'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Madrileña, licenciada en Derecho por la UCM. En la batalla cultural. Española por la gracia de Dios.

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Madrileña, licenciada en Derecho por la UCM. En la batalla cultural. Española por la gracia de Dios.

El feminismo soy yo

8 de marzo de 2022

La ministra de Igualdad, a falta de otras dotes que la naturaleza no ha tenido a bien otorgarle, ya no quiere ser la líder del feminismo, sino el propio feminismo. Igual que Luis XIV cuando dijo —si es que lo dijo— aquello de: “el Estado soy yo”, la Montero representa el feminismo absolutista. Fuera de su interpretación del movimiento, no hay salvación. Todo es machismo, heteropatriarcado y transfobia, escisiones feministas incluidas. Si para ello tiene que echar del rebaño por herejía a Lidia Falcón y a Lucía Etxebarría, pues lo hace. 

El movimiento feminista está roto. Este año, de nuevo, se convocan dos eventos por el 8 de marzo: la macromanifestación patrocinada por el Gobierno contra el hombre, el mundo en general y por el noalaguerra —un fondo de armario siempre socorrido cuando no sabe una qué ponerse—, que cuenta con una cantidad ingente de dinero para que sea un éxito, y otra micromanifestación, feminista también, convocada contra Irene Montero. 

La segunda representa el movimiento feminista, según ellas clásico, enfrentado al feminismo radical por la Ley Trans. Denuncian, entre otras cosas, la frivolidad e irresponsabilidad con que esta ley pretende tratar a los niños alejada de toda base científica —prescinde de informes psiquiátricos sobre disforia de género para proceder a administrar bloqueadores de la pubertad y prohíbe lo que llaman terapias de aversión, conversión o contracondicionamiento—, dotándolos de una autonomía casi total en lo que a sus hormonas, su corporalidad y su psique se refiere.

Se ha declarado una guerra abierta en la que el Ministerio de Igualdad, con todas sus ramificaciones LGTBI, emplea la política de acoso y derribo contra las disidentes

Además, su visión de la mujer es estrictamente biológico. No basta con sentirse o declararse mujer en el Registro Civil para serlo. Reconocen que la disforia de género es una realidad, no tan extendida como ahora se pretende, pero entienden que la autodeterminación de género borra a la mujer como tal. Este movimiento, junto a otros muchos no feministas, ha alertado también de los peligros que esta ideología supone para las propias mujeres: ya hay violadores que por haber declarado que se sienten féminas de la noche a la mañana, sin tratamiento hormonal ni cirugía, cumplen su pena en cárceles para mujeres. Por no hablar de la desvirtualización del deporte femenino o la defensa de los vientres de alquiler. 

Lo que se desconoce es que esta diferencia de opiniones entre ambos movimientos no queda ahí, sino que se ha declarado una guerra abierta en la que el Ministerio de Igualdad, con todas sus ramificaciones LGTBI, emplea la política de acoso y derribo contra las disidentes. El Partido Feminista de Lidia Falcón, legendaria defensora de los derechos de la mujer en tiempos muy difíciles, fue expulsado del grupo Izquierda Unida por su oposición a la ideología de género. A Lucía Etxebarría se le otorgó el premio Ladrillo 2020 por sus declaraciones contrarias al colectivo LGTBI con el aplauso de Irene Montero que se encontraba entre el público como titular del Ministerio de Igualdad. El acto se celebró en el Ministerio de Cultura. La ideología de género es la doctrina oficial y contra ella no cabe la discrepancia. El ojo de la aguja feminista cada vez es más estrecho y, sobre todo, está más desvirtuado. En palabras de Lucía Etxebarría: “el feminismo ha sido secuestrado”. Si todo es feminismo, nada es feminismo

Esta persecución no es un caso único en España. J. K. Rolling -autora de Harry Potter- fue acusada de transfobia -lo peor que le puede suceder a nadie ahora mismo- tras cuestionar la identidad de las mujeres trans. La escritora procedió, en su defensa, a delimitar la diferencia entre sexo y género: “Si el sexo no es real, no hay atracción hacia un mismo sexo. Si el sexo no es real, la realidad de las mujeres de forma global se elimina. Conozco y quiero a personas trans, pero borrar el concepto de sexo elimina la habilidad de muchas de discutir sus vidas de manera significativa. Decir la verdad no es odio”. 

Detrás de los actuales movimientos feministas hay un cómodo victimismo con miedo a la auténtica libertad

Llegados a este punto, cabe preguntarse si este movimiento más cercano al feminismo original, entendido como la lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, con el que conectamos en aspectos como los descritos muchas mujeres que no nos declaramos feministas, también secuestró en su día el feminismo. Mi opinión es que sí. 

Ambas corrientes, con todas sus diferencias, perpetúan la consideración de la mujer como eterna víctima, defienden la Ley Integral de Violencia de Género que despoja al hombre de presunción de inocencia y tienden a demonizarlo en todos los ámbitos. Por supuesto, entienden el aborto como un derecho fundamental de la mujer, otorgándole poder sobre otra vida y le dan al feminismo un sentido redentor. 

En España, la igualdad ante la ley entre hombres y mujeres se consiguió hace mucho tiempo. La mujer goza de todos los derechos para desarrollar su vida de forma libre y acudir a los tribunales cuando se conculca uno de ellos. Exactamente igual que los hombres, LIVG mediante. Tenemos lo que queríamos tener. ¿Existe machismo? Sí. De la misma manera que hay mil comportamientos de todo tipo que detestamos y que nos afectan a todos —hombres y mujeres—, pero eso no nos impide hacer valer nuestros derechos. Detrás de los actuales movimientos feministas hay un cómodo victimismo con miedo a la auténtica libertad que implica, por encima de todas las cosas, la responsabilidad de ser dueña de tus aciertos y tus errores.

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