«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

‘Nacionalosis’

9 de octubre de 2013

 Ya sé que el término que acabo de emplear no existe, así que no pierdan tiempo recordándomelo (a mí también me gusta inventar). La palabra nacional, por su parte, es las más de las veces un calificativo derivado del sustantivo nación. El sufijo osis, a su vez, me dicen que, en Medicina, da idea de enfermedad crónica, añeja. Por lo expuesto, cuando uno hace de sus convicciones nacionalistas (¿o de sus intereses económicos?) el único motivo, el norte y la guía de su conducta, quizá hay que sustituir el sufijo ista por el de osis.

Muchas veces, para defenderse de las críticas, los nacionalistas (ahora ya independentistas) catalanes nos acusan de lo mismo a quienes nos oponemos a la secesión de Cataluña; nos acusan, en fin, de “nacionalistas” españoles. La verdad es que no tienen razón, según me parece a mí. No nos vamos a extender en argumentos históricos (que los hay de sobras) para marcar las diferencias.

Basta con revisar lo sucedido en los últimos años y uno puede constatar que el callejón sin salida en el que Artur Mas se ha metido y quiere meternos a todos no es sino una exageración enferma y distorsionada del sentimiento primario de algunos habitantes de Cataluña. En efecto, Mas y los suyos saben que, de entrada y si no mediara la tremenda crisis económica que nos cayó encima, buena parte de quienes ahora le siguen no irían con él ni a la vuelta de la esquina. Y también sabe –porque tonto no es– que, traficando con sentimientos de confrontación y de naturaleza identitaria, puede a corto plazo movilizar bastante gente, quizá mucha.

Lo malo del caso es que eso no lo puede hacer sin crear una fractura social importante en Cataluña, mucho más preocupante y peligrosa que los pequeños seísmos que ahora se dejan sentir en el sur de Tarragona; porque esos microseísmos desaparecerán, pero el mal poso social que todo este jaleo está creando y que aún crecerá bastante más, nos va a crear muchos problemas.

Lo malo del callejón sin salida no es que no haya salida; lo malo es que Mas se ha cortado a sí mismo la retirada y puede tener la tentación de morir matando. De las tripas revueltas se pasa al odio en las miradas; del odio de la mirada se pasa a la palabra insultante; de ésta, muchas veces, puede pasarse a las manos; y, de las manos… ¡Dios nos libre adónde se puede pasar!, sobre todo, cuando uno es capaz de decir que la Ley (la Constitución) le importa un pito (o los cinco mil pitos que compró Jordi Pujol junior para pitar al Rey), y está dispuesto a llevar a un pueblo, incluso, al enfrentamiento violento. ¿Que estoy exagerando? ¡Ojalá Dios y el tiempo me quiten la razón!

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