«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Estado islámico: buenas intenciones, malas decisiones.

Leo que Estados Unidos está seleccionando a algunos veteranos entre las milicias sirias rebeldes para darles entrenamiento y armamento para combatir al Estado Islámico. El objetivo es entrenar a 5.000 combatientes “moderados” en Turquía y en colaboración con el ejército turco en un programa de tres años de duración.

La noticia tiene un aspecto positivo: por fin alguien se decide a hacer algo para detener al Estado Islámico. Poco más puede decirse en clave positiva.

Algunos han criticado esta iniciativa diciendo que llega tarde y que su impacto real en el terreno será pequeño y muy tardío. Probablemente. Pero es aún peor.

Estados Unidos lleva años buscando y confiando en yihadistas “moderados”, que una vez entrenados y armados se transforman, ¡oh sorpresa!, en yihadistas “radicales”. Lo hemos visto una y otra vez, ¿y aún no aprendemos?

La intervención de Turquía en el asunto tampoco promete nada bueno. La Turquía laica, aliada de Estados Unidos y de Israel, hace tiempo que desapareció. La Turquía actual tiene más en común con los Hermanos Musulmanes combatidos por Al Sisi en Egipto que con Ataturk. 

Es difícil reconocer que llevamos años errando, pero sería sabio asumir que la mejor opción para detener al Estado Islámico es el ejército sirio leal a Bashar al-Assad y actuar en consecuencia. Sin olvidar a los kurdos, aunque su rama política sea considerada fuera de la ley por Turquía, ni a los jordanos. Pero quizás sea pedir demasiado para un Nobel de la Paz que reparte su tiempo entre los campos de golf y la promoción mundial del homosexualismo.

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