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La Gaceta de la Iberosfera
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Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semalmente una columna satírica en The American Spectator, The Western Journal y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como Yo maté a un gurú de Internet o Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, hasta antologías de columnas como El siglo no ha empezado aún, la crónica de almas Dios siempre llama mil veces, o la historia sentimental del pop español Nos vimos en los bares. Todo iba bien, un ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, es su nuevo libro.
Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semalmente una columna satírica en The American Spectator, The Western Journal y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como Yo maté a un gurú de Internet o Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, hasta antologías de columnas como El siglo no ha empezado aún, la crónica de almas Dios siempre llama mil veces, o la historia sentimental del pop español Nos vimos en los bares. Todo iba bien, un ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, es su nuevo libro.

El eslabón perdido catalán

24 de febrero de 2021

En cuevas catalanas, los arqueólogos han encontrado huesos de hombres que hace miles de años dibujaban en las paredes, fabricaban armas rudimentarias, y se golpeaban en la cabeza, propia o ajena, con increíble afición. Esto les hacía gozar. En la del Mollet se encontró el cráneo del homo sapiens más antiguo de Cataluña. Mientras que en otras excavaciones se han hallado vasijas rotas y numerosos objetos comúnmente empleados para destripar a otros seres, humanos o no. La mayor parte de estas especies prehistóricas evolucionó y se largó a ganarse la vida por el mundo adelante. Todos, excepto un pequeño grupo de homínidos, de la subespecie homo holgazanis, que aún hoy son visibles, en algunas zonas, cuando cae la noche.

En un espacio perdido entre el marsupial y el hombre, esta especie típicamente catalana porta con orgullo el mérito de haber conservado su sabiduría ancestral sin contaminación alguna de la civilización. Eso les permite concentrar todas sus capacidades intelectuales en caminar erguidos sin tropezarse, hito histórico de su propia evolución, muy aplaudido por la antropología moderna, mientras que el resto de sus actividades todavía responden a un atávico instinto de satisfacción de sus necesidades básicas, entre las que no se incluye el cultivo de la mente, la higiene diaria, ni la lectura de los clásicos. 

De encontrarse al otro lado de unos barrotes, tendría usted una ocasión de oro para arrojarles un puñado de cacahuetes y disfrutar del espectáculo de esta especie

En fechas recientes, en Gerona, un famoso científico realizó el experimento de arrojarles un libro, en un momento en que los homínidos estaban reunidos en un corro, y fue testigo de sus caras de pánico y la veloz estampida posterior, en la que todos se disgregaron por los callejones selváticos profiriendo gritos, tapándose los ojos, y tirándose fuertemente de sus propias orejas. 

Este eslabón perdido entre la bestia y el hombre desconoce el lenguaje humano, y solo a veces, por imitación, logra mugir algunas palabras en catalán. A decir verdad, aunque en los pisos nobles de Barcelona no lo saben, e insisten en sentarlos a la mesa e invitarlos a las televisiones, estos supervivientes del paleolítico solo son capaces de comunicarse con ayuda de algún objeto contundente. 

Es previsible que, siguiendo sus costumbres prehistóricas, al término de la cacería impune, unos y otros se repartan el botín, prendan una fogata, y gruñan cánticos

La civilización les fue, poco a poco, confiscando sus viejos puñales y cantos afilados, y eso les mantiene en un estado irritable. Desarmados, cuando se aburren y se han excedido con la inhalación de hierbas, regresan a su instinto originario, buscando con desesperación algo con lo que golpear a alguien. Así, en ausencia de los pedruscos con los que solían abatir mamuts para decorar sus cabelleras con sus dientes, arrancan cualquier cosa que tengan a mano, y la arrojan contra quienes son una amenaza para su modo de vida, consistente en mordisquear pequeñas raíces, mear en las calles, golpearse el pecho, y cobrar subvenciones. 

El roce con la evolución ajena, sin embargo, les ha creado necesidades que antes no tenían. Aunque hasta fechas recientes caminaron descalzos sin mayor preocupación, han descubierto las ventajas de llevar los pies protegidos por calzado deportivo. Esta es la razón por la que cada vez que tienen ocasión rompen las cristaleras de Decathlon entre extrañísimos rugidos de felicidad, y salen de allí como un Minotauro disfrazado de Leo Messi. Al grupo más avanzado de estos homínidos, idéntica lógica instintiva les hace sospechar que, si revientan también los cristales de un banco, podrán salir con el dinero puesto. Tras el fracaso de su torpe raciocinio, les invade la melancolía. 

Nadie consigue detener su turba violenta porque el grupo del eslabón perdido ha logrado infiltrar a varios de los suyos entre las autoridades

En los últimos días, estos hombres de las cavernas han vuelto a escaparse de sus madrigueras, sembrando el pánico. Se han unido a la manada otras especies que también fracasaron en el momento evolutivo del desarrollo cerebral. Algunos vienen de otras latitudes, mientras que otros acaban de arrojarse al suelo desde lo alto de su escaño, y haciendo uso de manos y pies para llegar más rápido, se han unido a la manada, descubriendo el fuego por las calles y asustando a viejecitas en el Paseo de Gracia

La única razón por la que nadie consigue detener su turba violenta, es porque, según aventajados antropólogos, el grupo del eslabón perdido ha logrado infiltrar a varios de los suyos entre las autoridades, haciéndose pasar por homo sapiens. Es previsible que, siguiendo sus costumbres prehistóricas, al término de la cacería impune, unos y otros se repartan el botín, prendan una fogata, y gruñan cánticos cuyo significado, de todos modos, desconocen. 

De encontrarse al otro lado de unos barrotes, tendría usted una ocasión de oro para arrojarles un puñado de cacahuetes y disfrutar del espectáculo de esta especie ancestral que todavía hoy desafía a la ciencia, a la inteligencia y a la moral.

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