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Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.
Hughes, de formación no periodística, es economista y funcionario de carrera. Se incorporó a la profesión en La Gaceta y luego, durante una década, en el diario ABC donde ejerció de columnista y cronista deportivo y parlamentario y donde también llevó el blog 'Columnas sin fuste'. En 2022 publicó 'Dicho esto' (Ed. Monóculo), una compilación de sus columnas.

Tractores de nuestros abuelos

7 de febrero de 2024

El porcentaje de españoles con algún abuelo agricultor tiene que ser alto. Muy alto. Pero no servirá para despertar mucha solidaridad en un país acostumbrado a la indignidad.

Tras el éxodo del campo a las ciudades, no fueron pocos los que adoptaron, para sobrevivir o prosperar, la estrategia del olvido. Desertar del arado, renegar del terruño. Una nueva nacionalidad en la urbe. Millones de españoles han sido desleales a la tierra de sus padres (Rufianes), ¿qué reacción puede esperarse de ellos ante la amenaza al modo de vida de sus abuelos?

Protestan los agricultores y reciben, para empezar, la resignificación de la izquierda. «Empresarios del campo», los llama Unai Sordo. Menosprecio urbano-obrero-sindical: mientras agotan la demagogia con el Paco de Los Santos Inocentes, fabrican una para los inmigrantes que vengan.

Los agricultores han sufrido también las primeras dosis de represión policial. No van a recibir mucha solidaridad por ello. El agricultor español es un tipo humano al que desprecian y al que preferirían ver convertido en recuerdo. Son individuos indignos de ecología.

Pero ni el abandono sindical ni los palos de los antidisturbios; lo peor es la frialdad imperturbable de la ministra Teresa Ribera, la más temible de todo el gobierno. Una auténtica iluminada. Habló con su habitual altivez autoritaria: los agricultores están siendo manipulados y deberían apoyar más el Plan Verde. El paternalismo es mareante. Los agricultores no saben lo que les conviene. Natural es que la ministra de Transición Ecológica lo sepa mejor.

Sufrimos la Transición Política y sus efectos, varias crisis económica, y ahora viene la Transición Climática, que promete ser la peor de todas, con otro tipo de austeridad, una austeridad que alcanzará lo filosófico. Es una política-religión inatacable que somete todo a unos criterios científicos que por serlo resultan superlegitimados.

¿Para qué necesita la UE democracia si ya habla la Ciencia por ella?

Pero incluso si se acepta la Transición Climática, también su modulación (la dichosa implementación) resulta incuestionable. Políticos inelectos movidos por una burocracia providencial deciden algo a mucha distancia y aquí solo nos queda soportar a los «transponedores», los capataces del PSOE y el PP (nuevo engaño del peperío mediático liberalio: se percibe en ellos ahora, para disimular con el agro, un deshielo populista y hablan de elites, admiten que la UE sea falible y hasta se permiten rozar la crítica al irracionalismo globalista…).

Discutir la Transición Climática es pecado (negacionismo) pero tampoco se puede discutir su ejecución europea. Es un sovietismo al revés: un dirigismo intervencionista no para el crecimiento industrial sino para crecer menos; no para crecer más que nadie sino para que crezcan otros; una planificación no para el desarrollo nacional sino para el desarrollo del exterior. Así, Europa comprará los alimentos a países como Marruecos, por un lado, y la tecnología ambiental (placas, molinos…) al gran productor actual, China, el mayor agente contaminante del planeta. El rey del dióxido de Carbono. ¿Y si fuera el clima la excusa para justificar deslocalizaciones forzosas? (Rozo el delito de odio contra el Planeta Tierra).

Estos planes son un liberalismo muy paradójico que pasa por intervenir sectores enteros de la economía y cambiar la estructura de incentivos de los agentes. Además, en un mundo sin barreras (no demográficas, no culturales) todo se basa en que la producción contaminante de Europa es independiente de la de China (como si hubieras barreras de pladur hasta el espacio exterior…).

La UE verde es un sovietismo amable y decreciente. Stalin quería un paraíso en la tierra, los jerarcas de la UE evitar el apocalipsis. Pero detrás de esa escatología hay gente llevándoselo crudo. Como todo es un milenarismo kafkiano sospechosísimo, pero muy grave y real en sus efectos, producirá resistencias, así que la UE (y España ya es puntera) deberá desarrollar dos sectores económicos fundamentales: la represión (la porra) y la propaganda (la trola). En esto Europa no impone cuotas. Pero de fondo, no hay que olvidarlo, junto a esta lógica elitista de los «transponedores»,  late un profundo rechazo cultural hacia el Agricultor Español, un vestigio humano y antropológico que les espeluzna. Después de las figuras de subversión espiritual (religiosa), quizás sea lo que más detestan.

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