El corrupto Lula reclama que se anulen las causas que la justicia le imputa

ARREMETE CONTRA BOLSONARO

El expresidente de Brasil, Lula Da Silva, condenado y con varios procesos por corrupción, lavado de dinero y tráfico de influencias vinculadas a la operación Lava Jato, exige que se anulen las causas en las que se le imputan.

En un ejercicio de soberbia afirma que “no guarda rencor, lo que tengo es sed de justicia”. Y no se queda ahí, también ataca frontalmente a todos los gobernantes que no piensen como él. Para Lula los políticos contrarios al Foro de Sao Paulo están equivocados siempre y son el enemigo, pero se pilla los dedos cuando, a la afirmación de los periodistas de que las arengas de Trump funcionan, declara que “En política, cuando uno no tiene nada bueno que presentar, presenta a un enemigo”, justo lo que el brasileño se dedica a hacer durante toda la entrevista concedida a El País.

Afirma que la masa de trabajadores de su país ha bajado, pero según él, es porque se ha engañado a muchos haciéndoles creer que con sus pequeños negocios son emprendedores. Intenta asustar a los autónomos diciendo que cuando tengan un problema se van a ver abocados a la miseria y serán rechazados por  su gobierno olvidando que son los pequeños empresarios los que crean la riqueza de base.

Todo su discurso queda en evidencia cuando asevera que hay que “recolocar el discurso del movimiento sindical” para volver a atraer a los trabajadores. Llega a decir que “Hace falta crear una narrativa para convencer a la sociedad”. Con estas afirmaciones el exdirigente corrupto brasileño usa el discurso del miedo para intentar legitimar toda su política.

Reconoce que Bolsonaro ha conseguido sacar a la calle a un 25-30% de gente que no votaba o se abstenía, lo cual, en realidad, no hace más que reflejar el fracaso del comunismo en Brasil. Es un porcentaje altísimo de gente que no votaba seguramente por no encontrar un proyecto ilusionante en uno de los países más azotados por la miseria. No quiere admitir la confianza que el pueblo ha otorgado al actual presidente y se regodea en los supuestos resultados que él sacó y que en realidad corresponden a propaganda del partido y no a datos reales.

Durante toda la conversación no deja de glosar los gobiernos de sus socios en el Foro de Sao Paulo, desde el boliviano Evo Morales a Nicolás Maduro. No solo defiende sus gestiones, las cuales se ha demostrado que han sido catastróficas, sino que también declara que la democracia en Venezuela es “plena” y se atreve a compararla con la de EEUU, de la que afirma que, con Trump en el poder, no puede ser una democracia real. Da Silva se retrata cuando reconoce que con Juan Guaidó no ha hablado y vaticina que, si el presidente encargado toma el poder, no habrá libertad en Venezuela.

Tampoco deja en buen lugar a la OEA de la que dice que elabora informes mentirosos sobre el régimen chavista en Venezuela o las elecciones en Bolivia. Reniega de esta organización, pero sin embargo, requiere que la UE envíe observadores imparciales.

Acaba afirmando que Bolsonaro y su ministro de Economía están sumiendo a Brasil en el caos y que no habrá un gobierno para los trabajadores si no son ellos los que toman el poder. Olvida Lula que justo antes de la pandemia Brasil obtuvo los mejores datos de empleo en décadas. Ya días atrás, Lula da Silva llegó a afirmar que está dispuesto a apoyar a cualquiera que pueda vencer al actual presidente en las elecciones de 2022. ¿Tiene miedo de que su partido solo no pueda con Alianza por Brasil?

Por otro lado, alardea de haber sacado a muchos brasileños de la pobreza y con arrogancia consideró que no tenía que pedir perdón por las fechorías cometidas por su partido.

En resumen, Luis Inázio Lula da Silva, como todos los líderes bolivarianos, intenta crear un discurso del miedo en el que prime la creencia de que la única solución a todos los problemas son ellos.

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