'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

China: la distancia entre nuestros deseos y la realidad

Lo cierto, por mucho que nos pese, es que el Partido Comunista Chino sigue siendo igual de totalitario.

Cada cierto tiempo escuchamos que China está flexiblizándose, que ya no es el monstruo totalitario comunista, que están haciendo reformas. Nos gusta creérnoslo porque así nos ahorramos la mala conciencia. El último caso ha sido la relajación de la norma del hijo único. Sólo que, por desgracia, va y aparece Zhang Yimou, el genial cineasta chino, y nos devuelve a la realidad.

El recientemente anunciado permiso para tener un segundo hijo en, y sólo en, las áreas urbanas, no es extensible a un tercero ni se aplica a nacimientos anteriores de 2014. Es por esto que Yimou, quien además de sus películas dirigió la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín, ha sido multado con casi un millón de euros por haber tenido tres hijos. Una multa que es proporcional a la renta del multado y que asciende al doble de los ingresos anuales. Probablemente Yimou no tendrá problemas para salir adelante, pero imagínense lo que le puede ocurrir a cualquier campesino multado con entregar todo, absolutamente todo lo que gana en dos años. Probablemente moriría de hambre.

La multa a Zhang Yimou demuestra que la gran reforma anunciada el pasado mes de noviembre por el Partido Comunista Chino es poco más que una medida de cara a la galería. Ya nació muy limitada, reducida a las áreas urbanas, donde tendencialmente el crecimiento demográfico es más bajo. Pero están las leyes y cómo se ejecutan. Quienes pensaban que la tímida reforma iba a significar una praxis más relajada se han llevado un buen chasco.

Desde su entrada en vigor, en 1979, la política del hijo único, según los datos que da el propio gobierno chino, ha evitado el nacimiento de 400 millones de personas. El número de abortos forzados, impuestos a las madres desobedientes, asciende a 300 millones. El último caso conocido es el de una mujer a la que, incapaz de pagar una multa de 3.000 euros, se le obligó a abortar. Su hijo fue asesinado en el séptimo mes de embarazo con una inyección letal: un verdadero infanticidio.

Está por ver el impacto de la generación que no ha conocido a un hermano en la vida china, el impacto del asesinato de tantas niñas, que ha producido un desequilibrio de sexos (actualmente hay un excedente de 30 millones de hombres entre los 18 y los 30 años, forzados a importar «compañeras» principalmente de Corea y Rusia), el impacto de una población envejecida y crecientemente sola. Mientras tanto, podemos seguir creyendo que el Partido Comunista Chino ha cambiado y que ya se puede confiar en él.

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