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El ministro del Interior alemán advierte del peligro del ‘efecto llamada’ con los refugiados

A TRES SEMANAS DE LAS ELECCIONES
El ministro de Interior alemán, Horst Seehofer. Europa Press

¿Quién quiere que se repita lo del verano de 2015? No los alemanes, desde luego. En ese tiempo no tan lejano, la canciller Angela Merkel se puso tierna e invitó a todos los refugiados que huían de la guerra en Siria a instalarse en su país, lo que le valió el apodo de ‘Madrecita (Mutti) Angela’. Naturalmente, cuando la cifra superó holgadamente el millón y los sirios que de verdad escapan empezaron a representar una exigua minoría, la democristiana se dio cuenta del disparate y moderó sus instintos compasión telescópica.

Nadie quiere volver a vivir aquello, y por eso esta vez hay que gestionar con prudencia una nueva crisis, la de la retirada norteamericana de Afganistán y la toma del control por parte de los talibanes, que podría dejar aquella pasada como un picnic.

Lo ha advertido el ministro de Interior alemán, Horst Seehofer, quien ha declarado en esta ocasión que transmitir urbi et orbi que las fronteras vuelven a estar abiertas de par en par actuaría como un incentivo para que llegaran legiones de inmigrantes a las costas europeas. Parece una tontería, pero esto de que un político europeo fuera del Grupo de Visegrado hable de incentivos y mensajes en lo relativo a la inmigración es casi un milagro. “No creo sensato hablar de números aquí, porque los números desencadenan evidentemente un efecto llamada, y no queremos eso”, ha declarado Seehofer.

No, no lo queremos, no esta vez. Aunque los británicos han caído, precisamente, en la trampa de vocear números: unos veinte mil afganos está Londres dispuesto a acoger, a pesar de que cada día siguen llegando embarcaciones a las costas británicas. Apúntenlo como inconveniente del ‘Brexit’, porque la Unión Europea parece haber hecho un prudente pacto de silencio en cuanto a los detalles.

Mutti Merkel sí se ha atrevido con las cifras, aunque usando una horquilla muy holgada -entre 10.000 y 40.000-, especificando, eso sí, que tendrán que tener parientes en Alemania o haber colaborado con el ejército u organizaciones de ayuda alemanas en Afganistán.

En cualquier caso, Seehofer, que no es la primera vez que se enfrenta a su jefa a costa de la inmigración masiva, es muy consciente de que Alemania es el destino favorito de los afganos después de Estados Unidos, y la razón tiene poco que ver con afinidades culturales: Alemania es la primera potencia económica europea, tiene un envidiable Estado del Bienestar y una política de apaciguamiento con las minorías de origen remoto, muy especialmente con las musulmanas, todo lo cual la convierte en el imán de buena parte de los ‘refugiados’.

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