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cuatro jóvenes se inventaron un testimonio inverosímil

El informe de Gabilondo sobre los abusos en la Iglesia contiene falsedades acreditadas: «Debe dimitir»

El Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Europa Press.

Que el «Informe sobre abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia» contiene mentiras no nos sorprende. Datos mal calculados, extrapolaciones injustificadas, llamadas telefónicas sesgadas, porcentajes alterados, equiparación en los abusos… Las prácticas chapuceras del Defensor del Pueblo a lo largo de las casi 800 páginas contra la Iglesia deberían ser suficientes para provocar la dimisión de Ángel Gabilondo.

Estos últimos días, sin embargo, ha saltado a la palestra una nueva polémica relacionada con el infame informe. Basado en gran medida en una investigación del diario El País, se ha descubierto que dos de los testimonios recogidos son falsos. Deliberadamente falsos. Así lo ha confirmado los autores de esos testimonios.

En junio de 2022, cuatro amigos acordaron en comprobar el rigor periodístico de El País y la fiabilidad del Informe del Defensor del Pueblo. Dudosos sobre las prácticas de un periódico poco ecuánime y de una institución pública al servicio de la ideología, estos jóvenes se inventaron un nombre ficticio: Sergio Gámez. La narrativa inventada por estos cuatro amigos fue primero publicada en El País el 7 de julio de 2023 y después recogida en la página 246 del Informe de Gabilondo.

Estos amigos se sorprendieron al ver su falso testimonio publicado, que apenas consistía en un correo electrónico enviado a El País. Esa es toda la credibilidad del documento del Defensor del Pueblo. En el Informe, su relato aparece hasta en dos testimonios, el 35 y el 359. «Algunos de estos agresores que privilegiaban a sus víctimas, podían a la vez usar el chantaje o el castigo para evitar la ruptura por parte de la víctima», declara el Informe.

El testimonio inventado por estos amigos explica: «Entramos, y me dijo que me invitaba a merendar, que pidiera lo que yo quisiera […]. Así que accedí a comerme un delicioso bollicao. Lo pagó y salimos de vuelta hacia la parroquia. Le di insistentemente las gracias y él me dijo que me invitaba con todo gusto, pero que debía ser un secreto entre nosotros, para evitar que los demás niños sintieran pelusa o le pidieran también ellos un bollicao. ‘¿Seguro que sabes guardar un secreto?’ […]. A partir de ahí se estableció una complicidad entre ambos, que a mí me complacía extraordinariamente […] ‘no tengas miedo en tocarme los testículos, no pasa nada por eso, estando entre amigos’. Yo no le hice caso a ese requerimiento, aunque era inevitable que tal cosa pasara. Empezó a respirar fuerte y me di cuenta de que se estaba masturbando mientras aquello pasaba… ‘Toma’ –me dio una moneda de 500 pesetas, para que me comprara bollicaos toda la semana».

Todo este relato inventado, que El País dio directamente por válido y Gabilondo calcó en su Informe, fue escrito con un sólo motivo: defender que la Iglesia estaba siendo víctima de numerosas mentiras. «La Iglesia estaba siendo víctima de una campaña absolutamente injusta», aseguran hoy los cuatro amigos. A ellos les sigue sorprendiendo la supuesta veracidad de su mentira: «Impusimos no ser vistos por nadie, ni mantener ningún tipo de contacto que no fuera por email. Les negamos hasta una foto», cuentan los jóvenes.

Su relato incluye un supuesto abuso sexual de un catequista del Camino Neocatecumenal. Este supuesto catequista habría abusado de Sergio Gámez cuando tenía 12 años en una parroquia del madrileño barrio de Aluche, gestionada por los Escolapios. Los jóvenes piden perdón por inmiscuir a esta parroquia en su denuncia falsa, «que seguramente ha generado zozobra». Sin embargo, celebran que la iglesia haya sido ejemplar en su colaboración con la justicia: «Han demostrado una enorme grandeza y una transparencia ejemplares».

Ahora, estos jóvenes denuncian las chapuzas del Defensor del Pueblo al dar por válido su testimonio: «Fue un reenvío, no se aportó dato ningún adicional y nadie pretendió verificar nada. Simplemente dieron por bueno todo, se comieron el bollicao y nos pidieron que rellenáramos un impreso». Por esta negligencia piden la dimisión de Ángel Gabilondo: «Deberían empezar las dimisiones. Deberían pedir perdón a los lectores y suscriptores de El País. Y por otro lado deberían auditar uno a unos los casos de abusos con gente seria y profesional y restaurar a las víctimas verdaderas». Los jóvenes denuncian: «Esto no puede ser el coladero institucional que está siendo».

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