Una forma de ver los resultados alemanes es la división este y oeste. Los comunistas serían lo que fueran, pero hay que reconocer que por donde pasaron está creciendo la hierba. Otra forma de mirarlo es por sexos: los hombres más de derechas, las mujeres más de izquierdas. Otra, por edades: los mayores votan las opciones tradicionales y los más jóvenes a la AfD. Aunque los más jóvenes de los jóvenes a Die Linke.
Nos conocemos todos en Europa. Entre los jubilados (CDU y SPD) y los veinteañeros de Die Linke, la AfD es sólida en las edades del currante, del currante y del parado.
Die Linke ha crecido. Se beneficia del descenso de la SPD (la PSOE de allí, aunque… nuestra PSOE es intraducible) y los Verdes, desgastados por el gobierno. Die Linke es el partido woke, trans, gender fluid, etcétera… Todos hemos quedado un poco cautivados con los miembros trans de Die Linke. Son como solteros terminales que en el último momento han decidido pasarse al otro equipo poniéndose rímel y unas tetas a la altura del ombligo, como una silicona realista. Son hombres que fantaseaban con convertirse en divorciadas alcohólicas rusas. Es algo que solo puede explicarse por el porno.
Alemania superó su pasado nazi sepultándolo en otra sordidez. Esta es una tesis que cualquiera que haya tenido un mínimo contacto visual con el porno alemán podrá sostener. La idiosincrasia no desapareció del todo.
Die Linke es el Podemos o Sumar de allí, pero un Podemos a prueba de crisis porque con esas compañeras ni Errejón ni Monedero se atreverían. Está garantizada la paz sexual. Es como si Pablo Iglesias se soltara la coleta, se pintara los labios y se pusiera una camiseta de tirantes ajustada. La superación del aliado: el podemita autoginefílico.
Die Linke es fluidez sexual pero reprimiendo totalmente el capitalismo, el deseo, lo deseante. Es fluidez sexual anticapitalista. Esto sí tiene coherencia.
Die Linke ha crecido y hubiera crecido más si no fuera por Sarah Wagenknecht, que montó el proyecto BSW, una izquierda no posmoderna, contraria a prolongar la guerra de Ucrania y a las acciones de Israel. Un soberanismo con palestina. Los llamados rojipardos.
La BSW se ha quedado cerca de entrar en el Bundestag. En 5% está el límite y alcanzó un 4’97%.
En el 4% se han quedado también los liberales del FDP. Por tanto, liberales y rojipardos son «extraparlamentarios».
¿Se ha librado Alemania de los dos partidos más irritantes del espectro?
Los centristas liberales riñen a todo el mundo por no ser ellos completamente de izquierdas ni completamente de derechas, por estar en el punto virtuoso de la moderación, como seres angélicos, sin sexo definido.
Y los rojipardos son como centristas pero por exceso. Centristas de otra forma, centristas por fuera. Quiméricos. Son a la vez muy de izquierdas y muy de derechas. Mas po… y más co… que nadie. Más obreristas que la izquierda en boga, más soberanistas que la derecha; capaces de dar lecciones a unos y a otros.
Son un poquito coñazo los rojipardos. No solo porque ponen el rojo antes que el pardo. Son antiwoke, pero a su modo también hacen el virtue signalling.
Alemania se ha quitado de encima probablemente a los partidos más pedantescos y cargantes, aunque quizás solo por un tiempo. Los liberales son una franquicia eterna y el proyecto de Sarah Connor Wagenknecht en realidad ha crecido: de la nada a rozar el 5% con los medios en contra y, según han denunciado, alguna traba en el voto por correo.
Alemania ha sido la locomotora de Europa. O eso decían. Lo que no estaba claro era hacia dónde iba. Y sigue sin estarlo. Merkel, de la que muchos ahora se olvidan, llenó Alemania de inmigrantes y empezó a controlar la información para que no se conociera el efecto de sus decisiones. Merz, el nuevo, no sabemos qué genialidad esconde, pero con Trump ahorramos mucho en palabrería. Merz era capitoste alemán de BlackRock, algo que ya no se cree necesario ocultar y ahora promete «independencia» para hacer frente a Rusia, lo que suena un poco a liberarse de Estados Unidos para cumplir mejor sus deseos y además a escote.
Como no estamos ante una democracia como la estadounidense, no han pasado veinticuatro horas y Merz ya se ha retractado de su principal promesa, mientras Trump intenta cumplir con Ucrania lo prometido a sus votantes, asunto no menor que se ha decidido olvidar. Eso es lo único democrático que está pasando, lo demás es poder, obediencia y fentanilo narrativo.
La posibilidad de la Gran Coalición CDU-SPD, que da sopor, excita mucho en España. Es el ideal, el viejo sueño. «Si no fuera por el PSOE…», se lamentan. Si no consiguen un Vox bueno, les queda soñar con la aparición, por fin, del PSOE Bueno. Entonces se unirán el yin y el yang como en una titi de Die Linke y el Consenso será great again. Es una gente curiosa. Nunca pidieron salarios alemanes para los españoles, solo koalitionen.