«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
La Gaceta de la Iberosfera
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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Peninsularidad

13 de febrero de 2024

La divertidísima serie Beef (Netflix), de lo mejor de los últimos tiempos, está protagonizada por norteamericanos de origen oriental. Esto le da algo refrescante: sus emociones son reconocibles, pero están expresadas, con rostros enigmáticos, de un modo que resulta menos predecible. Su director es coreano, Lee Sung Jin, y en la serie deja caer reflexiones sobre la «coreanidad». Una, muy curiosa, es que los coreanos de Estados Unidos tienen algo en común con los italoamericanos: «La mentalidad peninsular». No se termina de aclarar, pero quizás sea algo recalcitrante, cercano a lo insular, lo casi-insular, que en la vida estadounidense emparentaría a los coreanos con los italianos.

La definición de península es una de esas cosas que se recuerdan del cole: extensión de terreno rodeada de agua por todos lados menos por uno, que se llama istmo. España es una península. A veces se olvida la geografía. Se suele hablar de península como forma de huir de lo español o en la información del tiempo,  como aquello que se relaciona con el clima, ahora forma sufriente.

Somos península, como Corea, como Italia… como los Balcanes. Y qué península: nos toca el Mediterráneo, el Atlántico, Europa, y África nos roza, casi como otro mar que viene y va, con vientos, flujos, penetraciones más o menos insidiosas…

¿Qué será la «mentalidad peninsular»? Tiene que ser algo respecto al resto. Nuestra peninsularidad es lo ibérico, la iberidad, y nos emparenta con Portugal. Este medio, LA GACETA, es gaceta de la Iberosfera y existe la iberofonía: las áreas en las que se habla español y portugués, dos lenguas que se entienden, de espaldas porque se entienden. Frigdiano Álvaro  lo define como una «afinidad». La iberofonía sería un área geolingüística en la que se proyectó una península; algo más que una fonía, más que una mutua comprensión de lenguas; una afinidad, una semejanza cultural, una familiaridad civilizacional que estaría explicada en los pliegues de nuestra peninsularidad. También en lo romance-neolatino y la catolicidad.

Vastísima voz ahora afónica en el mundo, lo iberófono puede acabar siendo solo un acento, una iberofilia, una iberofratría, una ligera inclinación, como compartir simpatía por un equipo de fútbol. El español es la lengua más hablada del hemisferio occidental, pero se deja definir «Occidente», el Occidente que exploró, imaginó, consolidó, incapaz siquiera de asumir la responsabilidad del «Occidente Próximo» del que hablaba D’Ors.

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