Diario de Información y Análisis de Intereconomía
TRIBUNA

Francia ha votado

Las elecciones presidenciales de Francia han arrojado en su segunda vuelta una victoria del independiente liberal Macron, que afronta las elecciones legislativas con 20 millones de votos, sin un partido que lo apoye y con mucho trabajo que hacer y poco tiempo para desarrollarlo. También nos ha dejado el 7 de mayo la derrota de la extrema derecha de Marine Le Pen, cuyo principal objetivo es ahora intentar matizar su discurso radical para poder alcanzar el grupo propio en la Asamblea Nacional en los comicios del próximo mes de junio.

Entrando más en profundidad en los resultados electorales, observamos el descalabro del resto de fuerzas, los conservadores de Fillon, los socialistas de Hamon y la izquierda radical de Mélenchon. 

El fin del socialismo francés parece cercano. Al igual que ha ocurrido en otros países del entorno, el giro radical del discurso del PSF con Benoït Hamon ha supuesto un crecimiento de la extrema izquierda y un trasvase de votos a “En Marche” de Emmanuel Macron. La llegada de Valls, ex primer ministro francés, a “La Republica en Marcha” para las elecciones legislativas, puede suponer el puyazo definitivo.

Fillon, envuelto en el escándalo sobre empleos ficticios de su esposa, ha llevado a “Los republicanos” a unos resultados catastróficos a pesar de encabezar las proyecciones electorales hace apenas cuatro meses. François Fillon se negó a abandonar la carrera presidencial a pesar de las peticiones dentro del propio partido y paga ahora el castigo de los votantes conservadores franceses.

Mélenchon, líder de “Francia Insumisa”, el Podemos francés, rechazó expresamente apoyar a Macron para frenar a Le Pen. Lo que no cuenta Jean-Luc Mélenchon es la semejanza entre su programa político y el del Frente Nacional: banca pública, salida de la Unión Europea, fin de la OTAN, Frexit… 

La extrema izquierda francesa, al igual que en España, pretende acabar con el sistema establecido a través del populismo reflejado en promesas irrealizables.

Excepto las ridículas y poco multitudinarias manifestaciones de los podemitas franceses, enemigos de respetar cualquier resultado negativo que salga de las urnas, el resto de candidatos anteponen los intereses de su país a los partidos y prometen esfuerzo inmediato. 

El fin de la campaña electoral y el desarrollo de la jornada de votaciones han transcurrido entre gritos de ¡Viva Francia!, reproducciones de La Marsellesa y exhibiciones de banderas francesas. Los galos, con independencia de su ideología, lucen orgullosos sus colores y su patriotismo y aprovechan cualquier oportunidad para demostrarlo. 

Tomemos ejemplo.

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