'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Crítica de Los odiosos ocho: El cluedo de Tarantino

Sólo Tarantino puede permitirse una película tan exagerada -en todos los aspectos- como Los Odiosos Ocho: desde los interminables diálogos de la primera hora hasta la hipérbole de violencia, sangre y el toque irónico que acaba envolviendo todo el producto. “La Octava Película de Tarantino” es un western con todo tipo de licencias, un entretenidísimo Cluedo en busca del más odioso de ocho indeseables y casi una obra de teatro ejecutada al milímetro a la que, no obstante, le sobran minutos.

Son tres horas de una película claustrofóbica que se desarrolla en su mayor parte en una posada en medio de las montañas. Nieva y nadie puede salir. Entre sus paredes hay ocho personajes, a cada cual más pintoresco; pero sólo uno es el asesino. Y bajo esta aparentemente sencilla premisa, Quentin Tarantino da rienda suelta a un estilo llevado al extremo con extensos diálogos hasta la mitad de la película y, de pronto, su repentina transformación en una narración ágil que se mueve entre el misterio y una violencia con ecos de Kill Bill. Bajo la fachada de las frases brillantes que salpican toda la película con un humor que alterna entre la irónica brillantez y la estupidez, resuena el trasfondo de la guerra y el racismo desde los puntos de vista de personajes redondos, interpretados con fluidez por un reparto coral que recuerda a Reservoir Dogs (1992).

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El inspiradísimo Ennio Morricone firma una banda sonora oscura, casi de película de terror, que arranca dando sus primeras notas a un paisaje entre las montañas que pronto se encierra entre una diligencia y en una posada de la América profunda. Pocas bandas sonoras logran capturar la claustrofobia y el misterio como la de Morricone en Los Odiosos Ocho, siendo este aspecto, sin duda, uno de los rasgos más sobresalientes de la película.

Los Odiosos Ocho es una pieza con más que evidentes guiños a Malditos Bastardos (2009) o Django Desencadenado (2012). Una locura que se adueña lentamente de la película hasta que no queda más remedio que contagiarse del efecto Tarantino y disfrutar del espectáculo

Puntuación: 4/5 

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