«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
La Gaceta de la Iberosfera
Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Venezuela, paraíso de politólogos

span>

Durante el verano de 1961, Enrique Tierno Galván (1918-1986) es invitado a la Universidad de Princeton. Desde ese año hasta 1978, el Viejo Profesor dirigió, dentro de la editorial Tecnos, la Colección Estructura y Función, que en los años de la Guerra Fría nutrió al público de lengua española con traducciones de obras de lógica y filosofía de la ciencia de corte neopositivista y analítico, así como de ensayos de sociología y politología atlantista.

Ese mismo año, la revista comunista Nuestras Ideas, editada en Bruselas, le dedica en su número de julio un artículo, «Sociología de la Decadencia», firmado por Antonio Paz, en el que se realiza una ácida crítica del autor de Introducción a la Sociología, don Enrique, por su pretensión de reducirlo todo a categorías lógicas. Críticas de las que extractamos este párrafo:

«Para Tierno Galván lo que diferencia a un obrero de su patrono, no es el lugar que uno y otro ocupan, en las relaciones de producción, sino que el primero, tiene resentimiento y el segundo no. En resumen, las clases sociales no existen sino sólo fenómenos psicológicos.»

Lustros después, tal y como recordaba Ignacio Gracia Noriega (1945-2016), Tierno, «maestro de la perogrullada» al decir de don Ignacio, cual castizo Zaratustra, todavía seguía buscando a un obrero con el que poder dar una pátina mínimamente proletaria a su Partido Socialista Popular, configurado en gran medida por gentes provenientes del mundo académico.

El demoledor artículo de Nuestras Ideas, venía, no obstante, firmado bajo pseudónimo. Embozado tras la firma de Antonio Paz, el verdadero autor del texto era Juan Carlos Rey, nacido en San Sebastián en 1936, y emigrado a Venezuela, donde reside, desplegando una más que apreciable actividad. Rey había recalado en Venezuela siguiendo la estela de su familia, de simpatías franquistas, tras terminar el bachillerato en Madrid. En el país hispanoamericano desarrolló Rey su brillante carrera académica, cimentada en sus estudios de Derecho, durante los cuales ingresó en el Instituto de Estudios Políticos como Auxiliar Investigación dos años antes de publicar el artículo aludido. La vinculación de Rey con tal instituto se prolongó hasta su jubilación en 1985. Graduado en 1960, visitó París entre 1960 y 1962, desde donde viajó a España en diferentes ocasiones. Es en ese contexto en el que entra en contacto con Federico SánchezJorge Semprún– y Fernando Claudín, director de la revista. La relación con la ideología marxista se había producido en la Universidad Central de Venezuela, donde,  pese a no militar en formaciones políticas o estudiantiles, frecuentó a un grupo de jóvenes estudiante universitarios españoles antifranquistas, algunos de los cuales pertenecían al Partido Comunista de España en Caracas, o a la ASU (Asociación Socialista Universitaria).

El Instituto de Estudios Políticos en el que arrancan estas actividades de Juan Carlos Rey, fue un lejano proyecto que nos remite a la Asamblea General de Falange celebrada en Salamanca en febrero de 1937 dentro de un amplio proyecto que también atendía a aspectos propagandísticos. Tal Instituto cristalizó en España en septiembre de 1939, y sería el modelo de su réplica venezolana, dirigida por el germanizado y combatiente en el ejército de la República, en el que alcanzó el grado de capitán del Alto Estado Mayor, Manuel García-Pelayo (1909-1991), quien décadas después fue designado como primer Presidente del Tribunal Constitucional español. Formado al lado de García-Pelayo, Juan Carlos Rey le sustituyó en la presidencia de tal Instituto.

Si la crítica a Tierno es interesante, no menos lo será otro artículo, «Venezuela y Cuba: dos perspectivas», aparecido en el undécimo número de Nuestras Ideas, correspondiente al mes de abril de 1961. El pseudónimo empleado esta vez fue Carlos Martínez, y tal argucia se entiende al observar las críticas vertidas por Rey sobre la Venezuela en la que estaba instalado, al margen del paréntesis europeo. El texto muestra la decepción respecto de Venezuela y la ilusión que le produce la reciente revolución cubana. Rey observa Venezuela bajo el prisma marxista, apostando por la transformación de la democracia burguesa en una democracia proletaria. El artículo, que lamenta que entre 1811 y 1961, Venezuela haya conocido 26 constituciones, destila un profundo antiamericanismo, y lamenta proyectos fallidos como el encabezado por Haya de la Torre (1895-1979) y el APRA en Perú. Para Juan Carlos Rey, hay algo que lastra el desarrollo de Hispanoamérica: el fatalismo yanqui, marcado por un potente intervencionismo colonialista de la potencia norteamericana.

 

Las líneas académicas trazadas por García-Pelayo y Rey vendrían a desdibujarse a finales del convulso siglo XX, cuando emergió la figura del comandante Hugo Chávez Frías (1954-2013), quien, como sus predecesores, contó con asesoría española, la de los aduladores y sentimentales profesores que aprovecharon la estela de la Fundación CEPS para desembarcar en Sudamérica. Los bien remunerados asesores españoles encontraron de este modo un terreno propicio para pasar del plano teórico a uno más real y prosaico, el que sirvió para tratar de implantar el así llamado Socialismo del siglo XXI. De regreso de tal viaje, con la lección propagandística bien aprendida, los antaño asesores, hogaño profesionales de la política, queman sus vidas en defensa de «la gente», es decir, de sus votantes.

TEMAS |
.
Fondo newsletter