Un tribunal británico ha condenado a 20 años y seis meses de prisión a James Groves, un agresor sexual trans de 51 años que se identifica como mujer y utiliza el nombre de April, después de que un jurado le declarara culpable de una larga serie de abusos sexuales contra una menor vulnerable.
Groves fue juzgado en el Tribunal de la Corona de Bristol como hombre y bajo su nombre legal, James Groves, y condenado por 18 delitos sexuales contra menores y un delito de intento de obstrucción de la justicia.
Entre los hechos probados figuran nueve violaciones cometidas contra la misma víctima a lo largo de varios años durante su infancia. La investigación determinó que Groves desarrolló un patrón continuado de manipulación y captación de la menor para ganarse su confianza y ejercer control sobre ella.
«He perdido mi infancia»
La víctima, cuya identidad permanece protegida, relató durante el juicio el profundo impacto que los abusos han tenido sobre su vida. «He perdido mi infancia. Nunca la recuperaré», afirmó ante el tribunal.
La joven aseguró también que el trauma sufrido le ha provocado importantes lagunas de memoria sobre aquellos años y que ya no se reconoce como la persona alegre que era antes de los abusos.
El caso salió inicialmente a la luz después de que Groves fuera detenido por mantener comunicaciones inapropiadas con otro menor. Tras conocer aquella detención, la víctima decidió acudir a la Policía y denunciar los abusos sexuales que había sufrido durante años.
Las autoridades arrestaron posteriormente a Groves por estos nuevos delitos mientras todavía se encontraba bajo custodia. A partir de ese momento se abrió una investigación en profundidad y se proporcionó asistencia especializada a la víctima. Groves fue acusado formalmente en octubre de 2025 y declarado culpable el pasado mes de junio.
Nueve delitos de violación
El jurado declaró por unanimidad culpable al acusado de 19 delitos cometidos años atrás, entre ellos nueve cargos de violación.
La sentencia, dictada el 9 de septiembre, establece una pena de 20 años y seis meses de prisión. Además, Groves quedará sometido de manera indefinida a una orden de prevención de daños sexuales, una medida utilizada por los tribunales británicos para restringir determinadas conductas de delincuentes sexuales tras su salida de prisión.
El detective Ben Perrett, de la Policía de Avon y Somerset, calificó el caso como «extremadamente angustioso» y subrayó que se trató de un abuso continuado sobre una menor vulnerable. Según el investigador, las acciones del condenado mostraban «un patrón calculado de captación diseñado para ganarse la confianza y ejercer control» sobre la víctima.
La Policía destacó además la «extraordinaria valentía» de la joven al denunciar lo ocurrido y colaborar con la investigación. Su testimonio, señalaron los agentes, resultó fundamental para obtener la condena y evitar que el agresor pudiera causar nuevos daños.