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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Crítica: Jurassic World, más dientes y más nostalgia

Han tenido que pasar catorce años para que el parque haya reabierto sus puertas y veintidós para que lo haya hecho con éxito. Más de una década después de Parque Jurásico, los dinosaurios vuelven a la vida en Jurassic World, el mejor ejemplo de lo que un buen blockbuster veraniego debería ser: vertiginoso, emocionante, visualmente intachable y con la dosis de nostalgia que pedía el regreso a la Isla Nublar.

Jurassic World comprendió que la forma de salir airosa frente a las altas expectativas acumuladas durante años consistía en convertirse en un homenaje a la vez que se parodiaba a sí misma. Por ello, la película que llega en 2015 es, sobre todo, un homenaje a Steven Spielberg y su aclamada Parque Jurásico (1993). Aunque no llega al nivel de la que es considerada una de las obras maestras del cine de aventuras, el director de Jurassic World, Colin Trevorrow, recoge el testigo de una forma más hábil que en las dos secuelas anteriores para ofrecer una película ‘palomitera’ en la que el espíritu Spielberg -en esta ocasión, a cargo de la producción y supervisión- se siente en cada fotograma.

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No extraña entonces que los guiños a Parque Jurásico se repitan con gusto a lo largo del filme ni que regrese en todo su esplendor y espectacularidad la banda sonora característica de la saga, esta vez bajo la batuta de Michael Giacchino, que compone de forma certera siguiendo el marcado estilo de John Williams.

Aunque carece de la chispa original de la película de 1993, Jurassic World es lo que esperábamos… pero con más dientes. La nueva ‘mala’ de Mundo Jurásico es una especie modificada genéticamente, Indominus Rex, que piensa, siente y se camufla por el ‘placer’ de matar. Cuando un fallo en la seguridad del parque deja libre al monstruo, se desata una histeria pre-apocalíptica de efectos visuales que configura una película en la que la calma dura sólo la primera media hora y los puntos de comedia -que los tiene- se sitúan en puntos estratégicos que en ningún momento alteran el ritmo de la película. El actor de moda en Hollywood, Chris Pratt, encarna al marine Owen, sin mayor profundidad ni dobleces, mientras que Bryce Dallas Howard, la orgullosa directiva de Mundo Jurásico, saca más partido a su personaje -que, sorprendentemente, pasa toda la película llevando tacones– ofreciendo una actuación que opaca la de su compañero. 

Pero lo verdaderamente interesante de la película es la reflexión sobre la industria del entretenimiento que subyace bajo los fuegos artificiales. El nombre Indominus Rex es la excusa perfecta para la mofa sobre la publicidad y el product placement, y se suceden las referencias a Parque Jurásico como si Trevorrow supiera de antemano que no alcanzaría el nivel de Spielberg en esta nueva apertura de puertas. Pero, sobre todo, llama la atención la resignación de los personajes al admitir que la única forma de hacerse atractivo ante el público del parque es añadiendo “más dientes”. Un reflejo de la esencia de Jurassic World, que acepta su falta de magia sustituyendo esa carencia por más diversión, acción y carisma. Porque como dice el personaje de Bryce Dallas Howard en la cinta, al público le siguen gustando los dinosaurios, sólo hay que ofrecerle algo más para que siga volviendo.

Puntuación: 4/5 

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