«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Parar y reordenar

30 de octubre de 2025

En una entrevista reciente a Eldigitalsur de Tenerife, Abascal dijo, entre otras cosas, esto:

«¿Cómo voy yo a decir que tienen que seguir viniendo extranjeros? Pues creo que no, ni legalmente ni ilegalmente, por supuesto. Creo que no es el momento de llamar a una mayor inmigración. Creo que es el momento de reordenar el país y de hacer que vuelvan los jóvenes españoles formados que han tenido que dejar España».

Parece una cosa más, pero es interesante introducir el momento en la cuestión de la inmigración. No perderse en discusiones abstractas sobre inmigración sí o no, o cuánta, o cómo o de dónde… sino transmitir, porque es así, que no es ya el momento, venga de donde venga, llegue por donde llegue. Es una forma sensata de presentar una ruptura total.

Y aparece una palabra importante: reordenar. Samuel Vázquez, que se ocupa de la cuestión policial y de interior, ha hablado alguna vez de «partido de orden». El partido que se dedicaría a hacer cumplir unas normas que no ha hecho mientras otros incumplen las normas que aprobaron. La palabra reordenar añade un matiz de recuperación, de restablecimiento.

En la entrevista que Nieves B. Jiménez realiza a Alejandro Macarrón y que saldrá en Ideas este fin de semana, el demógrafo utiliza en algún momento la misma palabra: «reordenar».

El lema debería ser: parar y reordenar. Detener los procesos, las derivas. Cuando algo ha perdido la dirección y va hacia el desastre, lo urgente es detenerlo.  España está sometida a fuerzas que no controla, superiores, y la inmigración, con la entrada de millones de personas en breve tiempo, es una de ellas, con su haz de efectos en todas direcciones.

A menudo en el debate inmigratorio se olvida la cuestión del momento. Se olvida porque debería estar unida a la decisión. Podría haber momentos mejores, momentos peores, pero eso exigiría una deliberación, estudio, un debate que no ha habido.

Después de millones de personas llegadas sin una decisión democrática, sin que se sepa bien por qué, todo debate ulterior es ocioso y hasta contraproducente. Hay que echar el freno. En primer lugar, porque esto no lo ha decidido nadie; en segundo, porque los efectos se escapan de lo previsible.

La idea de orden es fundamental y es una idea un poco olvidada en la derecha. Las nuevas derechas dicen ser muchas cosas pero a veces se olvidan de lo primero que se le pide a un partido así: el orden, pero no un antipático orden público a porrazos, sino el retorno a una sensación de control, ahora perdida, entre otras cosas por sentir que se está a merced de procesos ajenos, globales, que nos deciden.

Parece un gran slogan: parar y reordenar. Detener la maquinaria (no ya del 78, del 78 degenerado, zapaterizado y pasado por el filtro globalista) y que la gente pueda volver a tener el control del país que quiere. O al menos, a sentir que se tiene, que alguien lo tiene.

Una especie de Brexit de sí misma. Sacarse España de esta España. Un salirse de Esto para que el pueblo (a veces no hay otra forma de decirlo) retome el control o lo tome, porque nunca lo tuvo. Esto es: es como un Brexit aquí. Han de activarse mecánicas, inercias, persuasiones de un Brexit.

La idea de orden transmite energía y decisión hacia el sentido común. Todos sabemos, en relación con casi todo, qué es lo ordenado.

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