La diócesis de Masaka, en Uganda, ha confirmado el secuestro del sacerdote católico Deusdedit Ssekabira, ocurrido el pasado 3 de diciembre, en un episodio que ha generado una profunda conmoción en la Iglesia local y ha vuelto a poner el foco en la inseguridad que sufren también los cristianos en el país africano.
Según el comunicado oficial firmado por el obispo de Masaka, Serverus Jjumba, el sacerdote —vicario de la parroquia de Bumangi y director de la escuela primaria Uplift— fue raptado alrededor de la una de la tarde en la zona de Katwe, dentro de la ciudad de Masaka. Los hechos se produjeron mientras se encontraba en su oficina realizando tareas pastorales y educativas. Testigos señalan que los secuestradores vestían uniformes del Ejército ugandés.
Hasta el momento no se ha facilitado información oficial sobre el paradero del sacerdote ni sobre las circunstancias exactas del secuestro. El obispo ha reconocido la gravedad de la situación y ha explicado que la diócesis, en coordinación con asesores legales, está llevando a cabo todas las gestiones posibles para lograr su liberación con vida.
Ante la falta de noticias y la creciente preocupación, la diócesis ha lanzado un llamamiento urgente a la oración. El obispo Jjumba ha pedido a todos los sacerdotes que recen un triduo del Rosario, con los Misterios Dolorosos, por la liberación del padre Ssekabira, por la Iglesia y por la paz en Uganda. La convocatoria se ha extendido también a parroquias, comunidades religiosas y fieles laicos.
El comunicado fue emitido desde la Catedral de Nuestra Señora de los Dolores, en Kitovu, un lugar cargado de simbolismo para la Iglesia local. Allí se recuerda que en 1976, durante uno de los periodos más violentos del país, fue secuestrado monseñor Clement Mukasa, cuyo paradero nunca llegó a conocerse.
Aunque Uganda es un país de mayoría cristiana —alrededor del 85% de la población se identifica como católica o protestante—, la Iglesia no está exenta de amenazas. Sacerdotes, religiosos y catequistas han sido en distintas ocasiones víctimas de intimidaciones, secuestros y violencia, especialmente en un contexto marcado por la inestabilidad política, los abusos de poder y la debilidad del Estado de derecho.