AMLO derruye los organismos autónomos y concentra poder en sí mismo

MÉXICO EN CAMINO AL SOCIALISMO

Desde finales de junio de 2020, AMLO ya traía la maligna intención de desaparecer 100 organismos autónomos.

Ve lo autónomo como cercano a lo rebelde, a lo indómito. Es como un hijo que no agacha la cabeza cuando su padre le da órdenes. Y eso no va con él. Amante del control, de la burocracia, le disgusta.

Su gimnasia mental se forjó durante décadas de gobiernos del PRI, de la vieja guardia, nacional revolucionarios de nombre, y en la praxis cercanos al socialismo: centralistas, autoritarios, presidencialistas, represivos y antidemocráticos.

Todas estas linduras sin olvidar que fueron mega corruptos.

En ese caldo de cultivo floreció aquel luchador social que inició sus andares políticos justo tras la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968, y la represión de los halcones en 1971. AMLO se afilió, campante, al PRI en 1976.

Y hoy, simplemente está construyendo su centralismo, porque piensa la política bajo una óptica socialista y autoritaria, igual que Hugo Chávez.

Argumenta austeridad, pero le gusta el béisbol, igual que al tirano venezolano. Y para eso sí tiene: gastará 1,057 millones de pesos en dos estadios en Sonora. Unos 43 millones de euros.

Este lunes 11 asignó un contrato de 89 millones de pesos (€3.647.540) para remodelar otro estadio, en Chiapas, donde por casualidad su hermano Pío es fundador y directivo.

Y claro, también tiene para sus proyectos favoritos, como el criticado y antiecológico Tren Maya, el tren Interoceánico y su aeropuerto militarizado de Santa Lucía y su refinería de Dos Bocas –que no puede sino contaminar–.

Austeridad, sólo para debilitar contrapesos

Argumenta que los organismos autónomos representan un gasto muy oneroso, y que sus secretarías bien pueden absorber todas sus funciones.

¡Qué absurdo decir eso! Si justamente los institutos autónomos se crearon para evitar abusos gubernamentales e injusticias, para vigilar al poder, para evaluarlo, para opinar, para crear contrapesos, para poner candados, para sacarle las manos al gobierno de temas en donde jugó décadas como juez y parte, para darle poder al ciudadano.

Ese propósito del gobierno izquierdoso de Morena significa un grave retraso de décadas para México.

Los organismos autónomos son justamente los que, sin compromisos con el gobierno, evalúan sus resultados, organizan las elecciones, o bien, permiten que nuestros datos confidenciales no sean usados con fines electoreros o de persecución política.

AMLO ha propuesto una reforma para borrar todos esos estorbos del mapa de la democracia, y seguir concentrando poder en su trono, al tiempo que ahorra dineros públicos, seguramente para destinarlos a su consabido asistencialismo propagandístico (sus programas sociales).

Entre los principales institutos autónomos que quiere hacer morir el presidente mexicano están el Instituto Nacional Electoral (INE), la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), el cual hace evidente la corrupción gubernamental. Y además le distrae mil millones de pesos (€40.983.606) del presupuesto.

Sólo en 2020, el 77% de los contratos del gobierno se hizo por asignación directa. Por licitación sólo se hizo un 13%.

Al INAI, AMLO desea incorporarlo a la Secretaría de la Función Pública, donde despacha la señora Irma Eréndira Sandoval, es decir, a la que se le escurren todos los escándalos del gabinete fantástico, como cuando exoneró a Manuel Bartlett con todo y sus 23 casas de lujo.

También quiere hacer la cabeza jíbara al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y reducirlo a un área en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Pero esto no es fácil: tendría que ajustarse incluso el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), en el cual la autonomía del IFT quedó plasmada en el capítulo 18.

Pero, en tanto no acaba de derruir a los organismos autónomos, los quiere tripular. Como tripula ya a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), en la que puso de titular, retorciendo con sus operadores la votación, a una incondicional de ultraizquierda. Desde ahí, la CNDH no sirve para nada. Bueno, no: le sirve a él para no darle problemas, sobre todo con quejas en temas de inseguridad.

Además AMLO ya ha desaparecido al Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE).

También tumbó el fondo de atención de emergencias, el fondo de gastos catastróficos en salud, el Instituto Nacional del Emprendedor, y todos los fideicomisos con los que se financiaba al campo, deporte, cultura y tecnología.

En julio de 2019, el gobierno destituyó a Gonzalo Hernández Licona, quien era secretario general del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Lo removieron luego de un recorte presupuestal que le impediría contratar al 69% del personal necesario para operar. Con ello lo dejó como lobotomizado.

AL INEGI también el año pasado le recortó 500 millones de pesos (€20.291.803) de presupuesto, con lo que ya no pudo realizar 14 encuestas. Entre ellas, la de impacto Gubernamental en Empresas, la Nacional Agropecuaria, y la de Gasto en los Hogares.

Por ahora AMLO ya tiene el control de la Cámara de Diputados, donde el 6 de junio próximo pese a los esfuerzos aliancistas opositores, es muy posible que su partido, Morena, conserve la mayoría.

Ya el poder judicial también se le inclina. La Suprema Corte. Y el Tribunal Electoral.

La cosa es que dentro de poco, acabará con la joya de todos los organismos autónomos: el Instituto Nacional Electoral.

Y así, tendrá el control de las elecciones, con gente a su servicio, y garantizará su permanencia en el poder al final de su administración, o bien, podrá imponer un sucesor a modo, sin problemas.

Y con ello, habremos dado un salto al pasado de muchas décadas, cuando aún la Secretaría de Gobernación, en 1988, se encargaba de los procesos electorales.

Y aquí es donde regresamos a hablar de Manuel Barttlet –hoy al frente de la Comisión Federal de Electricidad- quien es famoso por haber sido secretario de Gobernación en 1988, y haber dicho en pleno conteo electoral: “Se nos cayó el sistema”, con lo cual favoreció a su correligionario y a la postre presidente, Carlos Salinas de Gortari.

Por supuesto, en aquel momento lo hizo a favor del PRI. Hoy este poblano está siendo reciclado por Morena y AMLO, quien es capaz de purificar a los políticos más oscuros sólo con el poder de sus nombramientos.

Otra joya de la autonomía que el buen tabasqueño desea zombificar es el Banco Central mexicano (Banxico). Que se está viendo presionado también.

Morena quiere hacer una reforma para obligar a este instituto emisor de moneda a comprar dólares en efectivo, lo cual según la agencia Moody´s, daña su autonomía. Y se crearía un riesgo de usar al instituto para lavar dinero. ¿Para quién trabaja Morena?

Con esta medida la confianza en la economía mexicana pierde pie, y los inversionistas sentirán incertidumbre.

Otra modificación incide en las restricciones de las reservas internacionales, que han sido intocables hasta ahora, pero se escuchan versiones de que serían usadas para comprar deuda de Petróleos Mexicanos (Pemex).

En algo sí tiene razón AMLO: la cuarta transformación marcha bien… Pero hacia el autoritarismo, la opacidad y el control central: en una palabra, hacia el socialismo.

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