'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

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Amando de Miguel es catedrático emérito de Sociología en la Universidad Complutense (Madrid). Siguió estudios de postgrado en la Universidad de Columbia (New York). Ha sido profesor visitante en las Universidades de Texas (San Antonio) y de Florida (Gainesville). Ha sido investigador visitante en la Universidad de Yale (New Haven) y en El Colegio de México (DF). Ha publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. El último libro publicado: Una Vox. Cartas botsuanas (Madrid: Homo Legens, 2020). Su último trabajo inédito: “La pasión autoritaria de los españoles contemporáneos”.

La secularización onomástica

11 de agosto de 2021

Es evidente que uno de los rasgos del actual estado de la civilización es el proceso secularizador, por el que se van erosionando los símbolos religiosos de toda la vida. En España, la vanguardia de ese movimiento ha estado, desde hace mucho tiempo, en Cataluña. Un reciente dato minúsculo, pero, significativo: el pueblo costero de San Carlos de la Rápita se ha planteado alterar el topónimo, por otra parte, tan expresivo. La verdad es que ese título se lo dio el rey Carlos III, en el siglo XVIII, quien impulsó su urbanización.

Me imagino que el incidente de San Carlos (o Sant Carles) de la Rápita es, solo, el pistoletazo de salida para la larga carrera de propósitos secularizadores de Cataluña. Un suponer, se dejará de celebrar la fiesta “nacional” de Cataluña el 23 de abril, día de Sant Jordi. Será fácil, si pensamos que la leyenda de San Jorge y el dragón es anterior al cristianismo.  Lo malo es que muchos “Jordis” se verán obligados a cambiar el nombre de pila, perdón, el del Registro Civil.

De cundir el ejemplo catalán, se pronostica una revolución onomástica en el resto de España y, acaso, en otros países

No sé qué pasará con el magnífico templo de la Sagrada Familia, el famoso emblema de Barcelona. Será difícil alterar esa denominación. Podría quedar, simplemente, en “La Familia”, una institución que, siempre, ha contado mucho en la sociedad catalana, tan burguesa.

De cundir el ejemplo catalán, se pronostica una revolución onomástica en el resto de España y, acaso, en otros países. No se sabe qué harán los californianos con su capital administrativa (Sacramento) y con su ciudad más urbana (San Francisco) o con Los Ángeles. Ya, de paso, habrá que renombrar el celebérrimo cóctel “sanfrancisco”. Yo profesé, durante un tiempo breve, aunque, productivo, en la Universidad de Texas, campus de San Antonio. Puede que pase a llamarse “campus de El Álamo”, para, así, reafirmar la herencia hispana, de la cual los tejanos se sienten tan orgullosos.

No sé qué pasará con los “sanfermines”, la fiesta universal de los pamplonicas. Hemingway se levantará de su tumba, si se atreven a llamarla de otro modo. Hay más. El “camino de Santiago” tendrán que ser rebautizado (con perdón); por ejemplo, como la “caminata del Norte de España”. A los chilenos, les será difícil acostumbrarse a que su capital deje de llamarse Santiago.

Se comprende que, para un independentista catalán, es un desdoro retener la alusión a Carlos III, un rey, particularmente, centralista

Hay sustantivos con nombres de santos. Por ejemplo, el “sanbernardo”, el perro de las nieves; o, también, la “santabárbara”, el almacén de productos explosivos, en los barcos. El origen es claro: Santa Bárbara es la patrona de los artilleros. No sé si se atreverán a alterar esos nombres.

Ahora, es moda registrar los nuevos nacidos con nombres, más o menos, paganizantes o, simplemente, sonoros. Sin embargo, una buena parte de los adultos españoles se llaman de acuerdo con algún santo o santa. Sin ir más lejos, San Amando fue el obispo de Mastrique, evangelizador de las hordas flamencas. En España, algunas mujeres gozan de nombres poéticos o eufónicos, como Pilar, Rocío, Mercedes, Dolores, Esperanza, Guadalupe, Magdalena, Montserrat, Nieves, Carmen, etc. En el bien entendido, de que, en tales casos, le antecede, formalmente, el nombre de María, por la madre de Jesús. A ver quién se atreve a borrar esa milenaria tradición .Puede ser, también, que los miembros del consistorio de Sant Carles de la Rápita (en manos de Esquerra Republicana de Catalunya) no desee renegar de su santo patrón. Es más simple: quieren pregonar que no se sienten españoles. Están en su derecho. Por ese lado, nos entenderemos mejor. Se comprende que, para un independentista catalán, es un desdoro retener la alusión a Carlos III, un rey, particularmente, centralista.

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