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ya en el año 125 el papa san telesforo instituyó la misa de gallo

Del «Dios ha muerto» de Nietzsche al «nada que celebrar en Navidad»: la obsesión por desmontar la veracidad del nacimiento de Cristo

La Adoración de los pastores. Gerard van Honsthorst.

Abrir los ojos, hacer lo evidente, es muchas veces la más útil de entre todas fuentes científicas y periodísticas. Poco tiempo después de que el filósofo alemán Nietzsche proclamara su famoso «¡Dios ha muerto!», un joven católico le respondía con aquellos versos de la Liturgia de las horas:

«Quien diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto,
ni en la montaña se esconde;
decid, si os preguntan dónde,
que Dios está sin mortaja
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde»

Muerto Nietzsche, el mundo celebra hoy, un año más, el nacimiento del Niño Jesús. Y aunque nos escandalicen las felicitaciones aguadas y asépticas, marcadas por el contorsionismo, de la mayoría de nuestros políticos, tan proclives a felicitar las «fiestas», más deberían escandalizarnos las investigaciones periodísticas que cada año vienen a explicarnos que Jesús no existió. Es el «nada que celebrar» de la izquierda indigenista disfrazado de un antipático perfil antinavideño.

Hace apenas unos días decía un artículo de El Mundo: «No sabemos si a su llegada a Jerusalén poco antes de su muerte tuvo lugar la escena del Templo en la que Jesús irrumpe con violencia y clama contra los mercaderes que han hecho de la casa del Señor una cueva de ladrones. Pero es evidente que semejante agresividad no casa bien con la reinvención que dibujan sus seguidores».

La investigación del diario de Unidad Editorial, basada en un libro de Fernando Bermejo Rubio, venía incluso a sugerir la violencia del tal Jesús. Apenas existió, pero si así fuera, aquel nazareno nada tenía de pacífico, pretende explicar el artículo: «Al igual que otros maestros espirituales de entonces, y de manera necesariamente violenta, Jesús se opuso al dominio romano desde una concepción nacionalista».

Precisamente el autor del libro quiso defender esta tesis: «El episodio del Templo probablemente es ficción, pero lo que no puede ser ficción es el carácter violento de Jesús que las fuentes se vieron obligadas a reflejar a su costa. Como, por cierto, debieron ser violentos sus discípulos más cercanos, que es evidente que portaban espadas y que sabían usarlas». Su violencia es inventada y cierta al mismo tiempo. Jaque mate argumental de El Mundo.

Pero no sólo lo hizo desde las páginas de El Mundo. Unánime toda la prensa en favor de la crítica a la existencia, real e histórica, de Jesucristo, así como a la celebración de tal festividad, Bermejo Rubio escribía la semana pasada en las páginas de El País: «El Jesús de la historia diverge de forma sustancial de aquel cuyo retrato ha construido la tradición cristiana y se ha reflejado en la fabulosa leyenda navideña. Lejos de la humildad y de la mansedumbre que se atribuyen a quien habría nacido en un pesebre, un examen pausado de las fuentes revela en él a alguien que aspiró a ostentar el poder como rey mesiánico en la sociedad teocrática».

A lo largo y ancho de las páginas de El País se han podido leer, además, decenas de noticias sobre la verdadera celebración de estos días. La más sorprendente, la declaración desacomplejada de un tal Juan Pablo Calvás: «No hay reivindicación más bella para la ciencia que aquella que se consumó un 25 de diciembre de 1642 en Lincolnshire, Inglaterra. ¿Cómo iba a anticipar el pontífice Julio I, más de mil años antes, por allá en el 350, que el día que eligió de manera arbitraria, mas no gratuita, para celebrar el natalicio de Jesús iba a ser la —esa sí— verdadera fecha de nacimiento del hombre que se convertiría en un huracán capaz de despejar las tinieblas de la religión renovando al mundo con los buenos vientos de la razón? Hay que decirlo sin pena y ojalá multiplicar esa verdad: el real redentor de la humanidad sí nació un 25 de diciembre, pero no hace 2023 años, sino hace 381″. Este buen hombre de Prisa se refiere a Isaac Newton.

También en la cabecera de El País escribía hace un año Juan Arias: «Es posible que todo lo que nos han enseñado sobre la infancia de Jesús y la Navidad sea más mito que historia, y que el profeta judío no naciese en Belén y seguramente no en la noche del 24 al 25 de diciembre».

Todas estas patrañas de periodistas antinavideños quedan sencillamente acreditadas con la Historia. Aunque muchos pretendan celebrar el nacimiento de Newton o la jornada del Sol Invictus, lo cierto es que el Papa San Telesforo (125-136) instituyó la misa del Gallo para conmemorar el nacimiento de Cristo y otro de sus coetáneos, San Teófilo (115-181), explicó que había que celebrar el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre. Apenas un siglo después del acontecimiento, el mundo ya celebraba la Navidad. Lo mismo aseguró San Hipólito (170-240), que en su «Comentario sobre Daniel» afirmó la veracidad de la fecha: el nacimiento de Cristo ocurrió el 25 de diciembre. Y hoy celebramos su 2023 aniversario, aunque les pese a El Mundo y El País.

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