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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

El secuestro de Franco

9 de enero de 2024

Hace unos días, el norteamericano Jack Posobiec dedicó una serie de tuits a la figura de Francisco Franco. Posobiec es de derechas. Si fuera de izquierdas, le llamaríamos periodista o analista; como no lo es, agitador o activista. Lo dejaremos en periodista (que ya bastante castigo es…). Uno con dos millones y medio de seguidores.

La atención a Franco se despierta en EE.UU. Para cierto sector de la derecha alternativa, se trata de una figura revisitada, de potencial inspirador. En realidad, siempre fue así. En la National Review se escribieron cosas muy elogiosas del Generalísimo.

Pero lo que nos interesa más es que, pasados unos días, Posobiec anunciara que Twitter España había prohibido o cancelado su especial sobre Franco. Con solo unos tuits había desvelado el estado de la libertad de expresión en España y, muy concretamente, la censura que rodea a la figura del dictador.

La casualidad quiso que el domingo, este humilde plumilla fuera a comer a Mingorrubio, pueblecito o ni siquiera cerca de El Pardo, al norte de Madrid. Al terminar, el sol invitaba al paseo por un pequeño bulevar de invierno: un paisaje de cuarteles, una plaza donde jóvenes militares de acento andaluz tomaban un café, un pequeño núcleo de casas, el aroma de carne saliendo de algún restaurante y de fondo los montes de El Pardo. ¿No estaba Franco enterrado aquí? Alargando el paseo, el cementerio aparece pasando un campito de fútbol. Cerca, pero lejos ya de las ocupaciones dominicales de los pocos lugareños.

Alejándose de Madrid se llega a El Pardo, saliendo del Pardo se llega a Mingorrubio, y saliendo de Mingorrubio, ya casi en el monte, se llega a Franco.

Pero nada dice que esté Franco. Ninguna placa, ninguna indicación. Al entrar, sí, una capilla destaca entre lo demás. En su enrejado, el panteón de Franco y Carmen Polo tiene banderas, retratos, cuadros, motivos religiosos y una especie de memorabilia, como un pequeño altar preparado por nostálgicos y leales. Por Navidad, han añadido un Belén. Gracias a eso, colocado exteriormente, sabemos que allí yace el vencedor de una Guerra Civil.

El panteón es propiedad del Estado y el acceso a la cripta no es libre. La familia no fue libre para elegir donde descansarían los restos y no es libre para acceder. Para visitar la tumba, un familiar directo tiene que ponerse en contacto con alguien de Patrimonio del Estado 48 horas antes. Un funcionario llegará con la llave para abrir. El permiso no se deniega, pero hay que pedirlo.

Sin honores, en una cripta inadvertida, ya casi en el campo, descansa Francisco Franco y lo que suceda con sus restos es más decisión del Estado que de la familia. Franco fue estatalizado (no diremos nacionalizado). El Estado, en manos de unos partidos políticos (y qué partidos…), controla el muerto como controla su memoria. El Panteón está cerrado por completo. La llave la tiene el Estado y si el pasado y la memoria histórica están intervenidas, lo mismo la lápida del Caudillo. Que ningunos ojos honren su mármol, que el pueblo no entre en contacto, que ningún español pueda rezar a esa tumba. Ni uno solo que no sea su familia. Que sea un tabú pasados los cuarteles.

Hay que alejarlo así de la gente y de la historia; de las catedrales y los hombres ilustres; hay que ocultarlo, más ignorado que protegido. El secuestro de Franco, que es el secuestro de la soberanía, hace imposible la verdad en España.

O de otro modo: la liberación política de España pasa por la liberación física de Franco y la liberación del discurso sobre el Franquismo y el siglo XX.

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