Alberto Fernández y el sillón de Rivadavia celebran sus bodas de papel

Un presidente elegido por la vice y frágil como el papel de arroz

El 10 de diciembre de 2020 se conmemoran las Bodas de Papel del presidente Alberto Fernández con el sillón de Rivadavia, símbolo máximo de la primera magistratura argentina. 

Un año de un presidente elegido por su vice sin legitimidad para domesticar los sucesos políticos y económicos cuya obediencia acérrima no logra conformar a una Cristina Kirchner frustrada por los nulos logros de su Frankenstein electoral. Frágil como el papel de arroz, es esa relación que cumple casi 2 meses sin diálogo. 

Papel moneda: Las metáforas a veces fuerzan la ironía, en momentos de cumplirse en primer aniversario del gobierno de Fernández, una serie de noticias judiciales marcan la cancha del oficialismo. La Corte Suprema ha dejado firme la condena por corrupción contra Amado Boudou, ex vicepresidente de Cristina Kirchner, condenado por el caso Ciccone. La empresa Ciccone Calcográfica estaba dedicada a imprimir billetes de lotería, documentos legales y que podía lograr la contratación del Estado Nacional para la producción de billetes de curso legal. Era la empresa con la que quiso hacerse, de forma ilegal, el Lic. Amado Boudou, delito por el cual fue condenado.

Los kirchneristas lo consideran un perseguido político (aunque su condena superó todas las instancias de revisión) pero Alberto lo desprecia. Hacia el año 2014 Alberto Fernández celebraba su caída en desgracia con tuits que rezaban “Game over, Boudou” además de notas y mensajes de burla. Pero ahora el Presidente debe, de forma humillante, suscribir en público todas las posiciones de Cristina sobre el martirio de Amado.

Tanto el Gobierno como sus aliados provinciales han decidido usar la ley de Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias como papel higiénico

En paralelo, la Sala I de la Cámara de Casación validó la “ley del arrepentido” y en consecuencia los testimonios que incriminan a Cristina Kirchner en una gran causa de coimas. La teoría del lawfare, caballito de batalla del Socialismo del Siglo XXI para justificar el paso de sus líderes por los tribunales, cobra repentinamente nuevos bríos.

¿Cuál es el reproche que le hace el kirchnerismo a Alberto? Que ya hace un año que es Presidente y los temas judiciales no se cerraron. Como si Fernández hubiera olvidado para qué lo pusieron donde está.

Papel higiénico: En 2021 el kirchnerismo debe enfrentar las elecciones de medio término con un tablero complicado: debe revalidar sus bancas en un contexto de depresión económica brutal y atravesando un ajuste. Ante este panorama, tanto el gobierno nacional como sus aliados provinciales están intentando suspender las PASO. En efecto, han decidido usar la ley de Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias como papel higiénico, en una jugada peligrosa, que no se sabe qué tratamiento tendrá, ya que la arbitrariedad de cambiar las reglas del juego en medio de la partida se les puede volver en contra. 

La vicepresidente (dos veces presidente), Cristina Fernández de Kirchner y su valido, el presidente de Argentina. Alberto Fernández (Eva Cabrera / Latin America News Agency)

La oposición ha pasado este fin de semana largo analizando jugadas para impedir que les arrebaten las PASO, herramienta que necesitan para resolver situaciones difíciles. En efecto, Juntos por el Cambio teme una sangría del voto “liberal” que viene creciendo por fuera de su estructura. Los candidatos de la derecha emergente podrían tener mejor desempeño si no existiera esa “la primera elección” que representan las primarias obligatorias, que suele domesticar el voto en un segundo llamado y polarizarlo.

Otro gran móvil para eliminar las PASO es la fecha. El oficialismo prefiere patear la elección directamente para octubre en lugar de tener que plebiscitarse en agosto donde, tanto la crisis sanitaria como la económica, aún estarán muy vigentes. Esperar a que se desarrolle la curva y dispersar el voto opositor son incentivos muy fuertes para usar la ley como papel sanitario.

El ‘impuesto a la riqueza’ fue un fenomenal despilfarro de credibilidad externa para el Ministerio de Economía a cambio de una palmada política interna

Papel adhesivo: El ministro de economía Martín Guzmán quedó pegado una vez más a los desastres fiscales que le imponen desde los despachos políticos. Mientras procuraba darle al FMI señales de orden fiscal se aprobaba a latigazo puro el “impuesto a la riqueza”. La misión del Fondo trató de disimular la incomodidad como cuando uno queda en medio de una pelea ajena y ruega para que la tierra se lo trague. Viendo que hablar con Guzmán no es garantía de nada, los misioneros del FMI solicitaron un “amplio consenso político y social”. Pero la realidad es que este impuesto fue un fenomenal despilfarro de credibilidad externa para el Ministerio de Economía a cambio de una palmada política interna para Máximo Kirchner y sus acólitos. Pocas veces Pirro de Epiro fue mejor homenajeado. También Alberto quedó pegado a este nuevo tributo que se descuenta, sufrirá una catarata de amparos por doble imposición entre otras inconstitucionalidades. La inflación vuela y eso que todavía no se descongelaron las tarifas, cosa que seguramente ocurrirá a principios del año que viene, momento crucial de las negociaciones con el FMI.

Los jubilados se precarizan cada vez más y nadie quiere agarrar la papa caliente que representa el sistema previsional

Papel picado: La pobreza es “EL” tema más importante para entender la Argentina a un año de la asunción de Alberto Fernández. Los jubilados se precarizan cada vez más y nadie quiere agarrar la papa caliente que representa el sistema previsional. En el gobierno anterior Cristina Kirchner sumó 3 millones de personas sin aportes a las ya exiguas arcas jubilatorias. Para peor, la mitad del mercado laboral está en negro y por ende no aporta. Sumado al congelamiento de la economía producto de la cuarentena, no hay forma de sostener al sector sin recortarlo. Alberto Fernández ensayó una fórmula de ajuste que Cristina Kirchner tumbó apenas llegó a sus manos. Todo esto en un solo acto en el que el Presidente acató y sumiso, dijo: “Es mejor la fórmula de Cristina”.

En su primer año, el gobierno deja a casi la mitad de los argentinos por debajo de la línea de la pobreza y a 3.757.000 personas sin trabajo. De 20.879.000 empleos que existían a comienzos de la gestión quedaron 17.122.000. Y tras cartón, los beneficiarios de planes sociales ya ganan más que varios trabajadores en blanco lo que produce un fatal efecto desaliento.

Lo más aterrador es que el 64,1% de los menores de 17 años es pobre y la indigencia alcanzó el 10,1%. O sea 4 millones de personas expuestas al hambre.

Pero Alberto Fernández parece haber reciclado estos datos porque habló de un “saldo muy positivo” para su primer año de administración, y dijo que en estos 12 últimos meses ha logrado poner a la Argentina de pie logrando sortear la pandemia sin que exista hambre. Posiblemente en lugar de mostrarle la destrucción le mostraron otro papel, el de las filminas con que daba orgulloso los datos de la gestión de Covid antes de que lo desmintieran las embajadas del mundo.

La alineación del Gobierno argentino con el panchavismo genera múltiples tensiones

Papel crepé: la política exterior se va arrugando promediando este año de gestión. Tres incidentes recientes denotan esos surcos de una diplomacia sin rumbo:

En primer lugar el gobierno omitió pronunciarse respecto de las elecciones fraudulentas y desérticas que se llevaron a cabo en Venezuela, cosa que hizo el concierto de los países democráticos del mundo denunciando la maniobra de la dictadura. Esta alineación con el panchavismo genera múltiples tensiones como la provocada por la vicepresidente Kirchner que, mientras recibía a Andrés Aráuz Galarza, “embajador” de Rafael Correa prófugo de la justicia de su país, revoleaba graciosamente acusaciones al presidente constitucional Moreno. Sin temor al incidente diplomático, Cristina lanzó una insólita incriminación por sus redes: “¿En serio Lenín Moreno pretende que el resto del mundo crea que en el Ecuador hay democracia?

Como no hay dos sin tres, el más papelonero de los incidentes fue el que provocó el diálogo, inventado o indiscretamente expuesto por el Canciller argentino Felipe Solá, entre Biden y Alberto Fernández. La chapucería no terminó de aclararse y jamás sabremos si fue cierto que el Presidente argentino le solicitó a Biden un recambio del director ejecutivo de Estados Unidos ante el FMI, Mark Rosen. La anécdota se focalizó en una simpática mitomanía del Canciller lo que, aparentemente, es menos grave que el hecho de que hubiera sido verdad la inoportuna injerencia del ejecutivo argentino en asuntos extranjeros.

Cristina Fernández de Kirchner, la vicepresidente de Argentina, y a su derecha, el presidente, Alberto Fernández (Juan Mabromata/Pool via REUTERS)

La imagen de Alberto Fernández viene en picada, pero recupera unos puntitos si se filtra en los medios que está peleado con la vice Kirchner

Papel prensa: Como esos elixires destinados a repeler las malas vibras, la distancia respecto de Cristina actúa como un bálsamo para la popularidad de Alberto Fernández. Su imagen viene en picada, pero recupera unos puntitos si se filtra en los medios que está peleado con la vice. Por eso, de manera llamativamente coordinada, se dieron a conocer trascendidos sobre supuestas internas que ilusionan a propios y ajenos respecto de una ruptura del binomio Fernández-Fernández. Habiendo concluido un año del enlace por conveniencia, queda claro que no hay paridad de fuerza que le permita al presidente siquiera esbozar un berrinche frente a la vice que lo ungió. Se trata de operaciones mediáticas que procuran limpiar la imagen y contener las expectativas, mientras esperan el milagro de que, haciendo todo mal, las cosas mejoren. El kirchnerismo tiene buena suerte, y es probo en el arte de correr hacia adelante mientras trata de vender la interna presidencial que es jueguito para la tribuna. “Soja y suerte” caracterizaron sus anteriores mandatos y esperan repetir la fórmula en lo que queda de mandato. Nunca se sabe.

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