«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Sevilla, 1986. Periodista. Ahora en el Congreso.

Islamismo Wall Street

7 de noviembre de 2025

Qué gran segunda parte de Sumisión escribiría Houellebecq con una versión neoyorquina. Un alcalde musulmán en la ciudad de los atentados yihadistas del 11 de septiembre. A esto se le llama pasar página, que dirán los entusiastas de la paz de los cementerios. Aquí los conocemos muy bien porque a los terroristas los han metido en la dirección del Estado. Es la victoria de la democracia.

Nueva York es el epicentro del cambio de siglo que derriba las torres gemelas y el fin de la historia de Fukuyama. Es la zona cero que alumbra el avance del multiculturalismo camino de las 300 mezquitas, el islamismo Wall Street para incautos, una sharía lavada en nenuco con acento gringo, que así entra mejor. 

La victoria de Zohran Mamdani —como la de Sadiq Khan en Londres— no es tan alocada como parece cuando reparamos en que casi la mitad de los habitantes de NY ha nacido en el extranjero. Él lo hizo en Uganda, es uno de los suyos y ha venido a redimirlos del yugo opresor occidental que arrastra viejas cuentas coloniales. El nuevo alcalde sostiene que la violencia es una construcción artificial e invadir propiedades no es violencia. La policía sí lo es y además racista, como aseguró tras la muerte de George Floyd. Su entusiasmo por Black Lives Matter es tal que pide derribar las estatuas de Cristóbal Colón. 

Todo ello convierte a Mamdani en el producto perfecto del islamoizquierdismo —término acuñado en Francia por razones evidentes— que explica la aparente cuadratura del círculo que supone el abrazo entre ambos fenómenos. Puntos violetas y sharía, orgullo gay y Corán, nihilismo y religión. El alcalde tiene el apoyo del lobby y eso es lo que cuenta, después que nadie pida explicaciones por los matrimonios forzosos, la mutilación genital femenina o las violaciones en manada que no salen en los telediarios. 

Esta es la única pinza que conocemos: la izquierda que odia la cruz pactando con el islam, que no sólo pasa a cuchillo a sacerdotes franceses o a dibujantes que no respetan lo sagrado. En sus países cuelgan a quienes en los nuestros organizan cabalgatas LGTBI. Pero aquí son aliados, por eso el lobby arcoíris jamás reclama derechos en aquellos países, es un movimiento de presión política que sólo opera en Occidente.

Esta aparente contradicción, esta alianza contra natura, sólo se sostiene porque islam e izquierda comparten enemigo. Un musulmán no está a favor del aborto ni de todas las aberraciones de género, pero apoya a los partidos de la izquierda porque entiende que la sociedad que pretende dominar colapsará si continúa en manos del progresismo. Ellos aspiran a heredar los escombros y si la cruz es hegemónica eso jamás ocurrirá. 

El propio Charlie Kirk habla de manera profética —dos días antes de ser asesinado— de la batalla espiritual que se libra en nuestros días y señala como enemigos el progresismo combinado con el islamismo, dos amenazas que están «uniendo fuerzas para atacarnos».

Esta clarividencia contrasta con la ceguera que todavía muestran quienes transcurrido un cuarto del nuevo siglo acuñan los conceptos y parámetros del XX. Ha hecho fortuna el comentario de un analista mejicano que dice que Mamdani ganó «incluso en el distrito financiero de Manhattan». Lo cuenta como si fuera una sorpresa, como si por fin la izquierda hubiera penetrado en una fortaleza inexpugnable cuando en realidad su bandera ondea en ella desde hace más de medio siglo, como si los mecenas de los grandes bancos y multinacionales no llevaran décadas patrocinando la inmigración masiva y la destrucción de la familia, ya sea con aberraciones convertidas en leyes o con un modelo laboral orientado a la esclavitud y no a la natalidad. 

Hace tiempo que el mundo del dinero dejó claras sus prioridades. Los enemigos son esos paletos que viven en el fly over country, el país que no merece la pena pisar para los progres de ambas costas. La despreciable América profunda capaz de alistarse para ir a Nigeria a defender a los cristianos perseguidos, la América de los trabajadores saliendo en coche de la fábrica camino de casa donde espera la familia. Casa, coche e hijos, he ahí el nuevo fascismo. 

La realidad es que Mamdani no ha traído nada nuevo. Su victoria es la culminación de un proceso, un alcalde musulmán para cerrar el círculo de un progresismo que ha muerto de éxito fragmentando la sociedad a través de las minorías. Lesbianas, burkas, transexuales, yuppies, musulmanes… Cuando mezclas todo y lo agitas en la coctelera imposible del multiculturalismo entonces te sale Nueva York. 

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