Yo empecé a oír de la teoría de la gran sustitución tras el atentado de Buffalo (Estados Unidos). Cuando un zumbado entró en un supermercado y empezó a disparar a bocajarro. La mayoría de víctimas, todo hay que decirlo, eran de raza negra.
Pero recuerdo que la prensa española, al menos la más progre, comenzó a culpar a la mencionada teoría. «Una teoría racista con denominación de origen francesa», titulaba El País el 22 de mayo del 2022 en alusión a su autor, Renaud Camus. Como si los franceses tuvieran la culpa de ello. Llegué a pensar que, por esta regla de tres, también iban a criminalizar el champán o los quesos franceses.
En El Mundo, más o menos igual: «Una teoría racista contra el ”genocidio blanco”», publicaban el 16 de mayo. Y en en el Ara, de marcado perfil independentista, al día siguiente: «La teoría racista que inspira terroristas».
Yo la verdad es que hasta entonces había oído hablar vagamente de semejante teoría. Tras los atentados de Noruega del 2011. Con más de setenta víctimas, la mayoría adolescentes. O los de Nueva Zelanda del 2019. Más de 50 muertos. Todos ellos musulmanes. Aunque en este caso me llamó la atención también que, en un país tan distante, hubiera mezquitas.
Las teorías no son racistas per se. Es como cuando la entonces alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, decía que había que incumplir las leyes «injustas». Las leyes no son justas o injustas, son democráticas. Las aprueban los parlamentos. Y, si no te gustan, te jodes o intentas cambiarla.
Desde entonces cada vez se habla más de la teoría de la gran sustitución, le grand remplacement en el original. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ya normalizó el debate en abril del 2023. Cuando dijo que la «sustitución étnica» ponía en jaque a Italia.
En Portugal, el líder de Chega, André Ventura —uno de los más aplaudidos en la reciente cumbre de Patriotas en Madrid—, denunció por las mismas fechas la «adulteración cultural» de Europa. A su juicio, hay barrios de Lisboa que parecen África. Portugal, conviene recordarlo, tuvo colonias en este continente.
E incluso el presidente de Túnez, Kaïs Saied, afirmó en marzo del 2023 que la inmigración, subsahariana en este caso, amenazaba «la composición demográfica» de su país y que podía desvincularlo «del mundo árabe e islámico». Incluso culpaba a los inmigrantes ilegales, en su paso hacia Europa, del incremento de la «delincuencia».
Por eso, tendrá mala fama, pero es evidente que existe. Basta visitar algunos de nuestros pueblos y ciudades. Muchos de ellos se han convertido en guetos islámicos e incluso en zonas no-go. Un tema tabú del que no se puede hablar.
Yo estuve por primera vez en ca n’Anglada, cerca de Terrassa, hace más de diez años. Alertado por un vecino que me dijo que el barrio estaba cambiando. Para que se haga una idea: tiene una de las mezquitas más grandes de Cataluña. Y, sin voluntad de criminalizar a nadie, en el 2012 detuvieron al imán por presuntamente incitar a la violencia contra las mujeres.
Hace un par de meses volví. Uno de los últimos bares autóctonos ya es un halal. Y mientras grababa algunos vídeos,me lanzaron una lata de Coca-Cola. Por suerte impactó en una pared cercana. Los Mossos tienen verdaderos problemas para intervenir. Y si no, que se lo pregunten a la alcaldable de VOX por Terrassa. Alicia Tomás, que cuando va tiene que ir escoltada.
Cuando los socialistas ganaron en el Ayuntamiento de Barcelona, de las primeras cosas que hicieron fue cambiar el nombre del Barrio Chino y lo rebautizaron como El Raval porque tenía mala fama aunque no ha mejorado la cosa.
Si quieren, hacemos lo mismo y a la teoría de la gran sustitución la llamamos teoría de la «composición sociológica», de la «presión demográfica» o de la «sustitución poblacional». Queda más fino, pero de existir, existe. De hecho, ha existido siempre a lo largo de la historia. Aunque generalmente haya sido por métodos violentos, no pacíficos. Los romanos también sustituyeron a los etruscos. Y luego a los cartagineses. E incluso a los galos.
Mientras que los anglosajones sustituyeron a las tribus indias de Norteamérica. Y los británicos a los aborígenes de Australia. Menos escandalizarse y más tocar de pies en el suelo.