El padre de la mujer malagueña a la que intentaron violar rompió a llorar en Cana Sur. Normal que llorara. No lo es tanto que la presentadora también lo hiciera y con gran aparato; que se sujetara el lagrimal, se quitara las gafas, cogiera unos clínex, se llevara las manos a la cara… aunque bueno, qué digo: era Toñi Moreno.
La Ana Rosa de la tele pública andaluza es la segunda parte del corazón asín de ancho de Moreno Bonilla. Toñi Moreno podría ser el intermedio emocional entre el PSOE y el PP, que ya será siempre el de Toñimoreno Bonilla: el régimen de la buena gente, del PSOE bueno y el PP mejor.
Después del ancho corazón, ahora toca empatizar, llorarle encima al padre, que demostró lo que nos han estado metiendo en la cabeza. Toda su preocupación era no parecer racista y sólo se atrevió a la frase «Algunos no vienen a trabajar «.
Daría para una viñeta de Mingote, si viviera: una mujer violada grupalmente y debajo: «no vinieron a trabajar», frase que lleva implícito que si vienen a hacerlo, no se rechista y a la vez un súper eufemismo: no vienen a trabajar engloba todo lo que pasa y no se puede decir.
El escritor Renaud Camus, creador del término Gran Reemplazo, creó otro que viene al caso en este momento de violaciones, locos con hachas, y acuchillamientos multiculturales. Habló de la inocencia, de la in-nocencia, la no nocencia, del latín nocere, dañar, daño (inocente es el que no daña). Esa nocencia, o nocividad, él lo consideraba algo fundamental. Los pactos míticos desde Rousseau a Hobbes estaban basados en la no agresión, y por eso llegó a crear en Francia el Partido de la Inocencia, para promover un nuevo contrato ciudadano cuya primer efecto sería reforzar la diferencia entre el ciudadano y el que no lo es.
Camus considera esa nocencia como el «brazo armado» del reemplacismo; habla del daño que se produce sobre la población autóctona en un sentido amplio: amedrentamiento, inseguridad, ruido, allanamientos, extorsión en escuelas, okupaciones, rupturas de la tranquilidad, robos, crímenes, incluso crimen organizado…
Podemos estar de acuerdo o no con la precisión del término (es un literato metido en lo político), pero es difícil negar la realidad de la que nace.
No es que «no vengan a trabajar» es que al venir, y al venir además ilegalmente, producen un daño, a veces brutal e irreparable, que sufren unos más que otros y que constituye en sí mismo algo, una realidad ¿política? ¿social?
El peligro para Camus es el eufemismo y la separación de los fenómenos. Aislarlos. «Separan cuidadosamente lo cotidiano, la escuela, las escaleras, los problemas del barrio, los vándalos, las ventanas rotas, los saqueos, las drogas, el narcotráfico, las molestias, en resumen, la enormidad de las molestias».
Camus habla de una «ola de daño», de una violencia constante, una insoportable inseguridad, un deterioro vertiginoso de las relacione sociales en zonas cada vez más extensas. Ese daño, que merece un nombre aparte (nocencia, nocividad), exigiría una respuesta acorde:
«Por supuesto, no estoy diciendo que todos los recién llegados se comporten de forma perjudicial. Ni mucho menos que solo ellos lo hagan. Lo que afirmo es que una proporción asombrosa, increíble e increíblemente desproporcionada de esta conducta perjudicial es responsabilidad suya, y que, en tales proporciones, no se trata de un fenómeno que pueda dejarse en manos de la policía o de los tribunales (…) Esto atañe al más alto grado de pensamiento y acción política, y a la acción política más apremiante, urgente y esencial para la supervivencia del Estado y del pueblo».