Arce se enfrenta a su propio partido en una pugna por el poder en Bolivia

Evo Morales no termina de aceptar que ya no es presidente
Luis Arce, el presidente de Bolivia El presidente de Bolivia, Luis Arce. Reuters

Luego de todas las derrotas políticas que sufrió durante todo 2021, hoy Luis Arce Catacora se encuentra librando un pulso de poder con su propio partido político, el Movimiento al Socialismo (MAS), a la vez que la misma formación trata de sortear su ocaso.

Este próximo 22 de enero, día en que se impuso un feriado nacional a modo de celebración de la nueva Constitución plurinacional de 2009, se sabrá quién manda realmente en el país, indistintamente de quién ostente el poder formal, Arce, Choquehuanca o Morales. Este sábado probablemente se conocerán nuevos ministros, o se sabrá cuáles de ellos serán ratificados. Cada uno de estos tres personajes, e incluso también el ex vicepresidente García Linera, tiene una cuota de poder en el gabinete.

La explicación de la disputa con el régimen de Arce empieza primero con el hecho de que Evo Morales todavía se resiste a reconocer que no es más el presidente del Estado Plurinacional. De hecho, en una entrevista reciente con el semanario argentino Perfil, García Linera se refirió a las pugnas que existen con Arce Catacora de la siguiente manera: “No ha sido fácil encontrar una convivencia entre estas fuerzas. Fue complicado y por prueba y error. A veces desencuentros. A veces Evo piensa que todavía puede actuar como presidente cuando ya no lo es. A veces el presidente Luis toma ciertas decisiones sin haber acordado o consultado previamente con el líder de las organizaciones sociales”. 

Luego trata de salvar la situación así: “Pero esas asperezas necesarias, normales, en un proceso tan rico, tan potente como el boliviano, encontraron un cauce. Ahora estamos ante un momento de regularidad. Hay un presidente del Estado que toma decisiones efectivas y gubernamentales con total autonomía y un líder social que, en momentos específicos, se reúne con el presidente y los sectores sociales y se va creando una relación de jerarquía y de coordinación. Uno es el poder político gubernamental y otro es el poder social. Y entre ambos no hay una competencia, como a veces sucedió al principio, sino que hay una coordinación más o menos regulada cada 15 días, cada mes. Inventamos nuestro propio método boliviano de coordinación”.

Está claro que existe una marcada división tanto en el régimen de Arce como al interior del MAS. Morales pretende disputar poder a Arce Catacora y David Choquehuanca, y manda a sus esbirros a exigir cambios en el gabinete, e incluso hacer designaciones. 

En este sentido, recientemente el Pacto de Unidad (cinco organizaciones afines al MAS, entre las que se encuentran, por ejemplo, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia y la Confederación Indígena del Oriente Boliviano), exigió a Arce la destitución inmediata del ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, y del viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, Juan Vilca, a quienes consideran infiltrados, traidores, y divisores de estas organizaciones.

Pero, además, el Pacto de Unidad ha exigido también la derogación de los decretos de vacunación obligatoria y carnet covid 4640 y 4641. Este es otro de los grandes motivos por los que Arce ha ido generando anticuerpos entre sus propias líneas, el fracaso de su gestión de la crisis sanitaria, primero por haber difundido mentiras sobre el coronavirus para boicotear la administración de la expresidenta Jeanine Áñez a inicios de 2020, y luego por haber monopolizado los planes de contingencias o las agendas de vacunación, entre varios otros aspectos, una vez que recuperó el poder.

Para mayor colmo, ahora Arce se ve forzado a retroceder también con el carnet de vacunación, a la vez que con la imposición de las vacunas, política que tendría que haber entrado en vigencia el primer día del año, y que solamente después del día de la plurinacionalidad se sabrá si será relegado en farmacias y bancos, o si será implementado siquiera.

Igualmente, otro de los motivos importantes de división es la cantidad de falsas expectativas que el régimen ha generado alrededor de la gestión de la crisis económica. No es necesario que el Pacto de Unidad se pronuncie sobre la enorme diferencia que existe entre las proyecciones de crecimiento del régimen y las de los organismos internacionales para 2022. Simplemente saben que no existe financiamiento para el sinnúmero de elefantes blancos que existen y mediante los cuales solían distribuirse el botín. 

Por eso, si ante la caída de Morales en 2019, la designación de candidatos que lo sucedieran y el estruendoso fracaso de la gestión de la crisis sanitaria económica ya existía tanto cuestionamiento y tantas divisiones, no será difícil imaginar los problemas que 2022 les depara a Arce, Choquehuanca, Morales y el conjunto del MAS.

Todos ellos lo saben. Por eso, la semana pasada los cocaleros del Chapare recibieron $1,6 millones de la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), “en cumplimiento al artículo 119 de la Ley de Hidrocarburos”, que establece la compensación por impactos socio-ambientales.

Y ahora incluso el régimen de Arce ha prometido la construcción de una segunda planta de urea, a pesar de que la que se construyó en 2017 en la localidad de Bulo Bulo (Chapare), y que costó $953 millones, opera al 8% de su capacidad y paralizó sus operaciones 17 veces en un total de 134 días durante 2018 y 2019, y durante 2021 surgieron denuncias de al menos tres paros debido a problemas técnicos.

Todo esto parece un gran soborno o un bono de lealtad para mantener los ánimos más calmados entre los sectores más radicales del masismo.

Sin embargo, quien más desesperado parece estar por permanecer vigente o incluso por recuperar el poder, es Morales. Ahora quiere un segundo proceso constituyente luego de tan solo 13 años de vida de la Constitución que dio vida al Estado Plurinacional, tal vez porque primero entiende que la solución de los problemas en la principal empresa estatal del país, pasan por modificar la Constitución, y segundo, porque también apuesta por una nueva refundación del país que vuelva a cohesionar al MAS y permita repetir el período de auge de materias primas, demagógicamente vendido como una exitosa nacionalización.

La desesperación de Morales se explica por varios motivos, pero no sólo porque la ineptitud de Arce para ejercer el poder y gestionar la crisis está generando mucha ansiedad entre las filas masistas, sino también porque, para mayor inri, la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), investiga hoy a dos de sus ex jefes antidroga luego de que apresaron recientemente al “Pablo Escobar boliviano”.

Se trata de los coroneles de la Policía Boliviana Maximiliano Dávila Pérez y Alexander Rojas Echeverría. Ambos tuvieron a cargo la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) durante el gobierno de Evo Morales. Fueron relegados durante el mandato de Jeanine Añez, aunque se mantuvieron en funciones, pero en la gestión de volvieron a ocupar altos cargos con Luis Arce.

Nada de esto favorece el trabajo de Arce, mucho menos ayuda a lavar la imagen que pretende mostrar antes la comunidad internacional para conseguir financiamiento de corto plazo en un año clave.

En definitiva, el MAS se encuentra en pleno proceso de implosión debido a una serie de factores y cuyos desafíos nadie está pudiendo asumir. En este sentido, el 22 será una fecha de grandes revelaciones en el gabinete y, por tanto, sobre quién manda realmente en el país, y cuál será su curso.

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