«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
en el país magrebí residen entre unos 37.000 cristianos

Los cristianos en Marruecos sufren acoso, intimidación y violencia para abandonar su fe

Crucifijo. Europa Press

Los cristianos en Marruecos continúan sufriendo acoso, discriminación, intimidación y presiones sociales para abandonar su fe, según recoge la Lista Mundial de Vigilancia 2026, que analiza la situación de los cristianos en los países donde se enfrentan a persecución religiosa.

El informe sitúa a Marruecos en el puesto 23 de los 50 países con mayor nivel de hostilidad hacia los cristianos, ocupando el cuarto lugar en el norte de África, por detrás de Libia, Mauritania y Argelia. Según el estudio, en el país magrebí residen entre 34.700 y 37.400 cristianos, muchos de ellos conversos procedentes del islam.

La organización advierte de que Marruecos mantiene una identidad islámica muy fuerte, lo que provoca que los conversos al cristianismo sean objeto de fuertes presiones familiares y sociales, entre ellas el aislamiento, la pérdida del empleo o la marginación dentro de su propio entorno. Estas presiones no suelen materializarse en persecución violenta sistemática, pero sí en violencia ocasional o hostilidad constante que limita gravemente el ejercicio de la libertad religiosa.

El informe contrasta con otros análisis difundidos por plataformas como Siente Marruecos, que destacan la convivencia interreligiosa y los avances educativos del país como factores de tolerancia religiosa. Dichos informes sostienen que Marruecos es uno de los países árabes más abiertos en materia de religión, una visión que, según Puertas Abiertas, no refleja plenamente la situación real de los cristianos de origen musulmán.

Pese a este contexto, Marruecos cuenta con dos archidiócesis y más de 30 parroquias, además de catedrales en Rabat y Tánger, y el monasterio de Nuestra Señora del Atlas. La Iglesia católica mantiene también una amplia labor social y educativa, con orfanatos, hospitales, centros de asistencia social, comedores y residencias, así como 15 escuelas católicas que acogen a unos 12.000 alumnos.

A estas instituciones se suman proyectos impulsados por Cáritas y otras organizaciones eclesiales que atienden cada año a miles de emigrantes y ciudadanos marroquíes, lo que convierte a la Iglesia en un actor relevante en el ámbito social, pese a las restricciones que enfrentan los cristianos conversos en su vida cotidiana.

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