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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Del motorista de Franco al cerrajero de Sánchez

4 de octubre de 2016

Si algo tienen en común Franco y Pedro Sánchez es que han ventilado a los discrepantes a golpe de silencio, uno enviaba al motorista mudo, que solamente entregaba la carta y sin quitarse el casco, se volvía a subir en la moto y desaparecía como un sioux en la pradera. El cerrajero también es mudo, aparece para cambiar la cerradura del despacho y se desvanece como el vapor de un buen cocido.

Se ha puesto de moda en la política actual eso de llamar al cerrajero y que se cierren los despachos de los discrepantes, los imputados o los despistados. Las cerraduras se cierran, pero en el PSOE las bocas se abren, sobretodo si quien toca el timbre es Felipe, el amo de la Doña. A Sánchez le ha salido mal hasta la jugada del cerrajero, porque para poder cambiar las llaves del piso, querido Pedro, hay que ser el dueño de la casa.

Como esto va de profesiones y oficios, os cuento que lo más importante en todo este Comité de la marmota y el sacrificio socialista no es el resultado, que también, si no el detonante. Aquí lo realmente grave es que alguien que pretendía ser Presidente del Gobierno de España, no fuese capaz de rodearse de algún estratega, porque incluso ZP supo rodearse de los fontaneros de Felipe, principalmente de José Enrique Serrano (que ejerció con Felipe, Serra, ZP y Rubalcaba, ahí es nada). Por eso nadie, hasta hoy, había hecho tanto el ridículo y había llevado tan al abismo al PSOE.

A Pedro le entró la fiebre del sillón, también llamada “el mal de Gallardón”, que es una dolencia que ataca al sistema nervioso provocando una extrema ansiedad y el enfermo solamente encuentra descanso si se adhiere a un sillón con poder. A Gallardón le pasaron a cuchillo en varias ocasiones, a Pedro ya le han troceado un par, veremos si hay más… pero a lo que íbamos, este mal ataca a gente impaciente, que tienden a tomar las decisiones en solitario o bien consultar con mentes poco brillantes (para que no les hagan sombra). Pedro no quiso esperar 4 años siendo el jefe de la mayor oposición de la historia de la democracia, no le valía eso, él quería ser Presidente ya, a toda costa. 4 años serían suficientes para cualquiera, aún más teniendo 44 años, toda una vida para sentarse en La Moncloa, pero Pedro lo quería ya, quería poner la chimenea en Moncloa.

Pedro deja un PSOE donde destaca especialmente la “P” de partido, partido en dos, entre los que de verdad son socialistas y los que son meros podemitas amamantados de la teta zapateril, criados en el sueño de que lo bueno es la izquierda y lo malo lo demás.

De Sierra Morena han venido a sisarle a Pedro el sillón y el pobre todavía se pregunta si mañana es viernes. Puñales flamencos que bailan sobre los restos de un PSOE imperial, conquistador de territorios y corazones, reducido hoy a pinche de Podemos, a becario del escrache y que a duras penas podrá recomponerse sin expurgar detenidamente todos los podemitas que se les han agarrado al cuero cabelludo.

De lo que podemos estar seguros es de que por Ferráz no habrá ya mucho fontanero, ni motorista, ni cerrajero, lo que ahora se lleva en “Casa Soe” es el afilador, con su típico “chiflo” tocando el “tiruriiiiiii, tiru….. afiladooooor” y la motillo con la piedra de afilar los cuchillos, porque oigan, atravesar ciertas espaldas mella mucho las navajas.

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