«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

Biografía

Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

La degradación de los usos parlamentarios

10 de diciembre de 2022

Por si fueran pocas las amenazas autoritarias a la frágil democracia española, ahora, se ha impuesto una práctica especialmente ominosa. A la Presidencia del Congreso de los Diputados, le ha dado por censurar el lenguaje de sus señorías, cuando considera que una palabra suena insultante o impropia. Es una decisión contraria a los buenos usos parlamentarios. Si en algún lugar debe brillar la libertad de expresión es, precisamente, en las Cortes Generales, sede de la soberanía nacional.

Tomemos un suceso nimio que ya ha sido comentado, pero que resulta muy ilustrativo por las consecuencias que pueda traer. Una diputada de VOX se dirige a los representantes de Bildu, el grupo secesionista vasco, heredero de los terroristas, con el irónico tratamiento de «filoetarras». Más bien podría considerársele una cortesía, pero a la Presidencia del Congreso le pareció una ofensa y decidió retirarla del acta de la sesión.

Es evidente que los integrantes de Bildu se unen por su afinidad con los etarras o terroristas vascos

Vamos por partes. Para empezar, habría que traducir la etiqueta del grupo en cuestión, después de todo, socio del Gobierno. Bildu es tanto como decir «reunión» en vascuence. Se entiende, reunión de los terroristas vascos y de sus seguidores y herederos, los sedicentes «luchadores por la libertad del País Vasco (Euskadi)». La organización criminal se hizo llamar Euskadi Ta Askatasuna, País Vasco y Libertad o ETA). De ahí que a los terroristas vascos se les diera el apelativo sonoro de «etarras».  Es evidente que los integrantes de Bildu se unen por su afinidad con los etarras o terroristas vascos. Ciertamente, después de un millar de asesinatos dejaron de matar. Les convino más convertirse en un partido político, asociado hoy con el Gobierno socialista de España, del que obtiene considerables ventajas. No es la menor lograr que los terroristas vascos que están presos sean trasladados a las cárceles del País Vasco y, de ahí, bonitamente a la calle. Pero en ningún momento a los de Bildu se les ha ocurrido condenar el terrorismo; tampoco han colaborado con la Justicia para dilucidar los centenares de asesinatos que quedan por resolver. Por tanto, consideramos que «amigos de los etarras» no tiene por qué ser un dicterio, y sí la descripción de un hecho. 

Cabe discutir la calificación del neologismo «etarra». En vascuence, el sufijo «-arra» se utiliza como gentilicio. Así, «donostiarra» (natural o vecino de San Sebastián). Por tanto, la calificación de «etarra» podría ser un reconocimiento hasta un eufemismo cortés, pero no una injuria o una impertinencia. Otra cosa sería decir «terroristas vascos», por mucho que sea un término descriptivo con la mayor objetividad. Por cierto, casi nunca se emplea. Aquí opera el santo temor a la xenofobia.

La Presidencia del Congreso de los Diputados no es quién para censurar las intervenciones de los parlamentarios

En consecuencia, no es para alarmarse si se califica de «filoetarras» a los diputados de Bildu. No es caso de que vayan a ser enemigos de los terroristas vascos. Cuando éstos salen de la cárcel, los de Bildu les organizan ruidosas fiestas de homenaje o bienvenida (ongi etorri). ¿Cabe mayor «amistad»?

Con independencia de la anécdota que nos ocupa, lo que debe quedar claro es que la Presidencia del Congreso de los Diputados no es quién para censurar las intervenciones de los parlamentarios. Son ellos los responsables de sus discursos, y así deben ir a las actas. Ésa es la tradición: luz y taquígrafos.

La degradación del Parlamento español se manifiesta en que su Presidencia se comporta como subalterna o servil del Gobierno. En el caso comentado se ve obligada a favorecer los escrúpulos de Bildu, porque se trata de un firme socio del Gobierno. No deja ser paradójico que un partido político, cuyos dirigentes no se sienten españoles, al mismo tiempo, colabore con el Gobierno de España. Pero ésa es otra historia.

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