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UN LAPSUS REVELADOR

El jefe de los demócratas en la Cámara de Representantes cita a Hugo Chávez como inspirador de su nueva ley electoral

Hakeem Jeffries, miembro demócrata en la Cámara de Representantes. Reuters

De acuerdo, fue solo un lapsus. Pero no pudo ser más revelador. Como ha dicho el senador republicano Tom Cotton a raíz de la metedura de pata, los demócratas dicen la verdad cuando se equivocan.

Fue en una rueda de prensa convocada por el diputado demócrata por Nueva York Hakeem Jeffries, cabecilla de los miembros de su partido en la Cámara de Representantes, para defender el primer año de mandato de Joe Biden y, sobre todo, la ley electoral federal que quieren aprobar.

El asunto difícilmente puede ser más delicado. Las acusaciones de fraude en las elecciones presidenciales pasadas están todavía frescas, el propio Donald Trump dice a tiempo y a destiempo a quien le quiera oír que él fue realmente el candidato más votado y, lo que es más alarmante, la proporción de norteamericanos que sospechan que hubo juego sucio, en lugar de desvanecerse, aumenta, acercándose ya a la mitad de la población.

En los numerosos alegatos que se presentaron contra el resultado de las votaciones en los turbulentos primeros días se insistía, por una parte, en lo opaco que resultaba el procedimiento de conteo informatizado en algunos estados y, por otro, en las abiertas posibilidades de fraude en el voto no presencial que daban las caóticas normas estaduales.

Así que los demócratas quieren ahora imponer a todo el país una misma legislación electoral, lo que está muy bien, pero reforzando precisamente las condiciones que hacen de la normativa casi una incitación al fraude, lo que está muy mal. Tal como lo ven los republicanos, la normativa propuesta viene a consagrar todos los mecanismos que facilitan el fraude.

La ley se ha presentado para ser debatida en el Congreso, y los demócratas reaccionan a la oposición republicana, que denuncian la falta de controles para garantizar la legitimidad del voto, con la acusación de moda: “racista”. Pretender que se imponga algún modo de asegurarse de que quien vota es quien dice ser es, por supuesto, una añagaza para negarle el voto a los negros.

Así que, en la rueda de prensa, Jeffries vistió la iniciativa legislativa demócrata en el sacrosanto ropaje de la lucha por los derechos civiles, y citó como inspiradores de la propuesta a todas las figuras de devoción del santoral norteamericano, como Rosa Parks o Martin Luther King. Pero acabó con un curioso «nos inspiramos en Hugo Chávez».

La idea de que un partido mayoritario norteamericano se inspire para cualquier cosa en el ‘Gorila Rojo’ de Venezuela, de nefasta memoria, es demasiado absurda, al menos abiertamente, incluso en plena deriva del espectro político hacia la izquierda radical en Estados Unidos.

Y, no, de hecho no es probable que Jeffries quisiera referirse al tirano que al final citó, sino a otro Chávez, César, líder campesino y activista de los derechos civiles estadounidense, fundador del sindicato Unión de Campesinos. Bueno, no hay que tenérselo muy en cuenta: todo el mundo sabe que los hispanos somos intercambiables, y quien nos ha visto a uno ha visto a todos.

El hombre rectificó a tiempo, pero lo más ‘gracioso’ del lapsus es que precisamente el régimen bolivariano fue protagonista circunstancial en las acusaciones de fraude presentadas contra los demócratas en las presidenciales, ya que se alegaba que la manipulación de las máquinas de recuento automatizado de votos replicaba el sistema que había empleado el propio Chávez (Hugo, no César) en sus últimas victorias electorales.

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