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Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.
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Iván Vélez (Cuenca, España, 1972). Arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno. Autor, entre otros, de los libros: Sobre la Leyenda Negra, El mito de Cortés, La conquista de México, Nuestro hombre en la CIA y Torquemada. El gran inquisidor. Además de publicar artículos en la prensa española y en revistas especializadas, ha participado en congresos de Filosofía e Historia.

Notas sobre el informe Cilevics

Días antes de que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa sometiera a consideración el humanístico informe elaborado por el letón Boris Cilevics a propósito del trato recibido por los golpistas que cumplen condena por sus graves delitos, en ese reñidero llamado Twitter, el perfil que responde al nombre de Andrei Kononov – @andrei_kononov- hizo públicas las conexiones de aquél con el Open Society Institute, organización tras la cual se oculta el magnate George Soros, cuya labor a favor del secesionismo catalán ya fue expuesta por Juan Antonio de Castro y Aurora Ferrer en su Soros. Rompiendo España (Homo Legens, 2019).

Los Derechos Humanos han servido a las potencias políticas encargadas de administrarlos para favorecer sus intereses

Cilevics es el fundador de MINELRES, un directorio sobre Derechos Humanos financiado por la Open Society, que se ha dedicado a la elaboración de informes sobre las minorías étnicas europeas, tarea para la que nadie puede ser más útil que un elemento perteneciente a una de las repúblicas surgidas tras el derrumbe de la Unión Soviética. Como es sabido, desde el final de la II Guerra Mundial existe una larga tradición de fichajes, convenientemente blanqueados, de individuos procedentes de la Alemania nazi o de la propia URSS, de cuyos desprendidos bordes bálticos procede un Cilevics que ha participado en una decena de proyectos europeos de Derechos Humanos financiados por entorno soriano.

Surgidos durante el atómico tiempo de silencio abierto en 1945, los Derechos Humanos, a los que el mundo coranizado dio cumplida respuesta con la aprobación en 1990 de la Declaración de El Cairo, que hacía pasar a aquéllos por el riguroso aro de la sharia, han servido a las potencias políticas encargadas de administrarlos para favorecer sus intereses. Al cabo, el rigor en la aplicación de tales derechos choca con la tozuda realidad de un mundo sobre el que no se asientan humanos desprovistos de atributos, sino ciudadanos de naciones con intereses contrapuestos y grandes desequilibrios de poder. Bajo tan elástico como oportunista amparo, Cilevics ha firmado un informe titulado ¿Deberían enjuiciarse los políticos por declaraciones realizadas en el ejercicio de su mandato?, en el que, además de establecer paralelismos entre Turquía y España, se acumulan argumentos y afirmaciones tan semejantes a los sostenidos por el mundo lazi como compatibles con las iniciativas impulsadas recientemente por el Gobierno indultista, que debe su poder al apoyo de secesionistas de diverso pelaje. En su escrito, don Boris llega a exhortar a las autoridades españolas a reformar las disposiciones penales sobre rebelión y sedición, pero también, citamos textualmente, a «considerar la posibilidad de indultar o liberar de prisión a los políticos catalanes condenados por su papel en la organización del referéndum inconstitucional de octubre de 2017 y las manifestaciones masivas pacíficas relacionadas, y considerar la posibilidad de abandonar los procedimientos de extradición contra los políticos catalanes que viven en el extranjero y que son buscados por los mismos motivos», petición, esta última, que bien pudiera haberse redactado en un maletero. 

La medida no hace sino desarrollar planes largamente elaborados por personas ajenas al mundo de Sánchez y sus corifeos

La concesión de los indultos ha sido interpretada por muchos como el pago hecho a los golpistas por un narcisista, Pedro Sánchez, a cambio de permanecer más tiempo en La Moncloa, lugar en el que recibió a Soros apenas había comenzado su mandato. Razones no faltan para ello, habida cuenta de las muchas ocasiones en las que el madrileño ha demostrado ser un hombre pagado de sí mismo. Sin embargo, reducir semejante decisión a los intereses egoístas de un único individuo, supone incurrir en un flagrante psicologismo, pues el poder de Sánchez no es omnímodo. Otras son las razones que sustentan tal medida de gracia para con unos individuos que han advertido que volverán a cometer delitos tan graves como los que les han conducido a prisión. Sin descartar las satisfacciones o pasajeras contrapartidas que los indultos puedan ofrecer al ego diminuto del Presidente, la medida no hace sino desarrollar planes largamente elaborados por personas ajenas al mundo de Sánchez y sus corifeos. Hombres como el filósofo suizo Denis de Rougemont, federalista e ideólogo de la Europa de las regiones en las que encajaría una Cataluña independiente, pero también aquellos que se integraron en la Plataforma de Convergencia Democrática, estructura de la que formaron parte el PSOE y UGT, entre otros, en la que se larvó gran parte de una Constitución, la vigente, que dejó la puerta abierta, bajo la coartada servida por su artículo segundo, a la existencia de colectivos facciosos que operan dentro de la legalidad financiados por el dinero público que sirve para comprar las voluntades de relatores, periodistas, clérigos, empresarios, sindicatos y oscuros agentes al servicio de determinadas balcanizaciones.

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