Prosigue la guerra en Irán. Una guerra que a decir de muchos, casi todos, Trump empezó obligado y para la que, sin embargo, le piden un plan; guerra que, por supuesto, va perdiendo.
Confluyen aquí fuerzas poderosas: el antiamericanismo, el antisionismo y, no hay que olvidarlo, el antitrumpismo, el llamado síndrome TDS, un trastorno que debería entrar en la seguridad social.
En este batiburrillo o Gran Ganga («Gran ganga, gran ganga, soy de Teherán; gran ganga, gran ganga, tú eres de Teherán») se repite a menudo que Israel y EEUU forman la Alianza Epstein y no se privan de hablar de la pedofilia de Trump sin prueba alguna, porque pruebas solo hay de lo contrario.
Quizás lo único bueno de una guerra sea que aprendemos cosas como la existencia de la isla de Kharg, de la que ya hablaba Trump en los 80. Algunas cosas suenan a mitos o leyendas. Por ejemplo, que el régimen iraní dio órdenes de violar a menores vírgenes antes de ejecutarlas. Sucedió en los 80, momentos de gran represión (a toda revolución le sigue el terror), según algunos testimonios, entre ellos, el del director de una prisión. Para evitar que las menores fueran al cielo de las vírgenes, los carceleros o guardianes se casaban la noche anterior y consumaban.
Parece increíble tanta crueldad, pero no quedaba muy lejos la jurisprudencia del mismo Ayatola Jomeini, que en las normas relativas al matrimonio, detalla qué se puede hacer con una niña:
«No se permiten las relaciones sexuales con una mujer a menos que ésta cumpla nueve años de edad, independientemente de si el matrimonio es permanente o temporal. Sin embargo, no hay objeción en otros placeres como tocar lascivamente, abrazar y frotar los muslos, incluso con un bebé lactante. Si una persona ha tenido relaciones sexuales con una niña antes de que ella haya cumplido los nueve años, pero no ha resultado en ifda (el desgarro entre los tractos vaginal y anal), no será sometida a castigo alguno, excepto que se considerará que ha cometido un pecado. Si su relación ha resultado en ifda, de manera que el urinario y el menstrual o el menstrual y el fecal se han convertido en uno, le quedará perpetuamente prohibida», según traducción de la regla número 12 de la sección 38 de las Tahrir Al-Vasilah (edición del Instituto para la compilación y publicación de las obras del Imán Jomeini. Teherán. 2007).
Alguna influencia en la legislación civil tuvieron estas recomendaciones porque tras la revolución se redujo la edad legal para contraer matrimonio. En la actualidad está en los trece años (quince para los chicos), aunque niñas de menor edad pueden casarse con permiso de sus padres y aprobación de un Tribunal. No leo farsi, pero consta así en una página del gobierno del Reino Unido o en un informe oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores australiano, y ha sido objeto de denuncia por asociaciones humanitarias que han hablado de «pedofilia institucionalizada» o «pedofilia legalizada». Recuerden esto cuando lean o escuchen las flatulencias tercermundistas sobre la Alianza Epstein.