«Ser es defenderse», RAMIRO DE MAEZTU
Las restricciones a la libertad económica continuarán

El acuerdo con el FMI y el préstamo de Xi Jinping condenan a Argentina a una muerte por asfixia

El presidente argentino, Alberto Fernández, y el presidente chino, Xi Jinping. Reuters

En un cortísimo lapso Alberto Fernández anunció un nuevo acuerdo con el FMI consiguiendo un nuevo préstamo por 44.500 millones de dólares y un masivo préstamo de Xi Jinping de más de 23.000 millones de dólares. Dos compromisos que no va a poder pagar y que condenan letalmente a toda la economía argentina a una muerte por asfixia, pero que le servirán al kirchnerismo para llegar con oxígeno a las elecciones presidenciales. Lo demás no importa nada.

El dichoso acuerdo con el FMI tuvo su novelita épica para que los votantes nacionales y populares no sintieran que el presidente había bajado sus banderas antiimperialistas. El hijo de Cristina, Máximo Kirchner que era el jefe de los diputados oficialistas, renunció a dicha jefatura teatralmente, haciendo un berrinche porque no estaba de acuerdo con la claudicación de sus valores revolucionarios. Una puesta en escena que duró lo que un suspiro pero que dejó a la militancia contenta y al delfín en carrera para una eventual candidatura presidencial. El gobierno sabía que tenía que acordar con el organismo dirigido por Kristalina Gueorguieva porque si no era imposible pagar los vencimientos de marzo tanto del FMI como de otros prestamistas multinacionales, lo que hubiera desatado una crisis inmediata que ponía en riesgo la finalización del mandato.

Para ser sinceros, también el FMI tenía la necesidad de llegar a un acuerdo a como diera lugar, una postura belicosa dejaría en evidencia la falta absoluta de consistencia del último préstamo otorgado a Macri, y los dos años de idas y vueltas regalados al gobierno kirchnerista. Argentina es su principal deudor y su default es un problema para varios jugadores.

Cuestión que el acuerdo es una estafa (es posible que el FMI tenga algún gusto sadomasoquista en ser estafado por Argentina que ha firmado con el organismo más de una veintena de acuerdos y que los ha incumplido mayoritariamente… lo que se dice una relación tóxica). El plan se basa en el crecimiento de la obra pública, un aumento de la presión fiscal y el compromiso de emitir menos, que de seguro se romperá. Las restricciones a la libertad económica continuarán, así como la inflación y la incertidumbre. Imposible pensar que algo pueda germinar en ese paquete de sal. El objetivo es parar de emitir para frenar la inflación sin reducir el déficit fiscal, un pase de magia que tendrá como consecuencia mucha deuda pública porque con algo hay que pagar la diferencia. La palabra maldita es “gradualismo”.

Este nuevo acuerdo con el FMI no sólo aumenta la deuda, anula la inversión genuina, estanca la economía y no va a servir para parar la inflación

«Gradualismo» fue el método elegido por Mauricio Macri y que tan malos resultados dio. Justamente por culpa del gradualismo y de pensar que sin bajar el gasto se podía crecer es que el expresidente tuvo que terminar pidiendo limosna al FMI. Ahora pretenden hacer lo mismo, pero con deuda interna porque ya no quedan inversores tan dementes como para poner un dólar en el país.

Este nuevo acuerdo con el FMI no sólo aumenta la deuda, anula la inversión genuina, estanca la economía y no va a servir para parar la inflación. La economía seguirá intervenida con todo tipo de controles para que sigan parasitando a los ciudadanos las fuerzas parapolíticas que sostienen el sistema: los sindicatos, los movimientos sociales y los empresaurios prebendarios.

El Gobierno de Alberto Fernández en la primera mitad de su mandato elevó la deuda pública en 50.000 millones de dólares, este acuerdo lo aumentará en otros 40.000 millones más

El país entero es rehén de esta dinámica. Para sostenerla, el Gobierno de Alberto Fernández en la primera mitad de su mandato elevó la deuda pública en 50.000 millones de dólares, este acuerdo aumentará dicha deuda en otros 40.000 millones más en los años que le quedan, vale decir el mayor endeudamiento tomado en una sola gestión. Un delirio.

Con este panorama Fernández encaró su recorrida por Rusia y China con el limosnero en carne viva, ya que necesita urgente nuevas fuentes de financiamiento internacional. En Rusia le hizo una lastimera súplica a Putin, tan humillante que pareció incomodar al mismísimo ruso. Le ofreció ser la puerta de entrada a la región porque, además de servil, el mandatario argentino es ignorante y se ve que nadie le avisó que Rusia ya tiene otras puertas abiertas. Luego se reunió con Xi Jinping en Pekín, en el Gran Palacio del Pueblo, donde anunció un acuerdo mediante el cual Argentina ingresará a la Ruta de la Seda de China gracias a una inversión de 23.700 millones de dólares. La Nueva Ruta de la Seda (Brick and Road Initiative), es una iniciativa del dictador chino para expandir el comercio exclusivo con China a todo el mundo.

En este contexto se firmó el “Memorándum de Entendimiento en Materia de Cooperación en el Marco de la Iniciativa de la franja Económica de la Ruta de la Seda y de la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI”, con la presencia del embajador en China, Sabino Vaca Narvaja, que es hijo del dirigente terrorista y cabecilla de Montoneros, Fernando Vaca Narvaja y tío de la nieta de Cristina Kirchner, fruto de la unión de su hija Florencia con su hermano Camilo Vaca Narvaja. Ambos fueron criados en La Habana, Cuba, en una guardería que el régimen castrista puso a disposición de la organización terrorista en los 70.

Pero la relación de entrega de soberanía por parte de Argentina viene de larga data. En 2010 comenzó el acuerdo entre la Agencia Nacional China y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales Argentina que se ratificó en 2014 por un Congreso con mayoría kirchnerista. Se concedieron (sin recibir ni un centavo y otorgando la exención del pago de impuestos) 200 hectáreas de una localidad patagónica llamada Bajada del Agrio por un lapso de 50 años para la instalación una estación espacial, más conocida como LA BASE CHINA.

La construcción se terminó en octubre de 2017 ya en pleno gobierno de Mauricio Macri sin que se hubieran establecido ni controles ni restricciones al uso de la base y en total hermetismo. Además, Argentina garantizó que aceleraría las visas de migraciones para los ciudadanos y permitió que el centro de operaciones chino use frecuencias de comunicación del espectro radioeléctrico nacional y ponga a funcionar su antena con protección para que nadie interfiera en su trabajo en un radio de 100 kilómetros a la redonda. En la Base China, donde el Estado argentino no tiene ninguna injerencia, se podrían rastrear satélites de uso militar y de espionaje ya que está manejada por el aparato militar chino. La contraprestación es que Argentina puede visitar la estación durante 1 hora y 40 minutos, si pide permiso con meses de anticipación, parece broma pero no.

La catástrofe económica argentina hizo que el gobierno se desespere pendulando en negociaciones entre, por un lado, Estados Unidos y el FMI y por el otro China y Rusia

Una pastillita de color: este regalo de soberanía en la estratégica patagonia argentina se sucede en paralelo al crecimiento de reclamos violentos del indigenismo integrista de la izquierda que asola la región y que es compensado con la entrega sistemática de tierras, por parte del gobierno, a los movimientos autopercibidos originarios. Quien lidera este mecanismo de apropiación de territorio patagónico de incalculable valor económico y estratégico-militar es ni más ni menos que Fernando Vaca Narvaja, compadre de Cristina Kirchner y padre del embajador argentino en China. Casualidades que quedan en familia.

Si La Ruta de la Seda es la mayor apuesta geopolítica China también es la mayor apuesta de Alberto para pasar la crisis. La inversión es en dos tramos, uno ya aprobado por 14 mil millones de dólares bajo el mecanismo del DECCE (Diálogo Estratégico para la Cooperación y Coordinación Económica). Además se han firmado trece documentos de cooperación sobre desarrollo verde, economía digital, área espacial, tecnología e innovación, educación y cooperación universitaria, agricultura, ciencias de la tierra, medios públicos de comunicación y energía nuclear. Una fiesta de la concordia y el endeudamiento.

Pero China sabe que Argentina no puede cumplir sus compromisos, por eso los acuerdos tienen a la obra pública como garantía. Las empresas constructoras pilares de la Ruta de la Seda tienen denuncias en todo el mundo por corrupción, por falta de transparencia, por el uso militar y, sobre todo, por la famosa “diplomacia de la trampa de deuda”, o sea, concesiones desproporcionadas en tiempo y espacio a cambio de financiamiento y construcción de grandes obras de infraestructura como hidrovías, puertos y rutas, pero con cláusulas que dejan muy poco margen para los países receptores. Como ya ocurrió en África, los esperables incumplimientos hacen que dicha infraestructura se empiece a operar con exclusividad china.

La catástrofe económica argentina hizo que el gobierno se desespere pendulando en negociaciones entre, por un lado, Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional y por el otro China y en menor medida Rusia que se encuentra en plena tensión con OTAN y EEUU. Ambas facciones de improbable convivencia para cualquier diplomacia avezada, pero mucho más para el mono con navaja que es el gobierno kirchnerista.

.
Fondo newsletter