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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Las dificultades del PP para ir por el mundo

10 de diciembre de 2023

En la toma de posesión de Milei, uno de los últimos triunfos de la derecha en el mundo, hoy estará Abascal, pero no Feijoo, que en su lugar mandará a Cayetana Álvarez de Toledo (con Cayetana -´–en adelante así— nos sentimos obligados a escribir todos los apellidos). Feijoo no felicitó a Milei, tampoco lo hizo Sémper, que respondió a la noticia con un muy vascuence «¿qué quiere que le diga?».

El PP tiene problemas en el exterior. Muestra desubicación y una gran dificultad para relacionarse con las derechas mundiales mientras Abascal estrecha la suya con Meloni, Milei, Orbán, Bolsonaro…  Vox ha ido ocupando el espacio internacional que el aznarismo tuvo alguna vez, pero los problemas del PP no solo tienen que ver con ese buen trabajo del oponente. Hay algo más, una cuestión ideológica fundamental. El PP ha saludado todos estos movimientos como populistas (con un uso despectivo del término). En los últimos años, ha asumido el eje populismo-antipopulismo de manera decidida, situándose, por supuesto, en el lado antipopulista.  Este eje es una forma más (una forma camuflada) de denominar el arriba y abajo, la oposición élites-pueblo propia del momento globalista que desembocaría en el globalismo versus soberanismo. El PP, prolongación del Partido Popular Europeo, asumió ese eje, y tomó firme posición en él. Todo lo que ha ido pasando en la derecha mundial era populismo iliberal: Trump, el Brexit, Meloni, Polonia, Orban, Bolsonaro… y Milei, aunque aquí podamos observar un cambio.

Nos basta simplemente con prestar atención a las opiniones de Cayetana, para quien hace no mucho Milei era la «antipolítica», la «seducción barata, fácil y mediocre del pueblo» frente a «la razón» y el «tratar a los ciudadanos como adultos».

Tras el triunfo electoral, Cayetana considera a Milei un «mal menor» y un triunfo de las «políticas de libertad». «Argentina —dijo con su bello acento que incluso en Argentina suena distinto— eligió Libertad».

Cuando aparece la política exterior, cuando salimos a eso que  llamamos Mundo, el PP tiene serios problemas. Si el Mundo fuera una tertulia de la Cope, o de Alsina o una sección de opinión de la prensa española, podrían seguir despreciando  por populistas a todo el titirimundi. Pero fuera suceden cosas, cosas no del todo controlables. Por alguna extraña razón, el mundo no escucha a Michavila y en todas partes se obstinan en no votar útil. Por eso pasan cosas que son difíciles de explicar.

En el caso de Argentina y Milei, la simplificación populismo vs. antipopulismo era aun más grosera porque ocultaba una distinción fundamental entre el populismo de derechas y el de izquierdas, matiz que el PP (partido y galaxia opinativa) viene negando desde hace ya casi diez años. Para ellos, Trump era Iglesias y Trump es Sánchez, de modo que en Milei, etiquetado con desdén como «populista», veían lo mismo que en su rival, cuando lo que se enfrentaban en Argentina eran más bien dos populismos, uno de izquierdas, el de Massa; otro de derechas, el suyo.

Milei tenía unas formas rupturistas, distintas, sonaba a rocanrol y lanzaba un agresivo mensaje contra la casta, contra el sistema entero. Eso es populismo. Pero sus recetas no tenían nada que ver con el populismo de izquierdas ni, en ocasiones, con el de derechas.

Quizás Milei nos ayude a entender que el populismo no es tanto un conjunto de medidas como una perspectiva. Es una reacción popular y del sentido común, y en ocasiones esa reacción exige reducir el Estado (Milei) y en otras retocar aranceles para proteger de la deslocalización (Trump). Es un tono, una óptica vertical (de abajo a arriba) y, en cierto modo, una superación de lo ideológico, que pasa a ser instrumental, una especie de transideología.

Precisamente, esa lucha de populismos de derecha e izquierda permite reinterpretar el combate,  también gracias al histrionismo de Milei y a su talento para la polarización entre comunistas («zurdos» o incluso «zurdos de mierda») y liberales o libertarios.

Esto facilita el reciclaje argentino apresurado del PP con Cayetana y nos permite enunciar una ley: para el PP (y su mundo) toda propuesta política de derechas que no venga del PP Europeo, del Renew europeo macroní o de republicanos antitrumpistas de EEUU será considerada populismo o iliberalismo hasta que ganen, momento en el que pasarán a ser Libertad, «políticas de la Libertad». Y entonces mandarán a Cayetana o, si se dejan, a González Pons.

Esta dificultad del PP para salir al mundo, para ir por el mundo, se trata de ocultar en España gracias a una espita narrativa. El eje populismo-antipopulismo es el oficial del partido. Es Génova. Es Feijoo y Borja Sémper.  Pero de ese eje, el globalismo visto desde lo globalista, salen en ocasiones a través de dos excepciones narrativas. Lo que antes se llamarían «dos versos sueltos».

Un remate: el factor don Hilarión

Ese otro discurso toma forma de mujer. Dos mujeres. Una estaría a la derecha del partido, Ayuso, con un talento para lo popular. En ese eje del élites-pueblo ella no termina de entrar pero aprovecha algo de su música, de su resaca, de sus letras para apropiárselas. Drena madrileñamente el discurso de Vox, se lo apodera. Pero sobre todo, regresa al comunismo-libertad o al terrorismo-libertad (continuidad neocona de aquel). Esto es prolongación del aznarismo pero con aromas, briznas, gotitas de un populismo que pudiera ser voxista y que ella sisa inteligente. Es volver del 2.0 al 1.0, cogiendo de lo nuevo la espuma. Confit de Bumerismo político con esferificaciones populistas.

Si Ayuso ocupa la frontera derecha del PP, limitando con Vox, Cayetana vendría de la izquierda. Conecta con el mundo de Ciudadanos, «la razón» y los liberalios de la exizquierda asintótica. Es decir, es una voz cómoda en el populismo-antipopulismo pero con dos salvedades que la convierten en especial. Una es su talento oratorio y su contundencia. Sería la versión pija, intelectualista y oxoniense de la popular y muy castiza Ayuso, con la que también coincide en la fiereza de su combate con los nacionalistas o, más bien, secesionistas. Es una oposición heredera de las luchas de UPyD y Ciudadanos en Cataluña y el País Vasco,  pero fundamentalmente retórica porque no cuestiona la Constitución y, por tanto, el autonomismo. Ayuso comparte esa firmeza verbal siendo ella misma una decidida usufructuaria de lo cuasifederal.

Por tanto, el eje discursivo de la globalización, el populismo-antipopulismo, hegemónico en el PP en tanto franquicia indistinguible ya del PP Europeo, lo abandonan circunstancialmente de dos maneras: con el ocasional antinacionalismo y con el «comunismo o libertad» que así formuló Ayuso y que en Cayetana puede transitar de nuevo hacia lo 2.0, el actual eje dominante populismo-antipopulismo, pero en su forma liberalismo-iliberalismo con su insistencia en el «libres e Iguales».  Para estos menesteres de lo ‘iliberal’ el ingrediente Putin les viene de perlas (iliberal sería el ‘enemigo’ cuando viene de la derecha).

Ayuso y Cayetana, una a un lado y otra al otro, son como la extensión excepcionada del PP, su intensificación, las cazavotos, las guardesas de los confines de la finca, los límites del discurso feijooita (Rajoy+viraje de Casado+gélido covidianismo bruselense asumidísimo), las dos con licencia para la inmoderación, una rubia y una morena del brazo verbenero de Don Hilarión, que no sería tanto Feijoo como el losantismo (turbo PP, PP plus), ya que las dos forman parte de la retórica más agresiva del partido expresada en el antinacionalismo (repetimos: constitucionalista, «la mejor época de nuestra historia») y en el regreso al eje aun no abandonado (1.0 o boomer) del comunismo o libertad. El comunismo es el enemigo conocido y del pasado (la inequívoca careta de Freddy Krueger) y el iliberalismo es el naciente enemigo occidentalizado por contagio putinista (aplicando en ello realmente modos, mecanismos y lenguajes pandémicos).

Esos discursos son, en definitiva, maquillajes, excepciones y distracciones a la posición general del partido, el populismo-antipopulismo, la defensa no dicha, nunca del todo confesada, del globalismo desde sus instituciones. De ahí las enormes dificultades que tienen para salir al mundo. Para estar en el mundo que no sea Bruselas. Para poder explicarlo.

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