A finales del año 2025, un informe del Pew Research Center,think tank con sede en Washington advertía de que la población musulmana había crecido un 16% en sólo una década. LA GACETA descompuso las variaciones principales mostrando cifras verdaderamente alarmantes. Una de las noticias enlazadas informaba de que tres colegios de España tenían el 100% de alumnos musulmanes. Las calles con grupos de mujeres completamente cubiertas con distintos tipos de velos, que los españoles antes veíamos sólo por televisión, ahora los vemos en las nuestras. Nada de esto forma parte de nuestra identidad y por ello cada vez más voces, fuera y dentro del Parlamento, se alzan contra esas cárceles de tela en las que las mujeres son encerradas. Esta semana, VOX ha llevado al Congreso la prohibición del velo integral en el espacio público que ya es norma en ocho países de la Unión Europea. Sólo PP y UPN apoyaron la iniciativa de los de Abascal.En el caso del PP no hay muchos argumentos para creer que respaldaban la medida por convencimiento teniendo en cuenta que el PP de Ayuso rechazó la misma iniciativa en la Asamblea de Madrid en septiembre de 2025 por considerarla «inconstitucional«, y que sus gobiernos en Ceuta y Melilla se han opuesto también.
La izquierda y los separatistas privaron, cómo no, de sus respectivos respaldos a la propuesta de VOX. De dar credibilidad a Rufián, que anda de «bulos» por España presentando su «espacio» político, pensaríamos que es sincero cuando dice que lo del burka es una barbaridad. Pero si estuviera convencido de eso, hubiera sumado su voto a los convencidos de VOX y a los cambiantes del PP en la medida que prohibía esa «salvajada» en palabras del «espaciero» diputado de chándal caro. El apoyo a la iniciativa, al menos de Rufián, hubiera sido una demostración de sentido común y de una percepción nítida de la realidad. Pero no es así. La izquierda ve el mundo desde la rejilla de su burka ideológico. La española y la de fuera. Esta semana Mélenchon, líder de los «rufianes» franceses, replicaba al asesinato del estudiante católico Quentin, que los agredidos son ellos, la ultraizquierda. Quentin fue asesinado por un grupo Antifa cuando protegía a cinco mujeres que temían por su vida ante el acoso de los «antis». El velo ideológico de Mélenchon, y en general de la izquierda europea les encierra en su fanatismo contra la identidad francesa, europea, occidental, que representan tantos Quentines o Kirks. Y a partir de ese encierro fanático se entiende que la ultraizquierda francesa que representa el líder del partido paradójicamente llamado la Francia insumisa quisiera prohibir en 2015 el libro que destapaba sus relaciones con el islamismo . El libro llevaba por título Los cómplices del mal y lo había escrito Omar Youssef Souleimane.
El mal tiene ahora muchos cómplices y no vienen sólo de la izquierda. La confusión moral es también un mal. Que la Diócesis de Almería diga en un post de X que «Ramadán y Cuaresma arrancan al unísono: creyentes de ambas religiones se felicitan y animan al mismo tiempo es un mal mensaje». La Cuaresma es un tiempo de oración, mortificación y caridad que prepara para la Semana Santa. La felicidad se alcanza al final del camino con la Pascua de Resurrección. No antes. No es la Navidad o el año nuevo. Abusar de la felicitación acusa una óptica demasiado emotiva e infantil coherente con ese «corro de las patatas» que se pretende bailar al unísono en los salones parroquiales con la comunidad islámica. Pero no hay un mismo sonido. El nuestro es el de la campana en el campanario que llama a la Misa o al puesto en la colina.