Crítica de ‘Inferno’: El Código Dante

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Otra entrega más de la saga de Dan Brown y vuelta al frenetismo grandilocuente de las aventuras de Robert Langdon. Inferno (Ron Howard, 2016) repite jugada y echa mano de la narrativa rápida y sin demasiadas explicaciones para acercarnos a un mundo apocalíptico en el que un científico ha conseguido un arma letal que eliminaría a la mitad de la población mundial. Partiendo de falacias históricas y argumentos tan manidos como el de la superpoblación -contenidas en la novela-, Ron Howard construye un castillo de naipes a partir de una base tambaleante para contar una aventura anárquica entre Florencia, Venecia y Estambul a la que no le falta espectacularidad, pero tampoco previsibilidad.

Tom Hanks regresa al papel de Robert Langdon, a quien conoce muy bien tras ‘El Código Da Vinci’ y ‘Ángeles y Demonios’, aunque ya haya dejado de aportar algo nuevo a un personaje que ha caído en la rutina. Le acompaña Felicity Jones en su interpretación de un personaje previsible, a pesar de los innumerables giros de guión en el intento de la película de despertar la sorpresa en el espectador.

Inferno es una película para la que es mejor no usar las neuronas, y en la que, a veces con cierto desasosiego, es mejor ignorar los fallos en el guión en favor de la espectacularidad a la que claramente se ha priorizado. Es, a pesar de todo, una película entretenida en la misma línea de la saga que, a pesar de no innovar ni arriesgar, satisfará a quien busque nada más que un pasatiempo de refresco y palomitas. Si disfrutaron con El Código Da Vinci, volverán a hacerlo con Inferno

Puntuación: 3/5 

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