Diario de Información y Análisis de Intereconomía

Gusta una cosa y la contraria

Los mercados parecen haberse convencido muy rápidamente que un Presidente Trump supondrá más crecimiento y más inflación.

Los mercados financieros de los EE.UU y, en menor medida, del resto de los países industriales han experimentado subidas desde la celebración de las elecciones norteamericanas del 8 de noviembre. Estos mismos mercados sufrieron bajadas dos semanas antes cuando la reapertura por el FBI de la investigación sobre los correos de Clinton apuntó hacia la victoria de Donald Trump y subieron pocos días después ante de nuevo la posibilidad de una victoria de Hillary Clinton. Los mercados parecen haberse convencido muy rápidamente que un Presidente Trump supondrá más crecimiento y más inflación.

 

La intensidad de las subidas, unida a una todavía más intensa alza de tipos de la deuda y a un generalizado robustecimiento del dólar frente a todas las monedas supone un cambio del entorno macroeconómico mundial, cuyas bases no es fácil saber cuanto de estables son. Los mercados han entrado decididamente en otra fase , anticipando más crecimiento y más inflación en EE.UU. La confianza en esta previsión está únicamente basada en cierta equiparación entre la política macroeconómica de la época Reagan y la que se anticipa llevara a cabo Trump, sin tener en cuenta las claras diferencias entre el momento del ciclo, el nivel de inflación y tipos de interés, que había en 1980 y ahora. En cierto sentido es como si los mercados hayan encontrado una salida a una situación que veían agotada.

Desde la vuelta del verano la confianza en la capacidad de los Bancos Centrales en impulsar más crecimiento e inflación iban disminuyendo. Los experimentos con tipos de interés negativos habían dado miedo a todo el sector financiero y el largo mercado alcista de los bonos, treinta años, había tocado fondo, con claros síntomas de burbujas: todos los países euro, menos Grecia, se financiaban más barato que EE.UU.

Efectos, dentro y fuera de EE.UU

De repente Trump ha traído la solución: expansión fiscal. Nada parece importar queEE.UU no parezca necesitarla con pleno empleo, capacidad instalada y siete años de ciclo ya transcurridos. Tampoco estorba que la deuda pública norteamericana no pueda aguantar altos déficit públicos por mucho tiempo con un 105 sobre el PIB en datos del 2015, ni que la mayoría republicana en ambas cámaras quiera recortes de impuestos pero no más gasto. Ante una situación sin salida, agotamiento de la expansión monetaria, se acepta a pies juntillas que estamos en un reflación segura y sin límites.

 

Hay cierta incongruencia en estos mercados , que puede dar paso a una corrección en cualquier momento

Desde luego fuera de EE.UU los efectos son importantes. Turquia, México pero también todos los países emergentes tienen sus monedas depreciándose y la necesidad de subir tipos en unas economías débiles, con un dólar en máximos de 13 años medido en relación a sus intercambios comerciales. La UE también ve su moneda, el euro, en mínimos de muchos años, pero sus tipos arrastrastrados al alza por los bonos americanos. Además en la zona euro estamos cerca de otra discusión entre el Bundesbank y el BCE sobre la prolongación de la compra de bonos más allá de marzo 2017. Dejar de comprar bonos de los estados euro con tipos 40 y 50 puntos básicos más altos que en octubre puede ser un duro aterrizaje para varios países , aunque los tipos sean aún históricamente bajos. Japón es el único país desarrollado con un gobierno recién elegido y sin populismo en su mapa político.

Efectos de Trump en la economía mundial

Las medidas del BOJ de septiembre, respecto a fijar su tipo de interés a 10 años en el cero, se han visto reforzadas con el anuncio esta semana que el banco central está dispuesto a comprar ilimitadamente para mantener ese precio. También el Primer Ministro japonés, Senzo Abe, es el único líder que se ha visto ya con Trump. Temas con la defensa mutua y el libre comercio en el Pacífico (TPP), más el papel de China en ambos, habrán estado seguro en la agenda. El Presidente de México, Peña Nieto, será el siguiente aliado que vera a Trump, con una agenda comercial (NAFTA)y de inmigración/lucha contra la droga tan intensa como la japonesa.

Los efectos Trump sobre la economía mundial son buenos para unos y complicados para otros, pero su mayor característica es que no sean estables. Una lectura equivocada por los mercados, pro Clinton hace dos semanas, daría lugar a correcciones peligrosas. Le guste o no a Trump, el llega con el ciclo económico norteamericano más cerca del final que del principio, lo que casa mal con alguna de sus promesas más importantes. Relanzar una economía que no lo necesita para alargar el ciclo no es tarea fácil. De momento muchos se apuntan a un bombardeo. Pero el ajuste vía precios acaba llegando siempre.

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