'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
La antigua provincia española sobre la que Marruecos no tiene (tenía) ningún derecho

Doce preguntas (con respuestas) sobre el Sáhara Occidental

Un guerrillero del Frente Polisario sentado en una roca en una base avanzada en las inmediacions de Tifariti, en el Sahara Occidental REUTERS/Zohra Bensemra

Siroco: viento abrasador que nace en el Sahara y que puede llegar a enloquecer a una persona. O a muchas personas. Así ha sido, hasta ahora, la situación del Sáhara Occidental, la antigua provincia española sobre la que Marruecos no tiene ningún derecho histórico, sobre la que España sí, pero no le importa, cuyos recursos están explotados por Francia y por Estados Unidos, a la que Naciones Unidas reconoció el derecho de autodeterminación pero se lo negó en la práctica y que tuvo la pésima idea de crear un Frente Polisario izquierdista en plena Guerra Fría.

¿De qué estamos hablando?

—Hablamos de la parte occidental del desierto del Sahara, con salida al mar, a unas decenas de millas de las costas de Canarias y con una población no superior a las cien mil personas. Es un territorio pobre en casi todo, rico en fosfatos y con algo de petróleo que, cinco siglos antes de que se conformara el Estado de Marruecos, ya era reconocido por Portugal como de mejor derecho español para asegurar el comercio de las Canarias. España colonizó aquel desierto a finales del XIX siguiendo el modelo integrador africanista. Su dominio dura hasta finales de 1975, cuando España la descoloniza (sale corriendo) al ver a Hassan II montar una manifestación desproporcionada conocida como La Marcha Verde.

¿Por qué Madrid se la regaló a Rabat?

—En la agonía de Franco, la debilidad del Estado, bla, bla, bla… Esa es la excusa oficial. La verdad es que en plena Guerra Fría, Washington, aliado estratégico de Marruecos (hay puestos de observación americanos hasta en lo alto del Gurugú), consideró que sería un inconveniente tener tan cerca un Estado dominado por una organización (o banda) izquierdista como el Polisario. La presión americana la avaló Francia, aliada del muy francófilo Hassan, hijo del francofilísimo Mohamed V. España aceptó sin problemas, que hay que empezar con buen pie en esto de ser admitido en el mundo democrático. Un dato: ¿qué países tienen las concesiones de explotación minera en el Sahara? Francia y Estados Unidos.

¿Por qué Marruecos no se ha hecho —hasta ahora— con el control de la situación?

—Trató de hacerlo en la década de los 50 por las bravas, armando a un irregular ‘Ejército de Liberación’ que atacó las posiciones españolas y que acabó con la vida de medio centenar de legionarios en la histórica batalla de Edchera (13 de enero de 1958). Cuando la dictadura marroquí vio que nada podía hacer por la fuerza, esperó. Tras la retirada española en 1975, comenzó poco a poco a repoblar parte del territorio con saharauis ‘de toda la vida’ que no eran sino marroquíes bien pagaos. Una intervención militar siempre ha estado fuera de lugar por dos razones. Una, que la ONU está en la zona. La otra, que el Polisario está armado y es peligroso. Marruecos no quiere guerras, sobre todo si alguna victoria saharaui pudiera levantar los ánimos de los ‘pacificados’ rifeños.

¿Cuáles son los protagonistas?

—Los cuatro mentados: Marruecos, saharauis, Francia, Estados Unidos y un extra: Naciones Unidas. España no está en el reparto porque se ha pasado demasiados años callada dejando hacer (y mucho) a Francia. Muchos politólogos consideran a Rabat un bastión contra el integrismo y, así, el menor de los males cuando las Canarias están tan cerca.

¿Tiene derecho Marruecos a reivindicar la soberanía del Sahara?

—Desde todos los puntos de vista, y sobre todo del histórico: un no rotundo. Marruecos no vuelve sus codiciosos ojos hacia el sur hasta que observa cómo España invierte una milmillonada en crear una sociedad capaz, educada, con buenas infraestructuras, con una gran explotación minera y con los mismos derechos y algunas consideraciones extra que la sociedad española. Es decir, hasta que ve cómo España, en vez de gobernar una colonia, da forma a una provincia.

¿Y si hasta casi ayer eran compatriotas de los españoles, por qué ahora los saharauis le traen al fresco a la inmensa mayoría de la opinión pública española?

—Buena parte de la culpa la tuvo el Polisario y su política torpe de hostigamiento terrorista a España. Los españoles de finales de los 70 se aburrieron de tanto ametrallamiento, abordaje y captura de sus barcos pesqueros a manos del Polisario. Aparte, los españoles estaban en plena Transición, que era más interesante y más estresante.

¿Tiene derecho el Sahara a plantear su autodeterminación?

—Si nos atenemos a las resoluciones de la ONU sobre el proceso descolonizador (y el Sahara era una colonia a los efectos del Derecho Internacional), sí. Por el contrario, si nos basamos en la definición de ‘pueblo’, la cosa se complica. Los saharauis no tuvieron conciencia de pueblo hasta el desarrollo social impulsado por España en la década de los 50 y pasaron a considerarse lo que eran: españoles. Antes, como en todos los territorios norteafricanos, cada tribu (y los saharauis eran, sobre todo, nómadas) conformaba su propio «pueblo». Lo único que sí está claro es que los saharauis no son marroquíes, aunque tampoco los rifeños y viven muy tranquilos —por ahora— desde hace 100 años bajo bandera marroquí. Desde el 76, los saharauis se consideran sólo saharauis… poco tiempo para que a la ONU se le quitasen las dudas.

¿Naciones Unidas duda?

—Siempre. Hace casi 40 años que la ONU exigió un referéndum en el Sahara, y hasta monto una misión para la celebración de la consulta (Minurso). que ha estado 30 años en la zona y no ha conseguido en la práctica nada, sólo gastar dinero. Luego llegó el enviado especial, James Baker (no confundir con Jim Bakker), y se decantó por la autonomía de la zona entre aplausos marroquíes. Boutros Ghali no quiso saber nada, Kofi Annan no supo qué hacer, Ban Ki Moon esperó a ver pasar el cadáver de la cuestión y António Guterres, que es socialista, bastante trabajo tiene con meter a dictaduras sanguinarias comunistas en los Comités de Derechos Humanos. Desde 2005, el secretario general de Naciones Unidas no se refiere a la cuestión del Sahara en sus informes.

¿Y Marruecos, qué opina?

—A Rabat le encanta tener puntos de «reivindicación patriótica» en el exterior con los que tapar muchos agujeros en el interior. Eso sí, técnicamente, sus planteamientos son irreprochables: integración del Sahara en el Reino, repoblación de los territorios, amplia autonomía para la zona… Pero no debemos olvidarnos de que, después del Sahara, Marruecos tiene guardadas varias reivindicaciones absurdas; a saber: Ceuta, Melilla y Canarias (que en el mapa que preside el despacho de Mohamed VI están pintadas del mismo color que Marruecos).

¿Y los políticos españoles?

—Salvo Podemos y el PNV (que se apuntan a todo lo que lleve las palabras «derecho de autodeterminación»… ¡hasta apoyan a los británicos de Gibraltar!), al resto le da igual. Incluso a los nacionalistas catalanes les ha dado históricamente igual. Es cierto que de tarde en tarde, el PSOE salía a dar la cara por los saharauis, pero José Luis Rodríguez Zapatero cambió las tornas, como hizo en tantas cosas, y se decantó por Marruecos. El PP, siempre ha callado, fiel a su vocación de partido de Gobierno y, por lo tanto, de hacer lo que le diga el eje franco-alemán. En cuanto a Pedro Sánchez, es posible que ni siquiera supiera dónde estaba el Sahara hasta que vio cómo Marruecos estaba permitiendo —alentando— la invasión de Canarias de inmigrantes ilegales que embarcan en sus costas.

¿Y Trump qué gana reconociendo la soberanía marroquí del Sahara?

—Marruecos tiene la consideración de aliado preferente de los Estados Unidos desde 2004. cuando el presidente George W. Bush lo dispuso así «en reconocimiento de los estrechos lazos que unen a los dos países y en agradecimiento del apoyo resuelto de Marruecos a la guerra contra el terrorismo, así como al papel del rey Mohamed VI, dirigente visionario del mundo árabe». Eso le abrió las puertas a Marruecos a obtener contratos del Pentágono (se informa de una venta inminente de drones estadounidenses de última generación a Marruecos) y le da a Estados Unidos una plataforma privilegiada para vigilar tanto la expansión del integrismo como el control del Estrecho. Para Trump, que ha arrancado a Marruecos la obligación de retomar las relaciones diplomáticas plenas con Israel, es una pieza más de su política —callada, pero esencial y que algún día será reconocida— de pacificación de Oriente Medio… y de ingresos por venta de armas, claro. Y cuando vendes armas, formas militares.

¿Y qué será lo siguiente?

—Ceuta y Melilla, sin dudas. Sin prisa, pero sin pausa, las dos ciudades españolas en el norte de África son bombas de relojería que algún día, sólo Rabat sabe cuándo, explotarán. Para entonces, España debería estar preparada según la doctrina del Estado Mayor del Ejército español en el siglo XIX: «A la guerra se va movilizando todos los recursos intelectuales de una nación». Insistimos: todos los recursos intelectuales.

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