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TRIBUNA

El error japonés

Japón ha conseguido que el yen siga débil sin que nadie se queje.

La FED acaba de volver a subir tipos por tercera vez en diez años. Todo hace pensar que un ciclo de subida de intereses acaba de comenzar en el que el riesgo de la deflación ha desaparecido y la cuestión es si los bancos centrales, sobre todo la FED, van detrás de la curva, detrás de la necesidad de la economía. Los datos técnicos (tipo real de interés natural, crecimientos potenciales, etc) indican que sí y que sólo recuperará la posición cuando la FED suba 150 puntos básicos entre 2017 y 2018.

Coincidiendo en el tiempo, el BCE ha anunciado el fin de la deflación en la UE y el calendario de retirada de las compras de activos para 2018. Ésta es una decisión inevitable y difícil de ejecutar, a la FED le ha llevado cuatro años hacerla. La decisión europea es crucial para todos los ciudadanos de los países euro. La recuperación de toda la economía euro, que aún no ha vuelto los niveles precrisis, sólo se está consiguiendo en éste año 2017. Esta situación se ha producido por varias razones: el paso del tiempo, que todo lo cura, la política expansiva del BCE y las reformas en algunos países. La transmisión monetaria fue una de las víctimas de la segunda crisis del euro en 2011 y la decisión del BCE de subir dos veces tipos en ese año fue una causa principal. Ha sido el BCE el que desde 2014 ha trasladado el ahorro de los países acreedores a los deudores. ¿Podrá el mercado a partir de ahora hacerlo por sí mismo? ¿Pueden los gobiernos y la Comisión hacer funcionar la economía euro sin la tutela del BCE?

Japón lleva tres décadas en una coyuntura parecida y por tres veces (1997, 2014 y una detenida ‘in extremis’ en 2016) los intentos de normalización fiscal abortaron la vuelta al crecimiento económico. Así, en tres ocasiones el gobierno japones subió el IVA para demostrar su fundada preocupación por el alto nivel de deuda publica. Las tres veces, la economía se desaceleró y volvió la deflación. Esta es una lección para una economía euro, que mantiene altos niveles de endeudamiento privado en varios países y un exceso de ahorro en otros. El problema euro no es tanto la deflación, aunque la inflación subyacente está en 0,9, como una debilidad del crecimiento potencial al rededor del 1,5. El consumo sin duda juega un papel muy importante, aquí el camino es el empleo y los salarios, en ese orden. También la inversión tiene su papel, especialmente en las economías acreedoras, significativamente en Alemania que con superávit corriente de mas de 8% del PIB lidera el mundo en este aspecto.

La nueva administración norteamericana ha puesto el foco en Alemania y en el euro. Los demás europeos estamos acostumbrados a ver a Alemania como un país fuerte y orgulloso, pero en EE UU no lo ven igual y los propios alemanes lo saben.

La canciller Merkel va a Washington más de un mes después de la toma de posesión de Trump con su ministro de Economía, Wolfgang Schauble, para hablar del euro y de su superávit. Es el primer líder euro en entrevistarse con el nuevo presidente norteamericano. La inversión publica y privada alemana estarán sobre la mesa, ya que Alemania también tiene superávit fiscal.

Las empresas alemanas invierten fuera de su país más de tres euros por cada uno que los extranjeros invierten en Alemania. El anuncio de que el BCE prevee un futuro con menos estímulos ha servido para fortalecer el euro y eso gusta en Washington, lo que es bueno en teoría para lo que vaya a encontrarse la canciller en la Casa Blanca. ¿Pero puede el resto de la zona euro aceptar que el crecimiento ha vuelto para quedarse? La economía norteamericana está en su octavo año de recuperación, con cifra récord de desempleo y demandas más bajas de ayuda laboral, la inflación en el 2% y un nuevo gobierno que habla de bajar impuestos y aumentar la inversión. La economía euro está en su primer año de recuperación generalizada, con impuestos al alza y alto desempleo. Es difícil pensar que el euro siga al dolar hacia arriba como quiere Washington, salvo con una recuperación abortada en Europa por una prematura subida de tipos.

Los cuatro países mas grande de la zona euro se han reunido hace unos días en Versalles para anunciar que el futuro de la UE será a varias velocidades. Pocos días antes el presidente de la Comisión Europea, Juncker, hacía público un documento sobre el futuro, con cinco escenarios posibles, que más que una declaración política parece una auditoría. Muchos se preguntarán qué temas serán objeto de estas velocidades distintas: ¿La unión bancaria?, ¿quien se opone es Alemania; la unión fiscal?, ¿quién se opone es Francia? Se dice que será la respuesta a la demanda norteamericana de más gasto en Defensa con una UE de la defensa, cuando Alemania se opone a una financiación de la misma con bonos europeos. Pero hay otra versión: Alemania y Francia quieren una UE en la que la Comisión sea cada vez menos relevante y las Estados miembros decidan. Esto sí seria un gran cambio, pero ¿hacia dónde?

La Comisión es una peculiaridad europea, no es un gobierno electo, sino una burocracia que debe aplicar y defender los tratados, sin ella la negociación será exclusivamente entre gobiernos. ¿Mandará entonces el tamaño y la fuerza política? Desde luego los gobiernos están sometidos a sus parlamentos y a su interés nacional. Otra vez la teoría del juego de suma cero, del que la UE acusa a Trump, donde lo que gana uno, otro lo tiene que perder. La crisis del 2010/11 trajo la división entre ganadores y perdedores, nueva en la UE que este año cumple 60 años.

La economía mundial ha sorprendido desde el pasado verano con una recuperación de países desarrollados y emergentes. Parece que la salida de la gran recesión es un hecho en la UE y en Japón, desde luego en EE UU. Norteamérica quiere crecer más y por más tiempo, lo que no es fácil. El nuevo Washington no verá con buenos ojos un final de su ciclo por un dólar fuerte y un euro débil. Japón ha conseguido que el yen siga débil sin que nadie se queje, es difícil acusar por mucho que se quiera a China de mantener depreciada su moneda mientras pierde reservas. Dentro de pocos días el presidente Xi Jinping se reunirá por primera vez con Donald Trump, geopolítica y comercio estarán sobre la mesa, el renminbi también, pero China no aceptará un renminbi que le lleve a la recesión.

La nueva administración norteamericana ha sido hábil políticamente en identificar a Alemania como beneficiaria de un euro débil,  aunque eso sea técnicamente falso. El BCE no ha puesto las cosas difíciles al anunciar el fin de sus estímulos, lo que ha sostenido el euro a días de la entrevista Merkel-Trump. Esperemos que la zona euro no se vea abocada a un "error japonés" por endurecer su política monetaria antes de tiempo.

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