Alfonso Ussía Muñoz-Seca. Madrid 1948 Escritor. Premios. Mariano de Cavia, González-Ruano, Jaime de Foxá y Baltasar Iban. Especial Ejército, Fundación Guardia Civil y FÍES de periodismo. 53 libros. Distinciones. Gran Cruz del Mérito Naval. Gran Cruz de la Orden del 2 de Mayo. Medalla de Oro de Madrid. Cruz de Plata de la Guardia Civil. Entre ABC, Tiempo, Época, y La Razón, más de 20.000 artículos. Pluma de Plata y Pluma de Oro.

El peso de la Historia

Se celebró en el Patio de la Reina del Hotel La Reconquista de Oviedo, pero tuvo la grandeza, o aún más, que de haberse desarrollado el acto en el Teatro Campoamor, como es tradición y costumbre. Separaciones y mascarillas. Algunos de los premiados, ausentes físicamente por culpa de la Pandemia. Morricone recientemente fallecido estuvo presente por medio de su hijo, también músico y director de orquesta. Y los héroes de la lucha contra el Covid, médicos, enfermeras, sanitarios, militares, limpiadores y familiares de los fallecidos. De pronto, la Historia se presenta y emociona. El bisabuelo del Rey, Don Alfonso XIII, que nació Rey, falleció con toda la Historia a sus espaldas en un hotel romano. Lo escribió Agustín de Foxá: “En el Cuarto de un Hotel/ está muerto el Rey de España”. Y en el Salón de la Reina de un Hotel, se estableció la diferencia que existe entre la grandeza, la armonía y la buena educación, y una primera fila de representantes del Gobierno y el Parlamento habitado por el complejo de inferioridad y la desfachatez. La Reina Doña Sofía, que jamás ha faltado a la ceremonia de entrega , en lo alto, junto a la baranda del corredor bajo que da al Salón de la Reina, que por algo se llama así.

Todos los premiados, los responsables de la Fundación, y poco más. Pero aquel lugar estaba lleno de Historia de España. Los Reyes con sus hijas, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía. La princesa habló con emoción y soltura, y posteriormente el Rey dio una lección de hondura, dicción y buena educación a unos pocos de los presentes. Aplaudió con entusiasmo la presidente del Congreso de los Diputados, que permite a los parlamentarios de Podemos, los partidos separatistas y los herederos de la ETA que insulten, humillen y vejen a la Corona. Por eso son tan diferentes los unos y los otros. Unos insultan y otros, desde la altura de su mandamiento histórico, hablan de acuerdo, de serenidad, de unidad frente a la Pandemia y la ruina económica. Sin un papel, el Rey dio en 25 minutos una lección magistral de oratoria y emoción.

«…no saben ustedes lo difícil que resulta reinar en España cuando en mi Gobierno están reunidos los mayores enemigos de La Corona, de la Unidad de nuestra Patria, de la libertad de los españoles y de la concordia que nace de la Constitución»

La Historia no es un invento, como la  estúpida y revanchista Ley de la memoria Histórica que Rajoy no se atrevió ni a rozar con mayoría absoluta. La Historia estuvo ahí presente, con toda su grandeza., y todos fuimos España. La consecuencia de los siglos se metió en el cuerpo y la palabra de ese Señor tan alto, bien plantado, sereno, preparado, y siempre en su sitio. Porque el Rey de España, Don Felipe VI,  lleva sobre sus espaldas, además de disgustos y preocupaciones, al alforja histórica más rica del mundo. Rey de España, de Castilla, León y Aragón.  Rey de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia,, de Galicia, de Mallorca, de Menorca, de Sevilla,  de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las islas Canarias, de las Islas Orientales y Occidentales, de las Indias y el Continente Oceánico. Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante, de Milán, de Atenas y de Neopatria; Conde de Habsburgo, de Flandes, del Tirol, del Rosellón y de Barcelona. Señor de Vizcaya y de Molina. Todo lo anterior no es un invento. Es la Historia.

Creo que se culminó en Oviedo un acto especial, solemne, triste, alegre, profundamente emocionante. Faltó una intervención como aquella inolvidable de Leonard Cohen, cuando al recibir su premio nos lo devolvió de palabra a todos los españoles, porque sin la influencia de España y los acordes y trémolos del flamenco, su música no habría existido. 

Ese hombre alto, expresivo, culto y en su sitio, nos dio en Oviedo una lección de saber estar por encima de los enfrentamientos partidistas y los intereses particulares. Unidad, trabajo y fuerza para superar las adversidades.

Y dos objeciones. Creo que el Rey Don Juan Carlos I habría merecido el afecto y la gratitud a través de una mención que no se produjo.

Ausencia de justicia. Y otra de sentido del humor, si bien hay que reconocer que el horno no está para bollos. Antes de finalizar su extraodinario discurso, el Rey podía haber dicho: “Y este año, se va a conceder un nuevo Premio Princesa de Asturias. El Premio a la Paciencia y la Entereza. Y me lo he concedido a mí mismo, porque no saben ustedes lo difícil que resulta reinar en España cuando en mi Gobierno están reunidos los mayores enemigos de La Corona, de la Unidad de nuestra Patria, de la libertad de los españoles y de la concordia que nace de la Constitución. Yo me lo doy, yo me lo entrego, y yo lo recibo”. 

Pasó el Rey por Asturias con todo el peso de la Historia y la sencillez de los humildes a sus espaldas.

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