«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Gallega en Madrid. Periodista apasionada por la información, defensora de la libertad y de España. Redactora Jefe en El Toro TV y al frente de 'Dando Caña'.

La ‘cheerleader’ Pilar Alegría

16 de enero de 2026

Anda Pilar Alegría indignada tras las críticas de Santiago Abascal en las que calificaba a la ahora candidata del PSOE en Aragón de «mujer objeto» al ser colocada y recolocada al antojo, e interés, de Pedro Sánchez. Ofendidísima. De la portavocía del Palacio de la Moncloa a la plaza zaragozana por decisión directa del presidente, que reparte destinos como caramelos. No es una estrategia nueva: reciclaje de ministros como cabezas de cartel autonómicas. Pero en esta región, en Aragón, el asunto va más allá del trampolín nacional. Y es que una mujer como candidata a unas urnas siempre aparenta muy feminista. Más aún cuando en Ferraz no sólo han dejado caer esta bandera sino que se han empeñado en enterrarla, al igual que las denuncias a Paco Salazar.

La candidata socialista, y ferviente ‘cheerleader’ sanchista, ha reaccionado con suma aversión a las críticas siguiendo el guion interiorizado: machismo, misoginia y victimismo en dosis exactas. Tiene gracia. La hasta ayer portavoz, rostro y altavoz del gobierno de la ley del sí es sí (norma de Irene Montero pero bendecida por todo el Consejo de Ministros), esa que ha dejado en libertad a violadores y agresores sexuales viene a dar lecciones de ética. El mismo ejecutivo del caos de las pulseras telemáticas antimaltrato y el que se ha gastado millones mientras las cifras de las mujeres víctimas no dejan de aumentar. Tampoco nos olvidamos de las noches de Teruel, esas en las que José Luis Ábalos habría protagonizado escenas de desenfreno donde la misoginia era costumbre. Tampoco olvidamos que hace apenas unos días compartía mesa y mantel con Paco Salazar cuando ya se conocían todas sus vergüenzas. ¿El menú? Quizá una doble ración de hipocresía. Hay que tener estómago para sentarse a reírse en un restaurante con quien, según el propio listón acusatorio del PSOE, podría ser un acosador sexual. La fotografía, más que una comida, fue una peineta amable para las mujeres. Y después, el vídeo moralizante en redes. Conviene recordar que el socialismo retrasó y ocultó procedimientos.

Cuando Carmen Pano dijo que llevó 90.000 euros en bolsas a Ferraz, entonces Alegría lo tenía clarísimo: «Si alguien acusa tiene que aportar pruebas, es que si no, sometemos a indefensión a tantos inocentes…». Una defensa de la presunción de inocencia que esta servidora aplaudiría si se aplicara a todos, desde luego ya ha quedado claro que no debe aplicarse con la misma vehemencia a Julio Iglesias. De las saunas del suegro de Sánchez, mejor no hablar. 

Alegría ha sido enviada al precipicio tras un paso por la portavocía del gobierno que deja un suspenso a su cargo, el mismo que como ministra de Educación. Cada martes, un mitin diferente. Cada rueda de prensa, un sermón nuevo. Poco más. Tampoco es que haya dejado la bancada azul por dedicación a su tierra. La normativa autonómica impide que los titulares de carteras ministeriales sean elegibles en las urnas. Y no parece Alegría muy preocupada por el futuro de los aragoneses ya que Aragón será una de las comunidades peor paradas tras el acuerdo de Sánchez con ERC, diseñado para beneficio y gracia de Cataluña. Habla María Jesús Montero de ordinalidad en un reparto ordinario de privilegios. Castilla-La Mancha y Asturias han mostrado su rechazo frontal aunque luego no nos sorprenderá que solo sean quejas y que en las votaciones del Congreso se agache la cabeza y se haga lo que desde arriba se ordene. Como siempre. 

El futuro de Pilar Alegría apunta a una condena al infierno de la nadería. Un PSOE en caída libre, sin horizonte electoral claro tras el batacazo extremeño, y una candidata enviada al frente no para ganar, sino para ser amortizada. Política de usar y tirar. Feminismo de foto. Y sí, el PSOE que se autoproclama falsamente en defensa de la mujer convierte a una de ellas en un instrumento. El problema no es que sea mujer, el problema es que es la imagen visible de un partido que ordena sin creer en la igualdad o la verdad. Alegría es la cara evidente de quien defendió lo indefendible, calló cuando no se debería y se mantuvo leal al poder. Nunca un apellido fue tan optimista para un final tan decadente.

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