«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Priorité a gauche

21 de abril de 2026

En un artículo reciente hablaba Arcadi Espada en El Mundo sobre la propuesta de la prioridad nacional. «El PP no debe hablar la misma lengua sucia de trapo que Vox. Copiada, por supuesto», añadía, con el tono faltón propio del Consenso estos días, y como si descubriera algo definitivo, situaba la «trazabilidad» del término en el libro de Jean-Yves Le Gallou de los años 80 sobre la preferencia nacional que Le Pen hizo suya. Después, la «preferencia» pasó a «prioridad» porque, explicó Marine, el término había sido distorsionado convirtiéndolo en «preferencia étnica, racial o religiosa».

El espíritu era el mismo, y en realidad arrancaba de mucho antes. Las primeras propuestas surgen de la izquierda en la Francia de la Tercera República, a finales del siglo XIX, cuando el país, ya renqueante de natalidad, se industrializa y tira de inmigración.  

Entre el internacionalismo marxista y el internacionalismo globalista la izquierda, en Francia al menos, tuvo un instante nacional y se llegó a proponer un impuesto al trabajador extranjero, justificando esa y otras propuestas con la defensa de los valores de la República, la Declaración de los Derechos del Hombre y la igualdad entre nacionales y extranjeros, pues los segundos quitaban el empleo a los franceses y podían recibir ayudas de beneficencia sin tener la obligación de acudir a filas y defender con su sangre el país.

Como ejemplo de preferencia nacional puede mencionarse un decreto de 1899 del socialista Millerand que exigía a los contratistas públicos que dieran prioridad a los trabajadores franceses y una ley de 1932, votada por el centro-izquierda y los socialistas, que extendía la preferencia al conjunto del trabajo privado.

Tras la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo del Estado de Bienestar, la reivindicación pasa de la protección del trabajo a la percepción de ayudas o derechos sociales.

De ese término, «prioridad nacional», parecería que lo escandaloso es la prioridad, pero en realidad es la segunda parte, nacional, lo conflictivo.

Las medidas de protección del trabajo surgen en una Francia que edifica la república sobre el principio, romántico si se quiere, de la soberanía nacional dentro del (hoy arcaico) Estado-nación y nada podía tener de extraño, salvo para el comunismo, que el nosotros protegiera sus derechos frente a un ellos, porque ese nosotros constituía el gran logro (político, social y educativo) de la República Francesa.

En la actualidad, la prioridad o preferencia no es una idea escandalosa. Estamos habituados a ella en nuestro ordenamiento y en el discurso en boga. La discriminación está a la orden del día. Lo escandaloso es que no venga establecida por sexo, género, idioma, origen, minoría o particularidad woke, sino por lo nacional.

En el actual momento posnacional, de la «prioridad/preferencia nacional» lo escandaloso es precisamente eso, que sea nacional; término, por cierto, tabú en la originalísima formulación política de Espada y sus Ciudadanos.

Fondo newsletter