A los pocos minutos de conocerse la noticia de la muerte de Mari Carmen, el comentario ya corría por las redes sociales como liebre por el monte: «¡Seguro que se la han cargao!«. O la gente es muy peliculera, o conocen muy bien la Historia de España, una de dos. Enseguida, los memes, las ocurrencias y el chispeante humor dentro del luctuoso momento. España es uno de esos lugares (no crean que hay tantos) donde siempre se ha conjugado con mucho arte el luto con la fiesta y el duelo con el humor; vayan a los velatorios que aún se hacen en los pueblos pequeños, y lo comprobarán. A los diez minutos de haber acabado de llorarle al finado, ya está alguno contando chistes.
La perroflautada se lanzó a las calles a culpar de la muerte de Mari Carmen a «la ultraderecha», probablemente sin saber (o sin querer recordar) que la señora a quien culpó de su desahucio fue a Pedro Sánchez. Pero, miren, la izquierda cuando se echa al monte (que es donde más a gusto está), nunca atiende a razones. «Y tú, ¿adónde vas?», preguntaba uno. «¿Yo?, ¡detrás de éstos!», respondió otro con cresta y cara de despiste. A tomar las calles con razón o sin ella, con Mari Carmen viva o muerta, lo mismo les da. Jamás le ha importado a la izquierda la vida de las personas, y esta vez no iba a hacer una excepción.
Tuvo que salir el Community Manager de VOX a decir lo que muchos estábamos pensando: «Han matado a Mari Carmen». Pero no como mataron a Andreu Nin, secuestrándolo primero y acribillándolo luego a balazos, aún sabiendo que pensaba igual que ellos. No ha hecho falta. A esta señora la han usado primero, se han aprovechado de su caso (nada representativo, por cierto, del problema de la vivienda en España), y cuando lograron llenar la Puerta del Sol de aficionados al hachís y de vagos, se olvidaron de ella; insisto, lo que siempre ha hecho el socialismo en todo tiempo y lugar: utilizar a las personas para conseguir el poder de sus líderes.
Probablemente, con 87 años, Mari Carmen no estaba para que la llevasen de manifestación por Madrid, ni para que le pusieran la cabeza loca con sus majaderías. Necesitaba tranquilidad y una solución para su problema; algo de lo que, por cierto, se ocupó personalmente el alcalde de Madrid en cuanto vio que la izquierda iba a amortizar el desahucio en las urnas. Si se hubiese hecho caso a Hermann Tertsch y se le hubiera practicado la autopsia al cadáver, seguramente veríamos cómo el innecesario pico de stress, en una anciana debilitada y con tan pocas defensas, tuvo mucho que ver con el fatal desenlace. Pero ya saben ustedes que las autopsias suelen dejar en muy mala situación a los rufianes, y «por lo que sea», nada sabemos del tema.
Es necesario recordar, aún a riesgo de ganarnos a pulso el cartelito de «peligroso fascista«, que el PSOE tiene la más sanguinolenta historia criminal de la política europea del último siglo. Como ha demostrado recientemente Javier G. Isac en su espléndida obra, publicada en dos volúmenes, no hay delito, crimen, asesinato o golpe de Estado que no haya perpetrado, o al menos intentado, el partido fundado por Pablo Iglesias. Y qué decir de sus «hermanos de leche» comunistas, cuyo líder organizó el más cruel genocidio llevado a cabo en España en todo el siglo XX, en Paracuellos del Jarama; un genocidio del que se van a cumplir 90 años dentro de pocos días. A la izquierda española le gusta tanto la muerte ajena que jamás se ha separado de ella.
Ya no hay campaña electoral en España sin arrebato, sin tumulto, sin atropellos y sin caos. Cuando no reciben sobres con armas que luego nadie investiga, mandan a sus matones a apedrear a los fachas de VOX, o montan un pucherazo de última hora con alguna empresa deudora de favores. Todo en ellos lleva el triste signo de la iniquidad. Dios nos proteja a todos, porque no sería la primera vez que, con tal de conservar o de alcanzar el poder, son capaces de perpetrar una verdadera infamia. Los muros de esta patria mía ya lo vieron casi todo.