«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
(Madrid, 1983). Diputado Nacional y Vicesecretario de Coordinación Parlamentaria de VOX. Doctor y licenciado en Derecho, doctor en Ciencias Políticas, de la Administración y Relaciones Internacionales, así como licenciado en Historia. Académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Profesor.

José Calvo Sotelo y el «patriotismo económico»

13 de julio de 2025

En el 89 aniversario del asesinato de José Calvo Sotelo (1893-1936) resulta importante recordar los hechos que rodearon su muerte y la vigencia de su figura como una de las voces más relevantes del conservadurismo español del siglo XX. Su asesinato, perpetrado por militantes del Partido Socialista (entre ellos Luis Cuenca, guardaespaldas de Indalecio Prieto) fue parte de una operación política que contó, asimismo, con el encubrimiento y quién sabe si la complicidad de destacados dirigentes socialistas como Indalecio Prieto, Juan Simeón y Julián Zugazagoitia.

La diferencia entre Calvo Sotelo y sus adversarios no podría ser más patente. Mientras él jamás alzó una pistola para amenazar, Indalecio Prieto no dudó en empuñar la suya en el Congreso de los Diputados. Calvo Sotelo nunca dirigió amenazas de muerte a ningún diputado, a diferencia del socialista Ángel Galarza, o de la comunista Dolores Ibárruri que le amenazaron, ni tampoco permitió que en sus mítines se profanaran los retratos de sus contrincantes políticos, como hicieron los militantes del Frente Popular con las imágenes de Gil Robles y la suya propia el 1 de mayo de 1936. Y aún más revelador es el lenguaje de quienes celebraron el asesinato. Apenas semanas después, Ángel Galarza confesaba sin pudor que el crimen le provocó «el sentimiento de no haber participado en su ejecución». A este siniestro personaje del PSOE, que fue ministro de Gobernación desde septiembre de 1936 hasta mayo de 1937 en el gobierno de Francisco Largo Caballero, se le devolvió simbólicamente el carné del Partido Socialista, como a Juan Negrín, en una ceremonia organizada por el PSOE en el año 2009.

La vida, obra y pensamiento de Calvo Sotelo han sido profundamente analizados en la magnífica biografía escrita por Alfonso Bullón de Mendoza. Por su parte, Pedro Carlos González Cuevas ha descrito a Calvo Sotelo como un «representante del conservadurismo burocrático» profundamente preocupado por los desafíos del desarrollo económico de España desde una perspectiva de la derecha social. Precisamente, quiero centrar la atención en ese aspecto específico, y en particular en lo que Calvo Sotelo denominó «patriotismo económico», y que, a mi modo de entender, resulta interesante tanto para entender a Calvo Sotelo y el propio patriotismo en su aspecto más político, como también para considerar alguna de las carencias que todavía hoy padecemos.

José Calvo Sotelo fue un firme defensor de la expansión de la economía nacional a través de la promoción de las exportaciones, convencido de que la salida al exterior era clave para el crecimiento y la consolidación de España como potencia económica. Sin embargo, su visión no se limitaba únicamente a la proyección internacional; también apostó con determinación por estimular el consumo interno de productos nacionales. Para ello, consideró fundamental tanto la creación de un marco normativo favorable que protegiera y favoreciera la industria española, como la promoción de una «batalla cultural» destinada a concienciar a la sociedad sobre la importancia de apoyar la producción patria. Esta doble estrategia reflejaba su compromiso con un desarrollo económico integral que fortaleciera la economía desde dentro y desde fuera; algo que, por muy elemental que parezca, fue enormemente cuestionado por ciertos sectores.

De hecho, tal y como él mismo expresó, él fue el redactor «desde la cruz hasta la fecha» del Real Decreto de 1929 por el que se creó un Patronato para el fomento del Consumo de artículos nacionales. En virtud de esta norma se constituyó un organismo público para la propaganda y difusión de los artículos nacionales. Curiosamente el Decreto quiso dar un tratamiento específico a aquellos sectores de la producción y de la industria que guardasen conexión con la vida y necesidades de las mujeres. Asimismo, se subrayó la necesidad de que todas las administraciones públicas y corporaciones de derecho público observaran rigurosamente las disposiciones contenidas en la Ley de Protección de la Industria Nacional de 1907 (una iniciativa impulsada bajo el gobierno de Antonio Maura), que obligaba a su vez a priorizar el uso de productos industriales españoles en la ejecución de obras y servicios públicos, consolidando así un marco normativo orientado al fortalecimiento del tejido productivo nacional.

Esta misma idea la volvió a proponer, siendo ministro de Hacienda (cargo que ocupó en el Directorio Civil de Miguel Primo de Rivera en 1925-1930), en una conferencia pronunciada en el Alcázar de Toledo en marzo de 1929, titulada Orientaciones económicas y tributarias. En su opinión, había que estimular el «patriotismo económico», entendiendo por ello la preferencia por los productos producidos en España y «la simpatía que debe movernos a ser clientes de nuestros propios productos y a consumir lo que en España nace (…) porque España es la madre y ante la madre no hay opción». Consideraba importante para la economía de todos difundir y fomentar los artículos producidos en España, en detrimento de los del extranjero, aun cuando estos últimos fueran mejores, porque así se mejoraba la economía y el trabajo nacional.

Proteger y fortalecer el producto nacional sigue siendo, hoy como ayer, una tarea fundamental. Aunque el contexto político y económico haya cambiado, el valor de lo nuestro permanece intacto. Las normativas de la Unión Europea, a menudo alejadas de la realidad de nuestros productores, han dejado desprotegido a nuestro tejido productivo, mientras que los gobiernos del bipartidismo han contribuido, con su desinterés, al deterioro del comercio de proximidad y de la industria tradicional. Se ha permitido que el comercio local pierda peso, ignorando su papel esencial en la economía y en la cohesión social de nuestros barrios. Frente a ello, combatir el fraude en el etiquetado y garantizar la autenticidad del origen de los productos debe ser una prioridad inaplazable. Hoy, más que nunca, es necesario recuperar una política decidida de apoyo al producto español, como ya reclamara en su día Calvo Sotelo, cuya memoria hoy honramos. Apostar por lo nuestro no es solo un acto con trascendencia económica, sino una forma de defender nuestra identidad, nuestra cultura productiva y nuestro futuro como nación.

Consumir lo nuestro es una decisión práctica y un acto de compromiso con la tierra que habitamos. Apostar por los productos nacionales significa sostener el trabajo de nuestros artesanos, agricultores, industriales y pequeños productores, cuyas manos dan forma también a lo que somos. Nuestras producciones son expresión viva de nuestra identidad, de nuestro talento y de nuestra historia. Fomentar el consumo de proximidad fortalece el tejido social, dinamiza la economía local y nos conecta con lo cercano. En cada elección de compra consciente hay un gesto de apoyo a la España que trabaja, crea y produce día a día.

Por eso, hoy como hace un siglo, defender lo nuestro es defender a España. Apostar por el producto nacional es reconocer el valor de quienes contribuyen con su trabajo a la riqueza de todos. Es mirar al futuro con raíces y fundamentos firmes, y con la certeza de que apoyando lo cercano y lo nuestro avanzamos hacia una nación más fuerte y unida.

Fondo newsletter