La relación entre inmigración y precio de la vivienda dejó de ser tabú. Con el ruido de la crisis del sanchismo, gran parte de la profesión (por llamarlo de alguna manera) aprovecha y hace el transbordo.
Parecía algo bastante intuitivo: si viene mucha gente dispuesta además a vivir bajo techo y los pisos más o menos son los mismos… pero esto ha costado, eh, ha costado entenderlo. Años. Sigue siento interesante, sin embargo, que haya números, informes o estudios que lo expliquen.
El ministerio de la vivienda ha dado unos datos sobre dicho mercado, que como todo mercado tiene oferta y demanda, cosas que pensamos muy alegremente que todo el mundo entiende.
En 2025, el parque de vivienda aumentó en 95 mil, mientras que los nuevos hogares crecieron 240 mil.
Este es un dato escandaloso. La demanda de viviendas depende fundamentalmente de esta variable que calcula el INE cada año: el número de hogares creados, definida como la diferencia de unidades de convivencia entre un año y otro. Cabe decir que unidad de convivencia no es familia, y que hogar no es igual a casa, como la canción, A house is nota a home. Los hogares creados salen de las emancipaciones de jóvenes (poquitos) y de los matrimonios y emparejamientos, porque por cada pareja suelen nacer dos hogares dadas las altas cifras de divorcios y separaciones; otra aportación, por supuesto, es la población que llega de fuera. Pensaríamos que esto explica gran parte de los nuevos hogares, pero ¿cómo saberlo?
El Instituto de Estudios Económicos, think tank de la patronal, emitió un informe hace unos días con datos útiles. Entre 2015 y 2019, los nuevos hogares estaban entre los 60.000 y 70.000 al año, frente a un incremento de viviendas entre 40 y 70 mil, Las dos magnitudes no se andaban lejos la una de la otra.
Es en 2020 cuando cambia todo. La brecha se dispara con 285.000 nuevos hogares, estabilizada la vivienda nueva en torno a las 80.000. Este dato nos revela que, aproximadamente, el 77% de los nuevos hogares vendrían de la inmigración, es decir, tres cuartas partes.
Y esto es consistente con otros datos conocidos, por ejemplo, con la participación de los extranjeros en el incremento del PIB nacional. Entre 2018 y 2025, el PIB crece un 12’3% y el 73’5% es atribuible a la población de nacionalidad extranjera, es decir, tres cuartas partes, una a la nacional, como la proporción de alcohol en el gin tonic.
De casi todo lo que crece, el 75% es ginebra. También los nuevos hogares, es decir, la demanda de vivienda. Si la oferta no puede crecer a ese ritmo, la presión se traslada al precio y la vivienda se pone imposible. Inmigración descontrolada yo diría que también es esto. No solo la frontera asaltada, la estampa papable; también desentenderse de los efectos.
Seguramente no será imposible calcular en el futuro el porcentaje del incremento en los precios atribuible al reciente boom inmigratorio. A ojo de buen cubero, como no tenemos otra, le aplicaremos la proporción del gin tonic con la que hemos ido funcionando.