El caos en Bogotá, Cali y Medellín, tres ciudades colombianas gestionadas por la izquierda

INSEGURIDAD, VANDALISMO, ATAQUES A LOS EMPRESARIOS...
Violenta protesta feminista en Bogotá. Reuters

Las tres ciudades más importantes de Colombia en términos económicos, población y extensión de su área metropolitana están hoy en manos de gobernantes de izquierda que acompañaron y acompañan a Gustavo Petro en su aspiración presidencial. Basta con hacer una búsqueda general en cualquier plataforma digital para evidenciar el estado de cosas en cada una de ellas.

Bogotá -distrito capital y el centro urbano más poblado de Colombia- es hoy tierra de nadie y la alcaldesa, Claudia López, sigue en una campaña de hacer llamados de atención, que llegó al absurdo de sugerir que para evitar el tráfico bogotano lo mejor era vender el auto. Hay pánico en las calles y hasta en los restaurantes más exclusivos ya han entrado delincuentes a robar, sin que las autoridades logren reaccionar. El más reciente atraco que tuvo cobertura en los medios de comunicación ocurrió en el restaurante Mesa Salvaje, en el exclusivo sector de Chapinero alto.

A esto hay que agregar la falta de orden público y firmeza en la acción policial y administrativa. Desde los colados en Transmilenio hasta la famosa toma del portal Américas por vándalos, el gobierno distrital parece haber perdido el control y ni siquiera su invitación para contar con asistencia militar por parte de las fuerzas armadas ha sido suficiente. De hecho, el ministerio de Defensa ha tenido que tomar cartas en el asunto contra las posiciones oficiales de la alcaldía, pues tiene un mandato constitucional propio de una república unitaria y centralista como es Colombia. El descontento es evidente y la imagen de la jefe de gobierno está en mínimos históricos, al igual que el apoyo a su gestión.

Cali, la otrora ciudad cívica de Colombia, ha tenido que sufrir las consecuencias de las desacertadas decisiones de un alcalde que ha decidido enfrentarse a través de los micrófonos a todo aquél que lo cuestiona, yendo en contravía de recomendaciones básicas en momentos en que la pandemia del COVID19 está en un nuevo pico. Contra toda oposición, contra todo argumento técnico y policial, por ejemplo, el alcalde permitió la realización de la verbena popular en el oriente de Cali el primer día del año, evento que terminó en gresca callejera. Para el alcalde Jorge Iván Ospina, lo acontecido no es nada fuera de lo normal y fue apenas una leve alteración del orden público. 

Ha llegado al extremo de respaldar a los jóvenes que se declaran parte de la “resistencia” y de la “primera línea”, generando para ellos, desde el gobierno municipal, empleos y contratos. No en vano, varios concejales y dirigentes de la ciudad han pedido que las oportunidades que se generen y las políticas sociales sean para todos, y no solo para quienes han optado por promover actos violentos que afectan gravemente el desarrollo de la ciudad de Cali. Para el alcalde Ospina, todo acto vandálico, toda agresión a la sociedad por parte de unos pocos, solo es reflejo de la falta de políticas públicas y programas sociales.

En Medellín, la sociedad reaccionó y recolectó suficientes firmas para iniciar el proceso de revocatoria del mandato del alcalde, que ha hecho hasta lo imposible por frenar esa posibilidad, presentando en los últimos días acciones de tutela para evitar tener que ir a las urnas a refrendar su mandato. Ha llamado «mafiosos» a los más reconocidos empresarios y se presenta como el salvador de una ciudad que era gobernada por unos pocos, olvidando que la capital antioqueña ha sido ejemplo a seguir a nivel mundial, precisamente por temas de gobernanza, sostenibilidad, relación empresa-estado-sociedad e innovación.

El presidente Iván Duque tuvo que salir a pedir no caer en el matoneo contra los empresarios, pues estos son el pilar de la economía y la sociedad colombiana, desatando la ira del mandatario local, Daniel Quintero, quien le recordó al jefe del Estado que no se debe meter en asuntos locales, así como él tampoco se mete en asuntos de orden nacional o a opinar sobre sus resultados.

Lo cierto es que las tres ciudades capitales más importantes de Colombia son ejemplo de lo que puede pasar cuando la izquierda gobierna sin freno y soportado únicamente en la ideología.

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