempre persiguiendo el aroma de la rosa y la caricia del puño. Humor de agrado ministerial.

Perpetúan un discurso único, falsamente transgresor. Aspirando a llegar a lo que se conoce como gran público o mayoría progresista, evitan enemistarse con quienes manejan el tinglado, y para eso saben rendir las pleitesías adecuadas y comer de la mano que mece el pesebre.

No hay en España una publicación como Charlie Hebdo ni un cómico salvaje e inteligente como Ricky Gervais. No hay tampoco una pizca de honorabilidad en lo que hacen, ni en lo que promueven, porque no existe resistencia verdadera, ¿resistencia a qué? Juegan sobre seguro, abrillantando las botas gubernamentales, obediencia ciega a las siglas del mando político. Es el humor de partido, organizado, chascarrillo controlado. Es la adulación perpetua al jefe, esperando como perrillos obedientes su aprobación, una caricia, una dedicatoria, un saludo, una sonrisa en su cara de cemento armado.

Los histriones de corte nunca se mojan, nunca se arriesgan, siempre del lado de la palangana estatal, apuntalando los resortes de la estructura socialista. Ande yo caliente y ríase quien pueda.

El verdadero sistema los cuida y los protege, y así, representan el triunfo de la mediocridad y de la connivencia con los discursos hegemónicos, la rebeldía unidireccional, tediosa, tramposa; contestatarios de plató de La Sexta, dando una equívoca imagen de irreverentes mientras esperan la caricia en el lomo del de arriba. Falsos gurús juveniles, referentes de la nada con colores, ramplonería cultural y desolador vacío intelectual en un bonito envoltorio, veteado de chistes contra los malvados fachas.

Si el autócrata es desalojado de la Moncloa, los albardanes se tornarán en plañideras, y cuando en los nuevos formatos desinfectaos de sanchismo no tengan cabida sus sucias rodilleras, dirán que son víctimas de la ultraderecha. Pobrecitos.

Fondo newsletter